Opinión

  • | 2015/08/17 05:00

    El Oligopolio del dólar

    Nuestro régimen legal puede incidir en que el mercado de operaciones cambiarias involucre un oligopolio donde el precio del dólar pueda ser fijado por un grupo limitado de actores y no haya en la práctica alternativas de negociación de tasas para quienes realizan tales operaciones.

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Empecemos por anotar de manera muy general que el régimen actual permite la posesión de divisas y titularidad de cuentas bancarias en el exterior sin limitaciones diferentes a la expresa prohibición de que entre residentes se efectúen operaciones en divisas, con ciertas excepciones.

El régimen crea además un mercado cambiario conformado por las divisas derivadas de operaciones que se canalizan a través de ciertos intermediarios denominados precisamente intermediarios del mercado cambiario (IMC), calidad que ostentan los bancos y comisionistas de bolsa, entre otros. A través de los IMC se realizan (a) obligatoriamente, las operaciones de inversión extranjera, endeudamiento externo, importaciones y exportaciones, inversiones financieras, operaciones de derivados y de otorgamiento de avales o garantías; y (b) voluntariamente, otras operaciones como los giros al exterior por servicios, traslados a cuenta propias del exterior, entre otras.

El mercado cambiario no es actualmente regulado en cuanto a precios o cantidades que condicionen la oferta y la demanda de divisas. Desde esta perspectiva, hay libertad para la negociación de divisas dentro de dicho mercado.

No obstante, la existencia de un grupo reducido de IMC con la bendición estatal para ser los únicos que compran y venden divisas en el mercado cambiario, exige un mínimo análisis de cómo podría afectar la libre competencia en dicho mercado, es decir, en palabras simples, que el hecho de que haya pocos competidores, pueda  impedir que haya realmente alternativas para realizar operaciones de cambio en mejores condiciones de tasa.

Partamos por precisar que la existencia de los IMC podría considerarse un oligopolio en la medida que limita los actores en dicho mercado, pero se deriva de normas legales de intervención del Estado en la economía y es razonable en la medida que es natural que entidades vigiladas por el Estado, sujetas a la aplicación de medidas de prevención de lavado de activos (SARLAFT) y con los recursos e infraestructura suficientes para tramitar y reportar tales operaciones, sean las que medien en ellas.

De otro lado, un oligopolio en sí no comporta restricción a la competencia, salvo cuando existan conductas dirigidas al efecto de sus competidores, como acuerdos de precios o repartición del mercado.

La práctica corriente, sin embargo, demuestra que si usted necesita efectuar un giro, no tiene opción diferente a comprar las divisas al banco donde tiene el dinero para comprarlas. Lo mismo ocurre cuando recibe un giro, pues no tiene a donde mas negociarlo que con el banco a dónde le llegó.

Ello implica que usted no tiene más opción que aceptar la tasa sugerida por su banco, no impuesta por supuesto, pues no hay quien más acudir para negociar otra tasa. Así, no existen en la realidad sustitutos para sus operaciones de cambio diferentes a su banco.

Dicha realidad no le toca a todo el mundo. Si usted tiene cuentas en varios bancos y en todas ellas tiene recursos suficientes para comprar las divisas que necesita, puede recibir cotizaciones de todos ellos y escoger la que más le convenga. De otro lado, si usted tiene información sobre la cotización en tiempo real del dólar, puede tener alguna capacidad de negociación mejor que quien no tiene la información.

Todo ello solo lleva a concluir que quien carece de recursos es quien menos tiene sustitutos y capacidad de negociación.

Si bien puede tratarse más de una deformidad del sistema que de una conducta de los IMC, sería interesante conocer la opinión de los reguladores sobre la posibilidad de que los giros se puedan negociar con cualquier IMC y la colocación de los recursos en pesos se hagan entre ellos sin mayores costos o procedimientos para el residente, por ejemplo excluyendo tales movimientos del GMF, popularmente conocido como 4 por mil.

Si bien es claro que todos los IMC deben cumplir con el SARLAFT, lo correcto será que la negociación quede sujeta a que el cliente cumpla con los procedimientos del caso con quien haga la operación, lo cual no es extraño en la medida que hoy luego de la negociación deben en todo caso presentarse los soportes y formularios de cambio correspondientes.

Dejemos claro que es realmente difícil de predecir cuál sería el efecto en el precio del dólar por una modificación en tal sentido, pero se trata de corregir una deformidad del sistema y nadie debería molestarse por poner en realidad a competir a los IMC por ofrecer mejores tasas. 
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