Opinión

  • | 2015/08/03 05:00

    Transicionante InCesante

    Hace unos días atendí una charla que dio una profesora de filosofía sobre los círculos viciosos y virtuosos que genera el sentirse “vulnerable”. La charla empezó con “¿Qué siente cuando se encuentra en una situación donde es vulnerable?”.

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Inmediatamente recordé una caminata que hice hace un par de años. Mientras mi guía saludaba a algunos amigos, yo me aparté para explorar un Cañón. No me di cuenta en qué momento terminé rodeada de perros poco domésticos que me pelaban el diente. Empezaron a ladrar y a acercarse. Yo me quedé totalmente quieta, tomando el aire absolutamente necesario y exhalándolo despacito…muy despacito… ¡Se me hiela la sangre sólo de acordarme! Cuando, ¡zas!, como de la nada apareció mi compañero de caminata con un cargamento de piedras que empezó a lanzar hasta que los animales se dispersaron.

Esta experiencia y la charla me hicieron reflexionar sobre lo que sentimos y podemos hacer cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas donde hay muchas variables que no contralamos y en las que, por lo tanto, nos sentimos, si señoras y señores, profundamente vulnerables.

Hoy voy a tomar una de dichas situaciones: las transiciones laborales.

Cambiamos de ocupación porque nos mudamos de ciudad, porque recibimos mejores ofertas, porque se nos ocurre una idea de negocio con la que vamos a revolucionar el mundo, porque queremos pasar más tiempo en familia, porque sentimos que ya cumplimos nuestra labor en la organización, por una reestructuración, porque nuestra empresa quiebra…y a veces simplemente “porque si”.  

He estado en transiciones laborales motivadas por varias de éstas razones, incluyendo el “porque si”. Varios amigos y conocidos me recomendaron escribir un par de reflexiones sobre el tema. Aquí van. 

Lo primero es: tranquila, tranquilo. Todas (TODAS) las personas que trabajan (es decir, más de 20 millones en Colombia actualmente) han enfrentado o van enfrentar varios cambios de empleo a lo largo de su vida laboral. No tengo evidencia de Colombia, pero en marzo de este año la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos publicó los resultados de un estudio longitudinal realizado a personas que nacieron entre 1957 y 19641Estos baby boomers tuvieron en promedio 11,7 trabajos entre los 18 y los 48 años. Resultado de factores culturales y la relativa inflexibilidad del mercado laboral, es muy posible que en Colombia el número de trabajos que tiene una persona a lo largo de su vida laboral en promedio sea mucho menor que en Estados Unidos. Pero nunca será UNO.

Segundo, cambiar de empleo o, como le llaman ahora, realizar una transición laboral, es una oportunidad de mirar tanto “hacia afuera” como “hacia adentro”…o las dos al mismo tiempo.
 
Concentrémonos en el “hacia afuera”. Sacar la cabeza del roto y hablar con otras personas permite aprender y mucho. Esto facilita no sólo aclarar qué es lo que a uno le gustaría hacer (si uno está medio perdido o pedido y medio) sino que permite identificar oportunidades laborales al igual que potenciales proveedores, clientes, aliados u organizaciones que deben estar en el radar de cualquier negocio. Entre más fuera de su círculo estén las personas que contacta, pues mucho mejor—como lo ha demostrado el sociólogo Mark Granovetter y otros muchos después de él2.  Una pregunta clave es “y, ¿cómo conozco gente nueva?”. El tema del networking da para otro blog, entonces por ahora dejémoslo ahí.

Finalmente, recuerde que estar “cesante” no significa “querido o querida, que cesaste de existir”. Bueno, por lo menos no es una invitación a dejarlo de hacer. Es una ventana de tiempo para hacer lo que a uno más le gusta. Ninguna de las personas que he conocido que están transicionando o lo han hecho, me ha dicho (hasta ahora) que durante la transición hubiera deseado estar lejos (bien lejos) de las personas que más quiere, o verse todas las telenovelas que no se pudo ver en los últimos 23 años. Ni tampoco que quisiera ganarse una pancita cervecera ni aumentar dos tallas en la falda. ¡Claro que no! De hecho, conozco a alguien que en una transición laboral sacó tableta de chocolate y aparentemente unas pantorrillas notables. Cada cual con su gusto y necesidad.

Las transiciones laborales pueden ser terriblemente angustiantes. Ni la pensión del colegio o la universidad, ni la Empresa de Acueducto, ni el proveedor de telefonía móvil están muy interesados en estadísticas de cambios de empleo, la idea de negocio tan bestial que tiene, o la niña de recursos humanos con la que acabó de colgar. Ellos necesitan que les pague. Tampoco ayuda mucho el amigo o el familiar curioso que pregunta “mija, ¿ya conseguiste trabajo?”, o “mijo, ¿ese negocio ya despegó?”.

Pero cada uno de los que está en una transición que implique dejar algo, tiene la opción de ser InCesante y salir mejor de cómo entró. Puede recordarse sin pena que los cambios de empleo son normales (¡recuerde las estadísticas!) y todos lo hemos hecho por lo menos una vez. Que son oportunidades para aprender de sí mismo o misma, de otros y del entorno empresarial, económico y/o lo que más le interese, para hacer cosas que disfrutamos, y para abrirnos caminos para ser mucho más felices de lo que éramos antes. Y, como se dice en árabe, ¡yala!

1 - BLS. NUMBER OF JOBS HELD, LABOR MARKET ACTIVITY, AND EARNINGS GROWTH AMONG THE YOUNGEST BABY BOOMERS: RESULTS FROM A LONGITUDINAL SURVEY . Marzo 31 del 2015. http://www.bls.gov/news.release/pdf/nlsoy.pdf.

2 - Granovetter, Mark. The strength of week ties. En American Journal of Sociology, Vol 78, Issue 6, Mayo, 1360-1380. 
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