Opinión

  • | 2015/09/30 05:00

    Cómo dirigir su empresa familiar para que perdure su legado

    Mucho se ha hablado de las características de la empresa familiar, pero muy poco de cómo gestionar su legado y menos aún de cómo formalizarlas. Con base en estudios recientes, en Colombia más de 300.000 compañías son empresas informales que ni siquiera utilizan cuentas bancarias.

COMPARTIR

El interés de este nuevo especial que iniciamos hoy en Dinero, denominado Dirección y Legado es el de contribuir al fortalecimiento de alrededor de 1 millon de empresas existentes en el país, de las cuales  700.000 se encuentran formalizadas en las cámaras de comercio, de las cuales 7.000 son vigiladas por la Superintendencia de Sociedades y tan solo 150 son vigiladas por la Superfinanciera, al ser parte del registro nacional de valores (Datos entregados por el superintendente de sociedades Dr. Francisco Reyes en el encuentro de construcción conjunta realizado la semana pasada en Bogotá).

Estos números evidencian que en el país hay unas 300.000 empresas que están fuera del sistema económico porque fueron creadas por la necesidad de un padre o madre de familia de contar con un sustento económico familiar, sin ninguna intención de trascender en el tiempo, ni comprometer a los hijos para que den continuidad al negocio. Los fundadores de estas empresas, usualmente no desean que sus hijos repitan su historia, que por lo general está marcada por las dificultades de desarrollar un negocio a pulso, sin la ayuda de nadie y que opera por fuera del sistema, con lo cual no tienen registros contables y mucho menos una proyección futura. 

Voy a contarles una breve historia de este tipo de compañías. Hace algunos años tuve la oportunidad de ser el evaluador del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), ellos habían entregado recursos de microcrédito al Banco de la Mujer, y en ese proceso conocí el caso de una empresa familiar que compraba y vendía ropa usada, con las ganancias la madre logró el sustento de la familia y educar a sus hijos en las mejores universidades nacionales, incluso logró que sus hijos viajaran al exterior en repetidas ocasiones.

Su temor de formalizarse era que al empezar a pagar impuestos y demás cargos el negocio dejara de ser rentable, y si incrementaba los costos de su producto (la ropa usada) para poder pagar los impuestos éste dejara de ser interesante para el segmento de la población al que iba dirigido, gente de bajos recursos. Evidentemente los números no le daban y por tanto la formalización la llevaba a poder no continuar con ese negocio.

Cuando le preguntaba que si ella había sido feliz todos estos años con ese negocio, me decía que sí pero que no quería que sus hijos le dieran continuidad, que lo ideal para ella era que fueran profesionales, ingenieros, abogados y un médico que en el futuro pudiera velar por su salud, pero que a ninguno le deseaba ser empresario. En ese momento pensé que la vida es muy irónica porque en mi caso particular desearía todo lo contrario para mis hijos, que fueran empresarios y no ejecutivos. Como esta empresaria informal hay miles en el país que no se formalizan, no porque no quieran sino porque definitivamente en Colombia el sistema de impuestos es demasiado oneroso.

Por lo tanto, nuestro propósito también es el de inspirar a las familias a crear negocios formalizados, así mismo, hacerles un llamado a los reguladores para que creen planes flexibles para estas compañías, pues la informalidad no desarrolla a nadie es absolutamente nociva para el país. Si  logramos que estas empresas se formalicen, construyan un legado, generen más empresas, podemos tener un país más sólido en generación de empleo y oportunidades. Es lo único que nos puede sacar de la violencia.

No es posible hablar de políticas tributarias iguales para todo el mundo, muchos de nuestros impuestos son totalmente antitécnicos. Es diferente un empresario mediano o grande a un empresario que ni siquiera está dentro del sistema económico. Tenemos que ser amplios de mente, por ejemplo, los bancos deberían tener cero costo para las cuentas de este tipo de compañías, incluso subsidiadas por el gobierno, que podrían también  bajar sustancialmente el impuesto de renta, pagando cifras incluso más de carácter pedagógico, de manera que la gente se formalice, un país formalizado tiene mayores oportunidades de crecer y aprovechar sus recursos.

Es por esto que la temática a la que nos referiremos en las siguientes columnas es sobre el legado y la dirección, partimos del hecho que una empresa debe dejar un legado, es decir deja una propiedad, unos valores, una historia, un conocimiento, una reputación, lo que desarrolla no sólo a su propios dueños sino al país en general. Por otro lado, está la dirección de empresas, basada en los siguientes factores: el gobierno, la estratregia, la estructura y los sistemas de dirección (evaluación y compensación) todo enmarcado bajo una cultura que pone el gerente general con su estilo de dirección.

Si nuestras empresas por pequeñas que sean logran comprender estos dos factores, se abre la posibilidad de hacer perdurar estas empresas y hacer crecer otras más tan necesarias en este momento de la historia de nuestro país, debemos multiplicar por 4 ese millón de empresas como lo hace España, nuestro reto es enorme.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?