Opinión

  • | 2015/07/12 10:00

    El que innova, gana

    “La innovación no existe sin estrategia y la innovación por si sola no es sino una iniciativa frustrada”.

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Actualmente el entorno de los negocios sufre una evidente inestabilidad, y para ello, es necesario fortalecer características como la agilidad, flexibilidad y variabilidad dentro de las empresas, que surten su efecto en una cultura permeada por la innovación, donde se afronten con éxito las diferentes situaciones del entorno económico. Solo de esta manera, las empresas mantendrán su competitividad y seguirán siendo viables y relevantes.

La innovación es un elemento diferenciador que ayuda a construir una propuesta de valor competitiva, además de hacerla notable y sostenible en el tiempo. Cuando se cuenta con un ambiente innovador debe gestionarse de manera constante para darle vida y sustancia al quehacer de las tareas diarias dentro de las organizaciones. Establecerlo como “componente” fundamental en la estrategia, evitará que sea ignorado por los líderes en la ejecución de la estrategia.

La incertidumbre o la dudosa garantía de éxito es el camino rápido para eludir la innovación en la ejecución de la estrategia, sobre todo cuando se habla de metas o responsabilidades derivadas de la misma; pero si se le permitiera incidir en las decisiones complejas, en el rendimiento financiero, en la evolución de los mercados, etc., podría ser la “sombrilla” de la gestión en la transformación empresarial.

Cuando directivos y líderes defienden con audacia sus zonas de poder e influencia, difícilmente se crearán dinámicas de colaboración que generen ideas de valor para el negocio, que potencien la creatividad de las personas o que influyan en el descubrimiento de nuevas y mejores maneras de hacer las cosas para dinamizar los mercados. Recordemos, que los mercados se crean, a través de la generación de nuevos modelos de negocio, porque de esta manera, se llega a potenciales clientes, que no existían en el selecto y tradicional segmento que poseíamos.

Son las culturas organizacionales renuentes al cambio las que inhiben el desarrollo de ideas o iniciativas, subestimando así el talento humano como detonante para la transformación. En cambio, cuando se busca motivar una visión con significado, las personas se apasionan por lo que hacen y perciben que su productividad y potencial se multiplica con el aporte de sus nuevas ideas.

Gestionar la innovación empresarial requiere de trabajo conjunto y alineado a la estrategia, que motive la participación de personas realmente entusiasmadas por el significado de su trabajo, y así mismo motivadas a crear. Cuando se cuenta con líderes comprometidos que construyen ambientes de trabajo de alto desempeño, y que a pesar de manejar cierto grado de incertidumbre, potencian y visualizan el futuro de las empresas, se logra dinamizar y mejorar los portafolios de productos y servicios.

Lo que es cierto, es que la construcción de una cultura innovadora, asume por definición, que todos los empleados comparten, en mayor o menor grado, su responsabilidad en el logro del objetivo de visionar, diseñar e implantar, nuevas prácticas, procesos, premisas y enfoques, que permitan hacer las cosas de un modo diferente, alcanzando mejores y más satisfactorios resultados.

A partir de este y los siguientes artículos iré describiendo el proceso que modula la innovación y los retos que se plantean si se quiere lograr una verdadera transformación cultural. Revisando así temas como: las capacidades de experimentación, el portafolio realista de proyectos de innovación, los elementos con relación al mercado, negocios y tecnología en modelos de negocio atractivos, redes externas para capitalizar resultados, entre otros.

“El innovador tiene como enemigos a todos aquellos que lo han hecho bien durante la situación anterior, y como tibios defensores a aquellos que pueden hacerlo bien bajo la nueva” Nicolás Maquiavelo.
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