Opinión

  • | 2015/09/15 05:00

    Buenas prácticas de continuidad en las dinastías familiares - parte 3

    El buen gobierno en las empresas familiares es uno de los aspectos más importantes para la continuidad, en especial en familias con niveles de complejidad mediana y alta.

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Desde hace algunas décadas atrás venimos estudiando e impulsando los asuntos de Gobierno Corporativo (en mi caso, más enfocados en empresas de familiares),  temas  que están siendo impulsado por la CAF y otros organismos multilaterales como la OCDE y el BID entre otros. En Colombia el tema en su momento fue abordado por las Cámaras de Comercio, convirtiéndose en un tema abanderado por Confecámaras, en la que han desarrollado manuales de buenas prácticas y otras publicaciones de interés.

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El tema ha sido abordado más tímidamente por la academia y por algunos consultores que están tratando de difundir y generar conciencia de la importancia de estos asuntos. Desde hace varios años he participado en eventos, seminarios, programas y conferencias sobre este tópico específicamente, así como también asesorado a varias empresas familiares en estos asuntos; sin embargo hace un par de semanas, me encontraba en Norteamérica, donde tuve oportunidad de abordar  estos temas con una pequeña compañía, internacional, asesora de  Juntas Directivas. Las diferentes metodologías y buenas prácticas que hoy en día son referencia, con enfoque pedagógico, simple y pragmático, en el cómo se deben llevar eficientemente y cómo debemos avanzar de forma innovadora en los procesos de asesoría y consultoría que se pueden encontrar en materia de Gobierno Corporativo.

Es sorprendente que estos enfoques novedosos en asesoría en Gobierno Corporativo, se denominen hoy en día arquitectos de buenas Juntas Directivas, para que estas logren el mejor impacto estratégico en la empresa. Otro elemento que llama la atención son las novedosas  metodologías de evaluación, como son las de cada  reunión de Junta Directiva y de los encuentros de los ejecutivos de la empresa con los Directores de Junta entre cada reunión de Junta, así como la  evaluación de la Junta Directiva como equipo de alto impacto, la evaluación de cada miembro de Junta en el proceso de preparar la siguiente reunión de Junta, evaluación del rol de cada uno de los miembros de la Junta,  lo que más me asombra y quiero transmitirles, es la evaluación cualitativa y cuantitativa del impacto que la Junta Directiva debe tener en la empresa. Por un lado me parecen sistemas muchos más sofisticados a los cotidianos y que nadie aplica “por ahora en estas latitudes”, pero a la vez, con la simplicidad de los sistemas de evaluación y los indicadores que de alguna manera ellos han patentado en el mundo global de la consultoría para Juntas Directivas. Claramente se logra medir el impacto estratégico que la Junta esta teniendo en la organización en una escala numérica muy objetiva.

Saber diseñar la Junta adecuada para la empresa en cuestión, teniendo en consideración lo que necesita la organización para enfrentar los retos en los años venideros (el diseño adecuado de la Junta es fundamental), la escogencia y consecución de los profesionales ideales según lo requerido, es parte de la tarea a realizar, ensamblando en la medida de lo posible la combinación de perfiles en diferentes disciplinas, pero también las evaluaciones de cuál sería la combinación óptima de personalidades que generarían el mejor equipo colaborativo de trabajo para lograr ese mayor impacto en la compañía.

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Si bien las compañías que cotizan en los mercados financieros o las empresas de estructura legal S.A., están obligadas a tener Juntas Directivas y cumplir con varios aspectos regulatorios, como es el de incorporar un código de buenas prácticas de Gobierno Corporativo, temas que de seguro se ocupan en parte los asesores actuales que se encuentran en el país. Por otra parte contar con un grupo de asesores legales ideales para cuidar el cumplimiento de las normas,  diferente a el mismo asesor en temas de Gobierno Corporativo, para lograr ese mayor impacto en la organización, y donde objetivamente se pueda definir y evaluar la Junta Directiva, como un activo que genera valor agregado o por el contrario, como un pasivo que lo que está logrando es permitir o destruir el patrimonio de la empresa.

Los empresarios tenemos que aprender a sacarle el mejor provecho a una buena Junta Directiva, como parte del conocimiento y de una cultura  de buenas prácticas que debemos traspasar responsablemente  a las siguientes generaciones. 
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