Opinión

  • | 2015/10/08 05:00

    El CEO y las 7 barreras que impiden una gestión efectiva. Parte II

    Conozca cuáles son las barreras más comunes que debe vencer un CEO para una gestión más efectiva

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En la columna anterior describimos las primeras tres barreras. Hoy presentaremos las cuatro restantes y un propósito para lograr el objetivo del mejoramiento profesional como directivo.

Barrera No. 4: No desarrollarse a sí mismo

Un buen CEO debe dedicar mucho tiempo a la tarea de su propio mejoramiento personal y profesional, que significa enfocar sus esfuerzos y energías a aprender a dirigir, lo cual se logra a partir del acto mismo de la dirección. Este tipo especial de aprendizaje exige estudio, lectura y una actividad permanente de reflexión sobre sus interacciones y decisiones. Es decir, un CEO efectivo debe ser capaz de equilibrar su tiempo y energía para dedicar lo necesario a la reflexión sobre lo que está haciendo bien, mal y lo que podría mejorar.

Una de las mayores debilidades de los CEOs es su exceso de activismo y la gran cantidad de energía que desperdicia en el día a día. Nuestra experiencia directiva y de consultoría en INALDE nos muestra que un CEO que delega es capaz de ser más reflexivo, estratégico y, sobre todo, capaz de ver la realidad de su empresa y organización desde “el balcón”, es decir, una perspectiva más amplia.

Asimismo, a medida que un CEO asciende en autoridad y posición en la organización se encuentra con que pierde la posibilidad de recibir buen feedback de los colaboradores y, por el contrario, recibe adulación y lisonjeo que le impiden tener un conocimiento adecuado de la realidad de la empresa y de las debilidades propias de las decisiones que toma.

Una buena manera de superar esta barrera es mediante el estudio, las reuniones de capacitación fuera de la oficina, acudir a un buen coaching externo que lo apoye en su proceso de desarrollo como directivo y, fundamentalmente, en el ejercicio diario de reflexión sobre su propio liderazgo que se concreta en evaluarse sobre las reuniones que dirige, las comunicaciones que realiza y la manera como interactúa con sus colaboradores.

Barrera No. 5: Tener una visión estrecha y reducida de la empresa y la organización

Esta barrera consiste en gobernar la empresa –únicamente- a partir de los resultados financieros trimestrales, es decir, estar enfocado en el corto plazo de la empresa. Un buen CEO debe procurar dirigir la empresa con una mirada de largo plazo que asegure la continuidad para las generaciones futuras. Para ello debe enfocarse en los factores que aseguren el éxito como el desarrollo de las personas, la generación de confianza e integridad y la realización de proyectos visionarios de largo plazo, así el CEO no vea los resultados en su periodo de gobierno.

De igual forma, muchos CEOs pecan por tener una visión muy funcional de la organización; les cuesta mucho desprenderse de su anterior cargo o función, bien sea como vicepresidente de finanzas o de marketing y, como consecuencia, quieren interpretar los retos y solucionar los problemas de la empresa desde una perspectiva muy funcional, cuando en realidad el mayor activo de cualquier CEO experimentado es su mirada generalista e integradora de las funciones y áreas de la empresa como un todo.

Asimismo, la visión estrecha se percibe cuando el CEO actúa como un agente de los accionistas y abandona la tarea de velar por los intereses de toda la empresa y maltratar los de los empleados, proveedores y clientes, quienes son los que garantizan el éxito o fracaso de la empresa. Por esta razón, un CEO debe equilibrar intereses, ser conciliador y, en ocasiones, impedir que los intereses de corto plazo de accionistas e inversionistas especuladores prevalezcan por encima del interés general.

Barrera No. 6: No aprender de la experiencia

Aristóteles decía que quienes debían gobernar una sociedad eran las personas con experiencia. Muchos directivos con el ímpetu que otorga un MBA creen que los conocimientos bastan a la hora de tomar decisiones y la realidad demuestra que no es así. Las buenas decisiones precisan del criterio, el juicio y la evaluación de las circunstancias de cada momento. Los pensadores clásicos denominaron a estas condiciones la prudencia política.

La prudencia se alimenta de la reflexión, la discusión y el consejo. Una persona prudente asimila las palabras de Aldous Huxley quien decía que la experiencia no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa: la experiencia no viene solo con los años sino con los aprendizajes que se derivan de los mismos. El directivo debe aprender de sus fracasos y errores para convertirlos en una fuente de aprendizaje para la organización. John Browne, el CEO de BP, en los años noventa decía que si alguien iba a hacer algo una vez debía cerciorarse de hacerlo mejor que la primera vez.


Barrera No. 7: Buscar el reconocimiento

Muchos de los CEO’s hacen tránsito de líderes de sus organizaciones a celebridades sociales; así pierden de vista que sus logros se deben a su equipo y no solamente a sus condiciones personales. Olvidan su rol interno en la organización y se enfocan en lo externo. Muchas veces, la vanidad los lleva a pensar en el nuevo salto a otra compañía y su carrera se convierte en un juego de escalera, lo cual impide desarrollar procesos consistentes de largo plazo. En este punto, un buen CEO es aquel que entiende su organización como una misión que genera bienestar para él, para muchas familias y en términos generales para la sociedad.

En conclusión, un CEO efectivo es el capaz de vencer las barreras cuando comprende que en el acto de dirigir debe prevalecer la humildad, el sentido común y, sobre todo, el respeto por las personas. Un buen propósito para mejorar nuestra tarea directiva consiste en evaluar los momentos que tenemos con nuestros colaboradores en reuniones y comités y preguntarnos: ¿qué hicimos bien?, ¿qué hicimos mal? y ¿qué podemos mejorar?
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