Opinión

  • | 2015/08/28 05:00

    Capitalismo, ¿hay alternativa?

    The Economist ha elaborado un interesante artículo en el que se pregunta si hay alternativa real al capitalismo, ya que carece de grandes defensores en estos días mientras hay protestas en su contra. Muchos de sus críticos, como Occupy Wall Street, cuestionan el comercio mundial por generar explotación y obsesión por el dinero.

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Las preocupaciones por el impacto de la desigualdad en la cohesión social exigen dar urgencia a cuestiones morales sobre los mercados. Pero, como John Plender señala en su nuevo libro "Capitalismo", los descontentos acerca de sus efectos son tan antiguos como el más poderoso -ismo del mundo en sí mismo. La búsqueda del beneficio ha sido "sin amor" según Sócrates, cuando manifestó que "cuanto más piensan las personas en hacer fortuna, menos piensan en lo correcto". El sentimiento antinegocio caracteriza la fiesta de Trimalción en "Satiricón" de Petronio, y persiste desde "El avaro" de Molière en el siglo XVII a los retratos de Charles Dickens de jefes terribles del siglo XIX, y la encarnación moderna de la codicia en la pantalla: Gordon Gekko en "Wall Street".

Plender es columnista del Financial Times y ha escrito incisivamente durante décadas sobre las emociones, rarezas y desastres de los mercados financieros. Si los mercados libres emergen como dinámicos, su pretensión de ser racional es sospechosa de hecho. Pero Plender es suficientemente sabio para darse cuenta de que con todos sus defectos, el capitalismo ha elevado el nivel de vida de millones de personas desde el siglo XVIII y ha mejorado su esperanza de vida.

Las rápidas mejoras en las tasas de crecimiento de China e India en las últimas décadas cuando se dirigían (aunque no del todo) en un sentido capitalista son otros signos de vitalidad del sistema, como lo es el contraste entre la capitalista Corea del Sur y el Norte comunista.

El resurgimiento de la retórica anticapitalista se debe en gran parte a la crisis financiera de 2008 y sus secuelas. La crisis no era más que el último ejemplo de la estabilidad inherente del capitalismo, un proceso que, al tiempo que permite que la economía se beneficie de "destrucción creativa", causa mucho daño colateral por el camino. El verdadero problema es que el capitalismo se ha asociado con las altas finanzas, en lugar de con el espíritu empresarial de Thomas Edison, cuyas invenciones todavía nos rodean.

No se trata sólo de que pocas personas puedan ver los beneficios de productos financieros complejos como los Credit Default Swaps (CDS). Y añade que "los banqueros han hecho todo lo posible para dar al capitalismo un mal nombre. La escala extraordinaria en la que los grandes bancos han manipulado las tasas de interés y los mercados de divisas y estafado a sus clientes va más allá de lo comprensible".

Plender teme que otra gran crisis financiera es inevitable: los bancos internacionales son más grandes y están más interconectados que nunca. Pero también piensa que el mundo saldrá adelante, el capitalismo se adaptará como lo ha hecho tantas veces en el pasado. El capitalismo no es perfecto, pero es mejor que otros sistemas. La clave es dotarlo de humanidad. En palabras de Churchill sobre la democracia: "el capitalismo es la peor forma de gestión económica, con excepción de todas aquellas otras formas que han sido probadas de vez en cuando", relata The Economist.
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