Opinión

  • | 2015/09/16 05:00

    Riesgos y oportunidades en los mercados financieros

    A propósito de la alta volatilidad observada en los mercados financieros desde agosto, vale la pena abordar uno de los grandes mitos que existe a la hora de invertir. En muchas ocasiones la razón para evitar invertir en activos financieros es su volatilidad, es decir el rápido movimiento de los precios en cortos periodos de tiempo.

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En el caso colombiano la principal razón que hace evidente la variación de lo precios de los activos financieros es la obligatoriedad que por regulación tienen las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera de valorar diariamente a precios de mercado toda inversión en este tipo de instrumentos (acciones, CDT, TES, bonos, etc.). Esta medida busca proteger  los inversionistas, es decir al ahorro del público, al permitirles conocer todos los días el valor de mercado de sus inversiones; de manera que pueden saber, con un alto grado de precisión, cuánto dinero en efectivo podrían obtener si, por alguna razón, debierán vender todos sus activos financieros en un día cualquiera.

Sin embargo, la realidad en la mayoría de los casos dista bastante de esa necesidad de tener que convertir a dinero en efectivo los recursos invertidos, por lo cual la valoración diaria a precios de mercado se torna como un medida meramente informativa. No obstante, el divorcio entre contabilidad y realidad financiera se magnifica cuando los precios de los activos financieros cambian considerablemente de forma acelerada (volatilidad). Para la contabilidad el único reflejo de la inversión en activos financieros es la información observada en los precios de los activos, mientras que la realidad financiera de los inversionistas pasa por su flujo de caja propio, así como por los riesgos asumidos al inveritr y que no necesariamente están involucrados en los precios.

En efecto, existen otros riesgos que no son capturados rápidamente por el comportmiento de los precios de los activos, lo cual impide o hace que el propósito de la valoración a precios de mercado sea insuficiente para proteger a los inversionistas del riesgo de generar resultados adversos en sus portafolios. El riesgo de crédito, el riesgo de liquidez, el riesgo de reinversión son apenas tres tipos de riesgo que difícilmente los inversionistas logran identificar y, por lo tanto, tienden a no preocuparse demasiado por los mismos.

Los casos de Factor Group, DMG, Stanford Financial Group, Bernard Madoff y Fit Forex Investment Team son apenas una muestra reciente de lo cotidiano que puede llegar a ser el riesgo de crédito y que jamás es medido por la contabilidad tradicional. La alta rentabilidad ofrecida en estos casos fue el denominador común y el riesgo consistía en la baja probabilidad de recibir oportunamente los pagos asociados a dichas inversiones. Al respecto se podría aplicar la máxima que dice “de eso tan bueno no dan tanto”.

Por otra parte, el riesgo de liquidez corresponde a la probabilidad de convertir en dinero en efectivo rápidamente, y en condiciones de mercado, una inversión. Invertir en un inmueble, una factura, una obra de arte, un cultivo de caucho y en otros activos cuya formación de precios es esporádica dado esencialmente la escasa posibilidad de estandarizarlos, evitan que se pueda observar la volatilidad en sus precios y, por supuesto, que tengan una adecuada valoración a precios de mercado. Pero en eventos críticos son activos difíciles de vender y, en consecuencia, el castigo sobre los precios en esos momentos es considerable. En contraste, este riesgo es bajo con activos estandarizados cuya generación de precios es recurrente y que cuentan con mercados de muchos participantes que es el caso de muchos activos financieros.

Finalmente, el riesgo de reinversión se refiere a la capacidad de los inversionistas de largo plazo de reinvertir continuamente el dinero recibido ya sea por la naturaleza de ingresos percibidos por las mismas inversiones (intereses y dividendos) o por la generación de excedentes de actividades no financieras. Esencialmente, el riesgo consiste en encontrar menores rentabilidades esperadas al momento de reinvertir con respecto a las de las inversiones previas. Imaginémos el caso de una persona natural que tiene como alternativa invertir continuamente en CDTs a 90 días o invertir en bonos de deuda pública (TES) a cinco años: En el primer caso con una tasa promedio entre 4% y 4,5% anual, la inversión se le duplica entre 15 y 18 años, mientras que en el segundo caso con una tasa promedio entre 7% y 7,5%, la inversión se duplica en 10 años, con bajo riesgo de crédito y de liquidez.

En conclusión, invertir no se trata de no tomar riesgos sino de conocerlos y saber administralos, pero la falacia de que la volatilidad es el único y máximo riesgo es precisamente un obstáculo para tomar decisiones de inversión y, especialmente, para aprovechar las oportunidades que se abren cuando esas volatilidades castigan irracionalmente a algunos activos cuyo valor real de lago plazo puede ser muy atractivo, como puede ser el caso actual de muchos activos financieros en Colombia. 
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