Opinión

  • | 2017/01/06 00:01

    Olímpicos 2020: Reto Tokio

    Tokio acogerá en 2020 los próximos Juegos Olímpicos. Al ser una de las ciudades con mayor turismo mundial, buscará posicionarse en el reto de las olimpiadas, estableciendo límites de gastos para la infraestructura que demandará el gigantesco proyecto, con futuristas planes tecnológicos y de innovación.

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En 2017 se llevarán a cabo diversas competencias que servirán para empezar a clasificar a los próximos Juegos Olímpicos 2020 que tendrán lugar en Tokio. Tal es su importancia, que la ciudad mantiene una logística enfocada en la preparación oportuna de sus instalaciones actuales, la construcción de edificaciones necesarias y la gestión óptima de los costos generados por el evento deportivo más grande a nivel mundial.

Por ahora, la estimación oficial de las justas está por debajo del límite de 2 billones de yenes, equivalentes a US$17.000 millones. Sin embargo, los organizadores mantienen esfuerzos para disminuir aún más la cifra que se calcula podría llegar a estar entre US$13.000 y US$15.000 millones, discutiendo la posibilidad de repartición de los costos entre el comité organizador y el gobierno central nipón.

Esta primera aproximación a lo que podría costar la realización de las olimpiadas, se constituye sólo una primera versión. Por el momento, se incluyen US$5.500 millones para construir sedes temporales y permanentes, así como la adecuación de otras instalaciones, US$3.800 millones para costos de transporte, seguridad y gastos operativos; también se contemplan US$4.700 millones de ingresos de patrocinadores, venta de boletos y concesiones.

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Diversos análisis han arrojado que los futuros costes de los juegos en Tokio se dispararon en medio de la reconstrucción japonesa generada desde el terremoto y el tsunami presentado en 2011. Luego de que se revelaran los US$51.000 millones que fueron gastados en los Juegos de Invierno de 2014 en Sochi-Rusia, varias ciudades optaron por abandonar su proceso de candidatura para las futuras ediciones de los juegos. Sin embargo, Tokio asumió el reto y ganó el proceso de selección en 2013, año desde el cual ha venido incrementándose su presupuesto inicial en 2,5 veces aproximadamente.

Por ejemplo, Roma ya ha retirado su candidatura a los Juegos Olímpicos de 2024 por parte de su alcaldía, al considerarse como una de las ciudades más endeudadas e ingobernables del país, que no tiene presupuesto. De esta forma, el Comité Olímpico Internacional (COI) tomará su decisión el próximo año entre París, Los Ángeles y Budapest.

Son muchos los ingredientes, que hacen que estas olimpiadas en Tokio, sean todo un reto; desde la entrega de la antorcha que se realizó al primer ministro japonés, Shinzo Abe, en los Juegos de Río de Janeiro, revivieron de nuevo los escándalos por presunta corrupción en la elección de la sede Tokio. Se mantiene la investigación por un pago de US$1,5 millones que realizó el comité que representaba a Japón en 2013, en donde estaría implicado un importante miembro del COI. La policía francesa sigue investigando si este pago tuvo influencia en la selección de Tokio, venciendo a Estambul y Madrid, para la celebración de los juegos en 2020.

Ante algunas previsiones de los altos costos que podría representar el evento, algunos gobiernos regionales y locales se rehúsan a asumir estos costes de la construcción de instalaciones temporales para este evento. Si, en efecto, las obras se hacen necesarias, piden al comité organizador respetar el plan inicial en donde este órgano asumía todos los costes derivados del proyecto, puesto que se había modificado para que estos territorios entraran a contribuir. Aspecto que, por supuesto, disgustó a los potenciales contribuyentes.

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Ante los obstáculos que se han presentado en las propuestas para el desarrollo de los Juegos Olímpicos, se espera que las dificultades sean superadas bajo una gestión eficiente de los costos, que se deriven de la puesta en marcha del proyecto. Varias ciudades que acogieron el evento en años pasados presentaron problemas similares por infraestructura o requerimientos de inversión, sin que ello involucrara afectaciones directas para el desarrollo de las justas deportivas.

Por lo pronto, uno de los proyectos que el Comité Organizador puso en marcha es la construcción del estadio que será sede de las ceremonias de inauguración y clausura. Para brindar una identidad deportiva y tradicionalista, este nuevo escenario se edificará en la misma superficie donde se construyó el estadio para los Juegos Olímpicos de 1964, inspirado en una serie de santuarios japoneses y rodeado de zonas verdes para bajar los niveles de temperatura. Una propuesta que le apunta a la cultura tradicional y a la ecología.

A pesar de todos estos desafíos, sin duda alguna Japón será el top olímpico en innovación y tecnología. Los nipones son famosos internacionalmente por sus desarrollos de avanzada, así que los organizadores quieren emprender ambiciosos proyectos que impulsen la economía y asombren a la multitud. El gobierno tiene la intención de triplicar su gasto en robótica, así que es muy probable que los visitantes encuentren robots como conserjes en hoteles y aeropuertos, en donde estarán disponibles para la atención de los turistas.

Como broche de oro, es muy probable que en Tokio 2020 se exhiba una lluvia artificial de meteoritos en vez de fuegos artificiales. ALE, la empresa japonesa que pretende poner en escena este espectáculo, quiere poner a prueba la idea en 2018.

Seguridad y tecnología son las imágenes que la capital nipona nos quiere dejar de las futuras olimpiadas; de seguro no nos defraudará.

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