Opinión

  • | 2016/07/02 00:01

    Nuestros retos con el petróleo

    Reservas para escasos 5,5 años, caída en la inversión en exploración y dependencia en sus exportaciones plantean retos para el futuro.

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El sector petrolero sigue siendo importante en la economía nacional a pesar de que los precios todavía están lejos de volver a los niveles de hace dos años. Las razones que llevan a concluir que no habrá retorno a los niveles de US$100 por barril al menos en el corto plazo se resumen en tres.

Primero, la vuelta al mercado de Irán ha mantenido elevada la oferta de crudo, así mismo Nigeria y Libia están incrementando su bombeo. Segundo, los productores de shale oil en Estados Unidos han ganado eficiencia y son rentables en precios cercanos a los US$60 por barril de tal modo que en ese nivel otros campos se activarán trayendo más producción con las sabidas consecuencias sobre los precios. Tercero, durante estos años de precios bajos importadores netos como China y Japón acumularon reservas que irán utilizando a medida que lo estimen conveniente, lo cual dificultará un ascenso de los precios, a eso se suma que el crecimiento de las economías industrializadas en conjunto no será mayor al 1,9% según cálculos del Fondo Monetario Internacional.

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En Colombia luego del giro de los precios, el sector sigue representando una parte importante de la economía, las exportaciones petroleras representan el 52% del total o US$16.700 millones, y la disminución de los precios ha significado una caída en los ingresos del Estado correspondiente al 3,2% del PIB. Así mismo, aunque el sector no es un importante demandante de mano de obra y bienes producidos por los demás sectores económicos, sí es un productor de bienes intermedios que son empleados en los demás sectores, por ejemplo, la refinación de crudo para el abastecimiento de combustibles y la producción de gas natural, ambos usados por la industria y los hogares.

Pero las reservas del país al ritmo de producción actual tienen una vida media de 5,5 años, un horizonte que es verdaderamente corto si se tiene en cuenta que el desarrollo de un campo toma más de 4 años y el consumo nacional de petróleo son 350.000 barriles diarios aproximadamente. La situación empieza a apretarse porque las cotizaciones internacionales han llevado a que la inversión en exploración haya caído dramáticamente al punto que en el 2015 solo se perforaron 27 pozos de los 91 que se tenían programados, lo que contrasta con los 114 pozos perforados en 2014 y a marzo de este año iban solo 5 pozos perforados frente a una meta de 35.

Lo que está pasando con los precios y el sector lleva a pensar en los retos que eso representa para el futuro, si Colombia no aumenta sus reservas se va a tener que enfrentar a uno de dos escenarios.

El primero, es que para alargar la vida media de las reservas tendría que disminuir el volumen de las exportaciones, pero eso afecta la balanza comercial porque como dijimos el petróleo responde por el 52% de las ventas externas, también afectaría la cuenta corriente por el efecto de la disminución de las exportaciones, las consecuencias serían mayor depreciación del peso colombiano y presiones en la inflación por la transferencia de precios en los bienes transables, y otra vez menos ingresos para el Estado. El segundo escenario es un agotamiento de las reservas que lleve al país a perder su autosuficiencia, ahí las cosas serían más graves porque se profundizarían los efectos del primer escenario dado que la cuenta corriente tendría que arrastrar además de la caída total de las exportaciones petroleras, la financiación de las importaciones de petróleo con graves consecuencias en los costos de las empresas.

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Esos retos que están próximos a venir no se pueden descuidar y desde ya hay que empezar a plantear estrategias para enfrentarlos, la nueva economía a la que se ha venido refiriendo el Gobierno también necesita hidrocarburos para su funcionamiento y no tenerlos se convertirá en un lastre para las empresas, cualquier desbalance que se dé por esta situación terminará siendo corregido con mayor depreciación del peso, recorte sustancial del gasto, e incremento del endeudamiento, con consecuencias en el empleo, la inversión pública y privada, y aumento de la inflación.

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