Opinión

  • | 2017/05/19 00:01

    Nuestro futuro laboral está en juego

    Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos.

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La protagonista del milenio es la llamada “Cuarta Revolución Industrial”, aquella que se ha gestado por la evolución acelerada del internet de las cosas (IoT) y que ha traspasado las fronteras de los computadores para convertir cada “cosa” de uso diario en un dispositivo conectado, con capacidades, usos y efectos diversos; era lógico que este fenómeno alcanzara a las empresas.

Gracias a todos estos cambios hoy podemos hablar de la “disrupción tecnológica”, aquella que modificará sin remedio el mercado laboral: surgirán nuevos oficios; los científicos, sobre todo vinculados con el análisis de datos, serán protagonistas; se incrementará el desempleo, pero, sin embargo, habrá numerosos cargos especializados sin cubrir; el “reciclaje laboral y de conocimientos” será condición imprescindible para sobrevivir.

Este panorama, tan apocalíptico como precursor de oportunidades, lleva a la conclusión, de la necesidad de asumir y emprender una “revolución del talento”. Y es sobre este punto sobre el que me permitiré aportar alguna reflexión: ¿Qué tipo de talento será más necesario? ¿Sobre qué temas será prioritario volcar la inteligencia y la aptitud de los profesionales? ¿Qué aspectos del próximo escenario laboral van a exigir nuevas formas de talento?

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Bueno, pues en mi opinión van a ser necesarios cuatro tipos de “talento” para poder someter a nuestro favor esta Revolución.

El talento creativo

Nos enfrentamos a un entorno amigable, cultura de la experimentación, apertura a ideas externas, aceptación de la diversidad cultural y foco en crear otras formas de generar valor. Creo que no hay mucho más que añadir.

El talento creativo será el encargado de abrir nuevas puertas en la forma en la cual se produce, se vende y se genera valor. Hará falta creatividad para entrar en territorios desconocidos, pero también para entender que la raíz de lo nuevo puede estar en lo ya conocido, y aptitud para asumir la creatividad más como transpiración que como inspiración.

Talento operativo

Las máquinas, aunque sean digitales, son artefactos en sí mismos inertes. Para que un robot industrial cumpla su función, solo o en combinación con otros, hace falta que alguien le diga qué tiene que hacer y, además, hasta el mínimo detalle.

El hecho es que las máquinas necesitan quien las programe. El “idioma” más preciado será precisamente el que permite entender y entenderse con los computadores. Dotarlos de operatividad exigirá un talento preciso, conocimientos cada vez más exhaustivos y una cierta distancia ante los cantos de sirena tecnológicos.

“Un burro ante un computador seguirá siempre siendo un burro”.

Talento predictivo

Según varios estudios se afirma que: en el año 2020 habrá 50.000 millones de dispositivos conectados a internet, hoy se generan día tras día 2,5 trillones de bytes en datos y el 90% de los datos del mundo se han creado en los últimos dos años. Así es, estamos interconectados, cada paso en el camino de nuestro devenir se genera más y más información personal.

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El valor de la información apunta, entre otras cosas, hacia la predicción con base en modelos matemáticos. Es decir, el Big Data, convertido como ya dijimos en “useful data”, nos da patrones de comportamiento. Eso significa poder adelantarnos a pautas de consumo, vislumbrar con claridad productos y servicios aún inexistentes, pero pronto reclamados. Quizá los “influenciadores” serán sustituidos por algoritmos predictivos con menor margen de error.

Talento directivo

Es posible que en un futuro los directivos sean los encargados de cotejar información de enormes bases de datos en cuestión de minutos y sugerir estrategias basadas en las tendencias que se observen, ahí el único requisito para ser prescindible será la capacidad de gestión y cálculo de datos. Pero, aun así, el resto de funciones directivas no las podrá resolver un algoritmo, pues la inteligencia artificial nunca podrá entender el alma humana, no genera empatía o desarrolla la intuición; nada de eso es programable.

El “talento directivo” será por tanto básico como aptitud para conducir organizaciones con el foco puesto más en las personas que en los procesos, puesto que estos sí estarán automatizados.

Harán falta especialistas, pero también filósofos, será imprescindible no solo analizar la realidad sino entenderla y relacionarla. Habrá que contar con personas capaces de ir más allá del dato para que descubran el valor de los hechos como indicadores de un rumbo como categoría.

La Cuarta Revolución Industrial y Primera del Talento, están cambiando paradigmas productivos y laborales, así como en todos los movimientos históricos similares vendrán nuevas visiones de la vida y la forma de aplicarlas. Lo único que no cambiará será el constante aprendizaje, la educación, eso podrá prevenir una indigestión por los cambios que se avecinan. 

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