Opinión

  • | 2017/03/19 00:01

    No renuncies

    Apoyo totalmente a Benedetti cuando afirma “En la vida hay que evitar tres figuras geométricas; los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas”. Que nadie renuncie. ¡Yo no quiero renunciar!

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Hace unos días hablando con una amiga muy cercana que trabaja en un alto cargo de una compañía nacional, de esas que muchos envidian, me enteraba que en realidad está desesperada por el nivel de acoso que existe en su organización.

Lleva casi 10 años trabajando allí con resultados increíbles en el crecimiento de su negocio, indicadores positivos de market share, premios a gestión etc… pero está al borde de renunciar porque la tienen acorralada, porque aunque ella defiende su equipo, los valores del credo de su organización, al final no es bien leída por ser diferente. Por retar demasiado.

La vida en las organizaciones es como un micro mundo donde hay seres famosos, odiados, amados, perseguidos, juzgados… todo lo que pasa desde la Antigua Roma pero resumido en ambientes oficinescos, cargados de egos y ambiciones. También por supuesto de cosas positivas cuando las fuerzas y las buenas energías se juntan para lograr cosas adicionales a EBIT y rentabilidad para los accionistas.

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Mi amiga está en problemas. Parece que no hace fit con la organización. Es muy buena en su trabajo, logra los objetivos, construye equipos imparables y desarrolla gente de alto potencial que le sirve a toda la organización, pero tiene un problema, su ímpetu no le permite bajar la cabeza ante la injusticia. Confronta, hace preguntas incómodas y hasta se viste diferente. En pleno siglo XXI, ¿es coherente que se sienta acorralada?. Es increíble pero aún ocurre, es como que el mundo cambia de escenarios, se vuelve digital, inmediato, globalizado, pero el ser humano sigue tratando de cumplir sus ambiciones individuales así tenga que llevarse a los demás por delante.

A pesar de que soy una convencida de que en la gente se puede confiar, está claro que la vida no es justa. Definitivamente no es justa. Pero si estamos en el mundo con un propósito y si nuestro fin está en encontrar lo que queremos como parte de un gran universo, no está bien renunciar.

Y no es solo al trabajo. No debemos renunciar jamás a nuestros sueños, sin importar la edad, el género, el estado civil; la vida muere a partir de que mueren nuestros sueños. Nadie puede quitarnos los sueños y laboralmente en estos micro mundos laborales imperfectos e injustos no pueden cortar nuestras ilusiones.

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Las empresas no pueden ser castrantes. Deben aprender a ser reales en asumir políticas que apoyen la inclusión y la diversidad. Las empresas son grupos humanos, cargadas de individuos que sueñan y tienen ilusiones. Las empresas no son logos en edificios, son gente. Por eso una empresa respetable, respeta a sus empleados, no los acosa, no los castra, no los castiga por ser diferentes.

A mi amiga le digo que no renuncie. Que siga luchando por lo que quiere, que no agache la cabeza. Que no deje morir su ímpetu. Al jefe de mi amiga le deseo mucho éxito pero en el fondo es un gran perdedor como líder porque no sabe manejar perfiles diferentes, solo le gustan los que le dan la razón, los que aunque le mientan le digan que su gestión es impecable.

Apoyo totalmente a Benedetti cuando afirma “En la vida hay que evitar tres figuras geométricas; los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas”. Que nadie renuncie. ¡Yo no quiero renunciar!

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