Opinión

  • | 2017/06/30 00:01

    No puede haber paz en una sociedad del maltrato

    O nos comprometemos todos a un gran pacto social por el buen trato, todos los días y en todos nuestros ambientes, o mucho me temo que la paz seguirá siendo una bonita idea deseable y una muy elegante intención retórica, que sólo se quedará en eso: retórica…

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Los recientes atentados terroristas en el Centro Comercial Andino de Bogotá que, en medio de la celebración del día del padre, causaron la muerte de 3 mujeres y más de una decena de heridos de gravedad, las extrañas condiciones de su ejecución y posterior persecución, las suspicacias surgidas en los medios de comunicación y en las redes sociales ante la ausencia de claridad y contundencia en la información, la malintencionada costumbre de los ciudadanos de malinformar o desinformar aún sin importar que se violente la dignidad de personas humanas en medio de una situación tan profundamente dolorosa como desconcertante, además de ser nuevamente un hecho condenable desde todo punto de vista, es una nueva oportunidad de reflexionar sobre el autenticidad y coherencia del “supuesto” deseo de Paz de todos los colombianos. 

En los discursos suena muy bien el deseo de paz como una “bonita intención retórica”, en general todos los colombianos, cuando se nos interroga al respecto, afirmamos tener un deseo profundo de paz y armonía para nuestra sociedad; muchos somos los colombianos que, a través de diversas plataformas, promovemos la paz como una nueva lógica social para la construcción de una sociedad más desarrollada, sostenible y deseable. Sin embargo las actitudes y comportamientos del día a día, suelen ser bien distintos a los deseos de paz que nos embargan en la retórica.

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Para la muestra, un botón, nada ha generado mayor polarización y actitudes de violencia que las posiciones sobre el propio proceso de paz. Bienvenida la diferencia para la construcción de un país mejor, bienvenido el desacuerdo y las visiones diversas sobre la sociedad y el futuro, pero fuera el maltrato, fuera la agresión, fuera la violencia, fuera las expresiones de odio contra el contradictor, contra quien piensa distinto, contra el compatriota que legítimamente tiene el derecho a disentir y a pensar diferente, fuera de nuestros hogares y de nuestras familias la agresividad para defender posiciones, fuera de nuestros grupos de amigos (presenciales y virtuales) la insensibilidad de vomitar comentarios atroces y descalificadores del pensamiento del otro sin ningún tipo de consideración o contemplación.

Que nuestras universidades, nuestras empresas, nuestras organizaciones sociales, nuestras oficinas… sean espacios de Paz, en donde, por supuesto haya muchas diferencias, desacuerdos, confrontación de ideas y de argumentos, pero no más violencia verbal, sicológica, actitudinal y hasta física contra el prójimo.

Si de verdad queremos la Paz, no es aceptable que nuestras empresas y organizaciones se presten para el juego del maltrato que el final es un juego de guerra, no es aceptable que en nuestras oficinas jefes y subordinados agredan la dignidad de sus equipos: griten, maltraten, humillen, conspiren, mientan, escondan frente a la mirada atónita y cómplice de esta sociedad que dice estar a favor de la paz pero que es tímida en la defensa de la dignidad humana y los derechos fundamentales.

No es aceptable que sigamos siendo un pueblo tan violento que, aún para reclamar la paz, sigamos ejerciendo violencia, todos los días en nuestros entornos más y menos inmediatos.

Bien decía el maestro Estanislao Zuleta, una sociedad mejor no es una sociedad que no tenga conflictos, “Una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz”, y cabe preguntarse entonces ¿somos un pueblo maduro para la paz?, ¿estamos TODOS a la altura de lo que eso significa? muchísimo más allá, por supuesto, de los acuerdos coyunturales y los procesos políticos en curso, ¿somos una sociedad realmente dispuesta, atenta y preparada para tener un mejor trato entre sus miembros?

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Un muy buen ejemplo reciente para destacar a propósito de la reflexión sobre buen trato y respeto, es el tono que caracterizó las negociaciones del gobierno en el último paro de maestros. Estamos acostumbrados a que este tipo de paros y movilizaciones sectoriales estén llenos de agresividad, violencia, afrentas, descalificaciones, irrespeto y maltrato.

Lo que vimos en el último paro, fue una permanente actitud de escucha, buena fe, búsqueda de soluciones concretas, responsabilidad, valoración de las personas aún en la diferencia y sobre todo un trato digno y respetuoso por parte del equipo del gobierno en cabeza de la señora Ministra de Educación Nacional hacia el sindicato de maestros. Este buen ejemplo de los dirigentes es el argumento y el incentivo más poderoso para la transformación y evolución de la cultura.

O nos comprometemos todos a un gran pacto social por el buen trato, todos los días y en todos nuestros ambientes, o mucho me temo que la paz seguirá siendo una bonita idea deseable y una muy elegante intención retórica, que sólo se quedará en eso: retórica…

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