Opinión

  • | 2017/07/30 00:01

    No eres tú, soy yo

    Cada vez me convenzo más de que cualquier grupo de individuos que tenga que interactuar junto por objetivos colectivos genera siempre conflictos, desavenencias y dificultades.

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La complejidad viene de la mano de los seres humanos y eso es comprensible porque somos imperfectos y aún sin terminar de inventar.

La gerencia hoy tiene además retos absolutamente nuevos y maravillosos que hacen que una de las habilidades más importantes de los nuevos líderes sea el autoconocimiento (self-awareness). El tema del ego propio mal entendido nos va a matar en la sociedad. Y en las organizaciones produce un impacto brutal para el cumplimiento de objetivos y el ambiente del grupo.

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He descubierto en mi experiencia que ese es uno de los mayores retos de las organizaciones hoy. Por un lado todos hablan de trabajo en equipo, de cooperación transversal, de influencia más que jerarquía; pero hay un tema que está bastante olvidado y es el del culto al ego.

Buscando definiciones encontré una bastante adecuada. Desde la psicología, el egocentrismo es la tendencia habitual de un sujeto a considerar la propia persona centro de atención junto con una incapacidad de ponerse en el lugar de los demás.

Siendo simplistas es imposible que un ser con grado alto de egocentrismo pueda ser realmente un actor importante y genuino dentro de un equipo, sea éste de trabajo, deportivo, altruista o lo que sea.

En el momento en que haya un alto nivel de amor por el propio ego y que sobrepase la realidad y el objetivo colectivo o el bien común ya no hay trabajo en equipo. Ya no hay construcción sana. Siempre habrá competencia malintencionada y logros que quieran ser solo individuales. Las personas egocéntricas suelen tener una baja preocupación por los demás. Así que un alto ego es sinónimo de un mal líder.

Ahora bien la cosa puede empeorar cuando no solo es arrogancia sino absoluto convencimiento de que se está haciendo lo correcto y de que la única verdad es la propia.

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Jamás escucharemos una frase de estos egocéntricos que diga "No eres tú, soy yo…" nunca pasará esto, porque para un egocéntrico es totalmente lo opuesto siempre, para estos perfiles la historia es "No soy yo, eres tú".

Encontramos aquí dos tipos de reto. El líder que debe manejar a estos personajes en su equipo y el segundo es el nivel de inspiración que puede generar un líder con esta actitud. La verdad no sé al final cuál es peor.

Manejar a un personaje así es muy complejo. Lo más difícil es lograr que entienda sus falencias, que el ego no lo supere, eso es lo más fuerte. El comportamiento de este tipo de perfiles no entiende nunca sus limitaciones sino que culpa a los demás, a la vida, al Universo, a su equipo o a sus jefes… pero nunca acepta su responsabilidad.

Manejar esto es verdaderamente un problema. Es como hablar con la pared. Pero es claro que es un reto gerencial y de liderazgo. A mi juicio este tipo de personas podrían cambiar su actitud a través de la insistencia en hechos y acciones concretas. Los discursos conceptuales no sirven. El nivel de paciencia debe ser infinito y requiere tiempo y eso en las organizaciones es lo que menos existe. Sin embargo, si hay inteligencia suficiente en los actores puede llegar ese nivel de comprensión que apunte a que un día el egocéntrico le diga a su jefe, colegas y subordinados: "ok, entiendo, ¡no eres tú, soy yo!, ¡caminemos juntos que nos va mejor!"

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