Opinión

  • | 2016/07/07 00:01

    Necesitamos más “liderazgos de servicio” y menos “liderazgos de ego”

    Aunque hablar de liderazgo hoy es recurrir a una idea cuyos límites suelen ser ambiguos, dentro de este concepto se encierran una buena parte de las claves que sintetizan una nueva era en la dirección de las organizaciones que intenta dar respuestas eficaces a las necesidades del hombre y de la sociedad.

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He leido con mucha atención, en este mismo medio, variadas y nutridas columnas y artículos sobre el interesante fenómeno, y el enorme reto que supone para las organizaciones de hoy, la gerencia del talento humano de la cada vez más famosa “Generación Y” también conocida como generación del milenio, millennial o milénica (aquellos nacidos desde 1980 hasta 1993).  Después de 20 años de docencia universitaria mis alumnos han sido de esta generación Y y de a ahora llamada generación Z y definitivamente la reflexión sobre sus comportamientos, valores, metas, sueños y creencias serán determinantes para la mejor comprensión del futuro de nuestras organizaciones y, por ende, del éxito en la búsqueda de ventajas competitivas sostenibles basadas en activos estratégicos intangibles en esta sociedad de la información y el conocimiento.

Por estas razones, cobran también importancia los modelos exitosos de asociacionismo juvenil, que encuentran la escencia de la motivación de los jóvenes y que nos proveen siempre herramientas para comprender mejor el carácter del comportamiento juvenil. Es el caso de AIESEC a quienes, durante muchos años he tenido ser su aliado, miembro de su consejo asesor y consultor en proyectos especiales.

En esta reflexión sobre Liderazgo y Juventud, es inevitable preguntarse: ¿cómo ha sobrevividio por casi 70 años ésta organización global de promoción y desarrollo del liderazgo juvenil totalmente gestionada por jóvenes estudiantes y recién graduados de instituciones de educación superior? ¿cómo ésta red ha logrado desarrollarse a través de una plataforma internacional que le ha permitido a más de 1,000,000 de jóvenes alrededor del mundo desarrollar sus competencias directivas a través de diferentes programas de liderazgo e intercambio? ¿cómo una organización gobernada por jóvenes logra involucrar, hoy por hoy, a más de 100.000 miembros en 126 países? ¿cómo los jóvenes logran dirigir la organización internacional de estudiantes más grande del mundo, presente en más 2.400 universidades, proporcionando más de 25.000 experiencias y oportunidades de liderazgo a sus miembros, y enviando estudiantes y licenciados en 20.000 intercambios internacionales al año?

La respuesta a estos interrogantes la encontré recientemente, en la misma voz de los jóvenes, en el marco de la iniciativa global de AIESEC conocida como Youth Speak que ha logrado inspirar un movimiento juvenil mundial para expresar activamente sus opiniones y pensamientos a través de medios de comunicación social tradicionales y no tradicionales, proporcionando datos valiosos para los tomadores de decisiones y, a través de instrumentos concretos como encuestas y consultas, recoger de manera eficiente la opinión y la voz de 50.000 jóvenes de todo el mundo. Esta recolección de información ha permitido que el compromiso de esta organización se concentre y se haga convergente con los objetivos de desarrollo sostenible. No tengo dudas de que el aporte de los jóvenes será uno de los más determinantes en el logro de la agenda global de desarrollo.

Pero en los resultados de esta encuesta encontré, lo que a mi modo de ver, es la esencia del nuevo liderazgo que están construyendo y exigiendo los jóvenes. Al ser interrogados sobre cuáles son las caracterísitcas que más valoran en un líder, ellos responden (y particularmente los colombianos) contudentemente:

  1. Humildad
  2. Carisma
  3. Visión, Pasión y Ambición
  4. Empatía
  5. Determinación, Dedicación y Compromiso

Estos 5 elementos constituyen la idea que recurrentemente he querido llamar “Liderazgo de Servicio”.  Podríamos aceptar que se trata de un nuevo paradigma, distinto del que ha prevalecido durante muchos años. Un nuevo liderazgo que sería algo así el verdadero modelo para el progreso en las organizaciones y del que existe hoy una evidente necesidad en todos los ámbitos de nuestra sociedad.  Adentrarse en este nuevo concepto de liderazgo de servicio exigiría, parafraseando al profesor español Jaime Urcelay, “…negar que el liderazgo sólo existe en el extremo superior de las organizaciones. Pero sobre todo, exigiría romper de una vez con la perniciosa idea de que el líder es alguien que controla, impone o manipula. Supone este planteamiento apelar a la superación del liderazgo vertical, solemne, egocéntrico, todopoderoso... para quedarnos con un concepto mucho más sencillo, más humano, que fundamentalmente sugiere servicio, impacto positivo en los otros, mejora, desarrollo personal, visión, motivación e impulso de la gente, entusiasmo y optimismo, superación de la adversidad, valores, equipo...”

Y es que, aunque hablar de liderazgo hoy es recurrir a una idea cuyos límites suelen ser ambiguos e imprecisos, dentro de este concepto se encierran una buena parte de las claves que sintetizan una nueva y prometedora era en la dirección de las organizaciones que intenta dar respuestas concretas y eficaces a las más urgentes y complejas necesidades del hombre y de la sociedad.

 

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