Opinión

  • | 2016/05/27 00:01

    Música digital, vinilos y el renacer fonográfico

    Las compañías discográficas y distribuidoras musicales le vienen apostando muy fuerte a dos caminos, sumamente diferentes, a la hora de seguir comercializando música.

COMPARTIR

Por una parte, los formatos vía streaming (consumo online) son hoy día enérgicamente usados para ampliar los canales de comercialización musical, a un público que antes, en su mayoría, recurría a las descargas ilegales. A través de suscripciones tipo Spotify, YouTube, Google Play Music, Vevo, Napster, Deezer, Pandora o Tidal de Apple, se quiere llegar a nuevos públicos que han venido abandonando las compras en físico de música, y migrando hacia nuevas tecnologías.

De otro lado, un producto que en algún momento se pensó que no sobreviviría y que se mantiene hoy muy vigente, son los álbumes LP o discos de vinilo, que se han convertido en objetos de culto, de representatividad grupal y de estatus melómano. De hecho, El vinilo no regresa como algunos lo piensan, esto, porque sencillamente, nunca se fue del todo. En plena era digital, del furor por el streaming y las tiendas de descargas online, los vinilos florecen recategorizados y repotenciados por la industria discográfica mundial.

Todo indica que estas dos grandes apuestas han fortalecido el mercado musical de una manera asombrosa, lo que, sumado a las grandes giras de conciertos y festivales musicales, le han dado un segundo aire a la industria fonográfica. Pareciera que el mercado musical nunca estuvo en crisis; hace algunos años, artistas, agentes y compañías discográficas se quejaban de la piratería (muy recordada por el antiguo Napster), pero, la clave para salir de ese atolladero, ha sido hallar modelos alternativos a los otrora conocidos canales de ventas musicales para afrontar la caída del sector y mantener el negocio musical vigente.  Pensaría que la música nunca tuvo tanta penetración como hoy día, y el vinilo y los servicios de streaming son las dos principales respuestas a los problemas vislumbrados de la otrora era musical de antaño.

El consumo musical cambió, y el mercado musical se adaptó. Hoy, las personas quieren llevar la música en el móvil, nuestra vida gira en torno a ese dispositivo, y el streaming brinda acceso ilimitado en cualquier sitio y sin necesidad siquiera de wifi. De ahí brota su apogeo. El consumo online de canciones y álbumes crece cada día, y las descargas legales se estancan (caso iTunes).

Por otro lado, los discos de vinilo están viviendo un “segundo aire”. Basta caminar por alguna de las grandes superficies comerciales en las que se vende música, para encontrar al menos un escaparate colmado de vinilos. A principios de este siglo, en plena explosión de la tecnología MP3, probablemente la gran mayoría de nosotros no habría vislumbrado que los discos LP volverían a tener tanta fuerza en las tiendas discográficas, pero lo han hecho. Aun así, es evidente que no es un formato de consumo masivo, una posición que sí ocupó hasta que, a principios de la década de los 90, fue desterrado, en apariencia, por el CD y que hoy día tiene un segmento de negocio especializado en un perfil delineado en moda de temporada, melómanos, coleccionistas, DJ´s o hípsters, principalmente.

Durante los últimos años, grandes disqueras como Sony, Decca, Blue Note, Columbia, EMI y Warner, entre otras, han osado relanzar diversos acetatos reeditando variados álbumes de sus catálogos en el formato tradicional del vinilo; además, han surgido diversos sellos musicales que, bien se consagran de lleno a la producción de discos de vinilo, como el holandés Music On Vinyl o el alemán Speakers Corner, o bien han decidido divisar este formato en su catálogo musical, como Analogue Productions o Tacet, entre muchos otros.

Es evidente que tanto los servicios de streaming y plataformas digitales, así como los discos de vinilo, nos ofrecen una forma diferente de consumir música, ni mejor, ni peor, sencillamente, distinta. Como acabamos de ver, ambos tienen pros y contras; uno nos exige una mayor dedicación para poder escuchar una canción, otro nos da mayor rapidez; uno no ofrece ni la comodidad del dispositivo móvil, ni listas de reproducción, ni la posibilidad de usar control a distancia (aunque hay algunas excepciones que sí incorporan un mando en las últimas tecnologías de tocadiscos); una opción sufre un innegable deterioro derivado del uso, la otra alternativa me da inmediatez, adelantos, pausas, etc. Asimismo, mucha gente compra vinilos para tener algo físico en las manos, como objeto de coleccionista, algo que digitalmente no se tendría.

Los discos de vinilo suelen instigar a deleitar de una forma incomparable, más ensimismada y menos inmediata, lo que a algunas personas les atrae, y a otras las espanta. Es perfectamente comprensible, y ambas opciones, la de música digital y la de música análoga son respetables, por supuesto. 

Por todo ello, ambas opciones, sea el vinilo o el streaming, las dos corrientes que dominan el negocio de comercialización de la música hoy día, tienen su mística, su funcionalidad, y su propio disfrute. Lo verdaderamente importante es que el negocio de la música no muere, sólo se adapta a los gustos y preferencias de los consumidores, la música sigue viva.    

 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?