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| 10/29/2012 9:00:00 AM

¿Muertos en vida?

Pese a no caracterizarse por torturas extralimitadas respecto a las normas convencionales, los campos de prisioneros norteamericanos en la Guerra de Corea (1950-1953), registraron más fallecimientos de éstos que en cualquier otra prisión por situaciones bélicas en la historia de Estados Unidos. Opinión de Germán Retana.

por Germán Retana *

El origen de este hecho se simula a lo que sucede en algunas empresas contemporáneas.

Según los autores T. Rath y D. Clifton, los norcoreanos usaban cuatro tácticas psicológicas para reprimir la esperanza por el futuro y los lazos afectivos entre los prisioneros. La primera era premiar la traición a sus compañeros, incentivar que unos a otros se delataran a cambio de cigarrillos, por ejemplo. No había castigos a delatores ni delatados, pues el fin era crear crisis entre ellos. Actualmente, hay miembros de empresas que compiten por insignificancias, contemplados por quienes creen que con competencia interna se eleva la competitividad hacia los rivales externos.

En segundo lugar, se obligaba a los prisioneros a autocriticarse delante de sus compañeros. Imaginemos un ambiente de trabajo en el que solo se escuchan expresiones negativas, sentimientos de culpa, golpes a la autoestima y recriminaciones hasta el extremo de no creer en el valor propio, porque la vida no tiene sentido por el mal causado. Esto equivale a aniquilar el aprecio y el respeto por otros y por uno mismo.

La tercera táctica era fomentar la deslealtad entre los soldados y entre éstos y sus comandantes, también presos. Así, al romperse la relación jerárquica, los oficiales eran tratados como rasos, sin obediencia ni consideración. Esto agregaba desapego y pérdida del sentido de pertenencia, tal como sucede en organizaciones con personas que no reciben ni se ganan el respeto. Nadie orienta ni permite ser orientado.

Finalmente, ningún prisionero tenía acceso a buenas noticias de sus familias, solo a las malas. Eso provocaba que lo positivo siempre se quedara fuera del campo. Este aislamiento emocional llevó a muchos prisioneros a pensar que su vida no tenía sentido y que no había algo por lo cual luchar o tener esperanza. Al combinarse estas cuatro tácticas no era necesaria la tortura física, pues la mente era más poderosa que los dolores físicos para aniquilar el espíritu por sobrevivir. ¿Hay ausencia de expresiones afectivas en su empresa?

Sin lealtad, valor de sí mismo, respeto entre personas, desconocimiento de la autoridad, y alimento emocional, las organizaciones sellan su suicido. Sus miembros caminarán como "muertos en vida", hasta que algunos se atrevan a hacer exactamente lo contrario a estas cuatro prácticas y reactiven lazos sinceros de afectividad, la convivencia para prosperar y los motivos retadores para unirse alrededor de un propósito compartido.

* Profesor Incae Business School
                                                               

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