Opinión

  • | 2014/03/03 14:00

    Migración venezolana: reto para economía colombiana

    Es imposible no referirse a la situación que vive Venezuela. Al lado de los vínculos históricos que nos unen con el “incomodo” vecino están también los económicos, comerciales y los de migración. Opinión de Alberto Naranjo.*

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Sobre los comerciales no hay mucho que decir que no se sepa: Venezuela ha sido por muchos años uno de los principales socios comerciales de Colombia y con quien el país se ha complementado bastante bien en la producción de bienes y servicios. Asimismo, en las últimas décadas se ha evidenciado un cambio en gran parte en la economía, de alguna forma estructural, al tener que buscar nuevos horizontes comerciales debido a la realidad política de esta nación.

Sin embargo, no quiero hablar de comercio sino detenerme en el segundo elemento que ha empezado a influir en nuestra economía y que seguirá influyendo: la migración. Esta, en los últimos años ha cambiado el escenario urbano y rural de Colombia. No solo nos hemos encontrado con colombianos que durante muchos años habían vivido en Venezuela y que han tenido que regresar generando una mayor presión en nuestros mercados de trabajo y en la situación social de sus familias extendidas, quienes en muchos casos los acogen para empezar una nueva vida. Hemos visto también cómo el sector petrolero ha utilizado mano de obra venezolana muy calificada para dinamizar una de las locomotoras del plan de desarrollo del Presidente Santos. Además, los que trabajamos en la academia hemos sido testigos de una gran juventud venezolana que se ha vinculado a las universidades y que indudablemente han sembrado nuevas relaciones con su entorno que estoy seguro perdurarán en el tiempo.

Esta inmigración nueva que se vive en ciudades como Bogotá, solo por poner un ejemplo, dista obviamente de aquella realidad de frontera que desde siempre ha tenido una relación mucho más estrecha con nuestro país vecino. Sin embargo, por ser nueva no es menos importante. Todo lo contrario. Es esto lo que genera y generará nuevos retos, tanto en lo económico como en lo social y político, para Colombia.

En lo económico, nunca antes hemos estado tan abiertos a otra economía como ahora, y no gracias al comercio de bienes y servicios, sino gracias a la migración. Esta apertura e integración de nuestro mercado de trabajo traerá consigo la posibilidad de que por primera vez en mucho tiempo (como ha venido sucediendo ya) Colombia se convierta en un receptor de “cerebros brillantes” de otros países y no como ha sucedido en las últimas décadas, un expulsor de los mismos.

Esta recepción dará la posibilidad muy seguramente de aumentar la productividad de nuestros trabajadores en muchos sectores, productividad que a propósito ha sido uno de los factores de atraso en nuestra economía. Esto sin contar con el ingreso de capitales financieros venezolanos que se han instalado en el país creando nuevas empresas y ayudando a mejorar la competencia en nuestros mercados oligopólicos.

Sin embargo, no quiero que se piense que el mal de los otros es el bien de nosotros. Todos quisiéramos que a nuestros vecinos les vaya bien, no solo por solidaridad y altruismo sino porque considero que el mal de los venezolanos hoy será el mal de los colombianos mañana. Por ejemplo, así como las personas altamente calificadas y con solvencia económica tienen derecho a buscar nuevos rumbos, como lo están haciendo, también los tienen las personas que han contado con menos oportunidades, tanto para acumular educación como para acumular dinero.

Lastimosamente, en Colombia los mercados de trabajo que pueden absorber a estas personas son los menos desarrollados y son los que cuentan con una menor presencia del Estado. Esto nos generará grandes retos políticos para que los nuevos inmigrantes también puedan encontrar oportunidades formales y legales dentro de nuestra economía y evitar por lo tanto su presencia en nuestra basta economía subterránea, de por sí ya un problema para el país.

Ojo! Del éxito de estas políticas de inclusión radica la principal razón para evitar que en Colombia se empiecen a imponer ideas xenofóbicas como ha venido sucediendo en los países europeos con los inmigrantes de Europa del Este o del África, por no citarnos a nosotros.

No se nos olvide que los colombianos hemos inundado los mercados de trabajo de países desarrollados, algunos de forma legal pero muchos otros de forma informal e ilegal. Es ahora nuestra oportunidad de poner ejemplo.

* Director de Programa de Economía y Finanzas – Universidad de La Sabana
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