Opinión

  • | 2016/09/23 00:01

    Mi querido CEO:

    Experiencias de cientos de conversaciones con integrantes de esa línea de mando.

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Mi querido CEO, Me alegró mucho verle y compartir un rato de reflexión con usted, hacía ya bastante tiempo desde la última vez y, como bien decía, los espacios compartidos para reflexionar, son espacios de evolución, de revisión, de ponerse las gafas que proporciona el conversar sereno y constructivo. Me alegró verle tan entusiasmado con sus nuevos proyectos, realmente me alegra que sean proyectos de crecimiento, que quedaran atrás los tiempos de crisis. Lástima que su agenda estuviera con poco espacio y tuviese que partir tan rápido y no pudiéramos dedicar más tiempo.

Tal y como quedamos, le comparto mis reflexiones sobre lo que hemos hablado. Es evidente que tiene por delante una oportunidad de oro para aplicar todo lo aprendido durante estos últimos años, las crisis no son gratuitas, ni infructuosas si se viven desde la óptica del aprendizaje. Fueron tiempos complicados, en los que aprendimos que ya no se puede continuar con más de lo mismo y… sin embargo cuando le escuchaba relatar sobre sus nuevos proyectos, siéndole sincero y en mi voluntad de serle útil, sentí un retroceso a los tiempos de, usar el mismo lenguaje, los mismos métodos, exactos procedimientos, aunque se trate de un negocio diferente, diferente producto, diferentes mercados y sobre todo…diferente entorno. Me he quedado con un sabor un tanto amargo, con las ganas de seguir indagando, de seguir siendo curioso, seguir escarbando, en mi necesidad de descubrir nuevos tintes en lo que me estaba contando.

Permanecí durante un rato en el café, reflexionando sobre nuestra la naturaleza humana, esa que nos hace retroceder siempre a lo conocido, a veces incluso a algún escalón por debajo, donde nos sintamos más seguros, donde nos sintamos capaces de impedir lo que no queremos.

Mi querido CEO, tiene una oportunidad de oro para hacer algo distinto. Me ha hablado de un reto de crecimiento, de expansión, de recursos, de planes, de presupuestos, de objetivos, de beneficios económicos, de sus beneficios económicos, de mercados, de productos, de rentabilidad, de la digitalización… hasta del big data!. Ha utilizado conceptos novedosos muy interesantes como apps, mobility world, economía colaborativa, internet de las cosas, la nube y no sé qué más… Y sabe? Llegué a pensar que eran expresiones salidas del último artículo de “management” de la revista de moda en gestión.

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Se me antojaba un discurso vacío, un encantamiento de serpientes. En ningún momento mi querido CEO, me ha hablado de quienes van a hacer posible esos planes, de las personas que van a acompañarle en ese camino, en este reto, de su equipo. En ningún momento me ha hablado de qué ha pensado para ellos, cómo va a desarrollar sus competencias y capacidades, cómo va a ayudarles en su transformación, cómo va a hacer para que su entorno de trabajo sea mucho más humano y puedan así mostrar su mejor versión, sus mejores capacidades para esta gestión. Sigue poniendo el foco en el resultado, en los beneficios, ni siquiera en la venta o en el cliente porque si así lo hiciera, inmediatamente surgiría la pregunta de Quien, Quien lo va a hacer posible y Qué, Qué necesita ese Quien. Inmediatamente el foco serían las personas. Y esto que te comparto ya no puede ser tachado de fanatismo de los de RRHH, esto es ya una realidad que debería estar integrada.

Solo le hago una reflexión… los resultados son las consecuencias de lo que hacemos y la felicidad es cómo lo hacemos. No conozco a nadie que estando triste o deprimido logre obtener buenos resultados. Cuando está relajado, cree en su compañía, tiene pasión por lo que hace, siente que le cuidan y que le hacen crecer, lo da todo…. Al final, la transformación viene de la mano de la persona. En las empresas del futuro, las personas tienen que tener un liderazgo propio, desarrollarse, tomando decisiones, autogestionarse. Esto es válido para empleados, mandos intermedios, directivos, directores generales o empresarios.

Mi querido CEO, usted mismo ha sufrido en vida propia, las consecuencias de una gestión obsoleta basada en una visión tradicional de la Organización, en donde la rivalidad interna, la competitividad, la falta de comunicación, la descoordinación, los egos…eran los verdaderos protagonistas…donde no hubo recursos que sostuvieran los bandazos de un sistema agotado simple y llanamente porque no se habían desarrollado.

Mi querido CEO tiene una oportunidad de oro, dígame que ya lo había pensado, que sólo fue la falta de tiempo lo que le impidió compartirlo conmigo, dígame que fallé en mis preguntas.

Mi querido CEO deme una gota de esperanza en este océano de incertidumbre porque si no lo hace usted…¿Quién?

Mi querido CEO, gracias por su tiempo, se le estima.

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