Opinión

  • | 2016/08/12 00:01

    Mi empresa tiene los días contados

    “Al igual que las personas deben mejorar su empleabilidad, las empresas deben mejorar sus organizaciones y su adaptabilidad”.

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Tengo varias listas de reproducción incluidas en Spotify, específicamente creadas para cuando voy al gimnasio o a correr; en muchas ocasiones organizo mis vacaciones a través de Airbnb, y mis dudas sobre lugares que visitaré los resuelvo través de TripAdvisor; he usado muy frecuentemente Amazon para comprar libros, o  si tengo que dejar a mi mascota porque me voy de fin de semana, uso PetValet.

Ni se me ocurre ya salir a buscar un taxi en la calle pudiendo geolocalizarme a través de la aplicación Uber, porque además, controlo cuánto va tardar, el recorrido que hace, el nombre y teléfono del conductor. Con el plus de no necesitar llevar efectivo encima, ni tarjetas, porque el cobro es automático. Y si necesito hacer cualquier gestión financiera siempre es en línea a través de mi banco; mi agenda de notas no necesita bolígrafo porque es Evernote; he gestionado acuerdos de colaboración laboral a través de LinkedIn pero también del chat de Twitter… y así podría seguir enumerando.

Todas estas empresas que he mencionado tienen algo en común: caben en la palma de mi mano. Las tengo todas centralizadas y operativas desde mi teléfono inteligente.

Un estudio de Juniper Research prevé que para 2017 más de 2.000 millones de usuarios habrán realizado alguna transacción a través de una tableta o dispositivo móvil. Estas empresas hacen la vida más fácil, pero es que, además, me fío de ellas y de los usuarios que las utilizan, comentan y comparten. Creo en el poder prescriptor de las personas y ellas serán el centro neurálgico del mercado en los próximos años.

El futuro seguirá cambiando a los individuos y sus dinámicas – lo que hacemos, somos, pensamos y expresamos– pero a la vez y lógicamente, las organizaciones de las que hacen parte. El futuro es el presente, pues estas formas de trabajo se seguirán acentuando, pero son una realidad hoy. Las empresas del siglo XXI no aprovechan solo la tecnología, sino que hacen la vida de las personas mucho más sencilla, incluso económicamente. 

Son ágiles, flexibles y fácilmente adaptables a los cambios; trabajan con una mentalidad líquida y sus estructuras, sus equipos incluso sus espacios de trabajo son abiertos. Definitivamente la sociedad del conocimiento, la revolución tecnológica, las mega tendencias, etc., obligarán a las empresas sólidas a transformarse en líquidas.

Y esto afectará a multinacionales, empresas medianas y pequeñas, sin importar que el negocio sea o no tecnológico, lo cual no quita que deberán estar digitalizadas, de cara al exterior y en sus organizaciones internas. Por eso a cualquier empresario, emprendedor, directivo o socio debería resultarle interesante saber cómo serán las empresas que sobrevivirán y tendrán un buen futuro. Y a todo empleado o autoempleado, también, para identificar correctamente las compañías con las que le convendrá trabajar y/ o asociarse, y saber cómo adaptarse a ellas.

Si las personas se preocupan por su empleabilidad, las empresas deben mejorar su adaptabilidad.  Algunas se extinguirán inevitablemente, otras entrarán en decadencia, otras no tanto y también las hay bien preparadas o cuyo producto o servicio encajará bien a las necesidades futuras.

Es prioritario para la empresa tener en cuenta temas como la innovación, la transparencia, la gestión en tiempo real, la eficiencia en los procesos, implementación de social business (la evolución de lo social en la empresa), la omnicanalidad,  la gestión de la reputación, la creación de una adecuada identidad de marca, el trabajo en red (networking)… el mundo se está haciendo cada vez más social y las empresas deben prepararse para ello. Aunque lo maravilloso –si me permiten esa expresión–  es que cada empresa sea capaz de innovar por sí misma y encontrar nuevas vías de trabajo que funcionen.

Esta es, sin duda, la gran evolución que los modelos de trabajo. Si la comunicación entre oficinas se hace por correo electrónico o videoconferencia, tenemos la nube para guardar y compartir todo lo que necesitamos, etc. Lo que menos importa es si los colegas están en la misma sala o tres países más lejos en el mapa.

Uno de los retos crecientes es el de aprender a gestionar esta manera de “trabajar en línea”.  Y, a diferencia de la soledad del trabajador en casa, de décadas anteriores, han proliferado los espacios de co-trabajo (coworking)  que permiten a estos trabajadores socializar así como compartir ideas y talento.

Si el trabajo virtual se pone a servicio de los intereses de los empleados y empleadores todos  ganan. El “transhumanismo” busca trascender los límites del presente y crear un futuro mejor para toda la humanidad. O a eso tiende. Al menos vale la pena intentarlo. Esperemos las buenas ideas para que las empresas se conviertan a abiertas y se adapten mejor a estos nuevos tiempos que ya están aquí.

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