Opinión

  • | 2016/04/29 00:01

    Mediocridad económica

    La economía mundial sigue sumida en esa nueva normalidad/mediocridad.

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La semana pasada hubo una reunión de transición del Banco Central Europeo, centrada en anunciar los detalles del programa de compra de deuda corporativa y en responder a los ataques indiscriminados que está recibiendo la autoridad monetaria europea tras sus últimas decisiones, especialmente desde Alemania. En una Eurozona con cada vez más diferencias entre norte y sur y entre deudores y acreedores, el espectáculo de las últimas semanas no ha sido muy edificante. Hacía mucho tiempo que un gran banco central no tenía que defender en público su independencia y sacar los trapos sucios a la luz, lo que sólo puede redundar en una pérdida de efectividad de las medidas que se han tomado en los últimos meses.

Es discutible, y probablemente no tengamos una respuesta concluyente hasta dentro de mucho tiempo, si el BCE y el resto de grandes bancos centrales han ido demasiado lejos con sus estímulos; pero lo que está claro es que ni la política fiscal, ni las reformas de oferta se han ajustado a lo que demandaba la situación económica tras la última crisis. Además, analizando dónde están situados los tipos de interés reales en las grandes áreas económicas (los que de verdad determinan el tono de las condiciones financieras), nos llevaríamos sorpresas.

Esto es así porque, utilizando como referencia los tipos interbancarios reales a tres meses, los niveles incluso están más bajos en EEUU (-0,27%) que en la Eurozona (-0,24%), cuando la economía americana está mucho más avanzada en la recuperación, como reflejan la tasa de desempleo, la brecha de producción (diferencia entre PIB observado y PIB potencial), etc. Además, los niveles actuales están bastante por encima de los existentes hace año y medio.

 Por lo demás, los mercados financieros parece que están otra vez invitando a arriesgar, a lo que están contribuyendo tres factores:

1) La sensación de que la economía mundial puede mantener este año su velocidad de crucero (2,5%), esta vez con una evolución trimestral de menos a más.

2) La aparente estabilización del precio del petróleo en unos niveles superiores en más de un 50% a los mínimos de principios de año.

3) Los datos de actividad en China, que reflejan una economía creciendo en la zona del 6,5%.

Así, la economía mundial sigue sumida en esa nueva normalidad/mediocridad, aunque también, para los que preferimos ver el vaso medio lleno hay que decir que el ciclo muestra una elevada resiliencia a todos los sobresaltos de los últimos dos años.

Especialmente interesante la semana pasada fue la digestión que hicieron los mercados a la falta de acuerdo en la reunión de productores de petróleo en Doha, reflejando la confianza en el reequilibrio tendencial de la oferta y demanda en el mercado, más allá de acuerdos puntuales entre productores. De hecho, que Arabia Saudí haya obtenido la primera línea de financiación bancaria (US$10.000 millones) en los últimos 25 años, pone de manifiesto la amenaza que suponía para todos los productores precios inferiores a US$30 (el país ha perdido en 18 meses más de US$100.000 millones en reservas de divisas).

Los principales beneficiados de este nuevo contexto están siendo los mercados y divisas emergentes, pero también las bolsas occidentales que, además, tienen menos presiones en el lado de la oferta por las ventas de los grandes fondos soberanos. Todo lo anterior, combinado con unos niveles de volatilidad muy bajos, refleja que las tensiones presentes desde el verano pasado parece que están aflojando. En este contexto, la principal amenaza en el horizonte es el Brexit…

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