Opinión

  • | 2017/06/16 00:01

    Me cansé de los discursos sobre buenas prácticas de gestión de talento

    A veces cuando leo sobre nuevas prácticas en la gestión del talento, me gustaría encontrar cosas útiles, más allá de recomendaciones simples revestidas de innovación.

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Las empresas que buscan actualizarse, se cansan de los “gurús” que narran de forma repetitiva sobre las nuevas prácticas en lo que a gestión del talento se refiere, sin nombrar a los investigadores de la materia que intentan implantar nuevas formas de trabajar sin llevarlo a la práctica, y hablo de quienes quieren romper con viejos paradigmas que anclan a las empresas al pasado en tiempos tan cambiantes y volátiles.

Quiero referirme a los “dinosaurios cognitivos”, que se aferran al estatus social (y psicológico) por haber pertenecido durante muchos años a departamentos de Recursos Humanos y que por eso creen tener la sartén por el mango en la vida de los empleados. Estos dictadores que creyeron que eran los únicos que podían decidir quiénes eran aptos para determinados cargos o que sin ningún temor cortaron cabezas dentro de las organizaciones, y que hoy en día tienen dificultad para sostener un “estado de bienestar”.

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Afortunadamente, las nuevas generaciones se han dado cuenta de que esa forma caduca de gestionar personas, está oxidada, muerta, desgarrada, y que es necesario cambiarla de inmediato. Pero la mejor forma no es con conferencias, largos artículos o charlas magistrales, lo que se necesita es actitud, esa que día a día debe aparecer para saltar obstáculos y enfrentar nuevos retos.

A un profesional de la gestión del talento, quisiera que le contaran la verdad de lo que va a encontrar cuanto pretenda poner en marcha, esas buenas prácticas en las organizaciones con y para las que trabajan:

  • Que sepan de antemano, que deberían conocer (o crearla si no existe) a la perfección la misión, visión y valores de la empresa, su estrategia y estilo para poder formar parte de ella de manera genuina. Es decir, que tendrían que conocer sobre la dificultad que van a encontrar al intentar formar parte de las decisiones cruciales que tomará su organización, que sepan que no les será fácil hacerse su propio espacio y, que les costará lograr que les escuchen aquellos a quienes ellos pueden hacer tambalear su equilibrio y comodidad.
  • Agradecerían que los dejasen estar donde deben estar: entre las personas que forman la organización. Que sepan que su sitio no es la oficina, ni el último y alejado piso con hermosas vistas, al menos gran parte de su tiempo, no lo es. Su lugar está donde se hacen las cosas, donde surgen los conflictos, donde está la información, donde se desarrollan los procesos, donde nacen las relaciones. Ese es su lugar: por favor, díganles que se muevan por donde se necesite y cuando necesite, no estando aislado entre barrotes de oro.

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  • Les encantaría que los ayudasen a sobrellevar, las risas y bromas que tendrán que presenciar cuando traten de implantar los nuevos métodos respecto a cómo tratar al empleado, cómo evaluarlo y retroalimentarlo, sobre los cambios necesarios en la forma de comunicarse. Así sería más fácil para ellos, sabiendo que es muy posible que sean rechazados por aquellas personas de la empresa que los verán como su enemigo, al provocar que su estabilidad y estancamiento se vean afectados.
  • Necesitarían que les ayudaran a quitarse el sobrenombre de optimistas sensibles, la pesada “etiqueta” de inexpertos, que parece cernirse cada vez que mencionan que son psicólogos y que se dedican a la gestión de las personas. Que les valoren los aportes técnicos, procedimientos, métodos, números y hasta gráficos, de lo que un cambio en el enfoque hacia las personas y su talento en las organizaciones podría generar. Que entiendan que trabajar con y para las personas en las empresas no significa dejar a un lado la profesionalidad, productividad y efectividad.
  • Por último, desearían saber cómo hacer entender a sus empresas que para poder desarrollar su trabajo correctamente y obtener los mejores resultados, necesitan respeto, tiempo y recursos, en ese orden. Que no podrán realizar aquello para lo que se les ha llamado si su figura no es respaldada y apoyada por la Dirección, al mismo tiempo que necesitan emplear tiempo y recursos para poder conseguir los objetivos planteados. Agradecerían los consejos para saber cómo hacer comprender a la Dirección que, si es rápido y barato, no será profesional.

Así que, en el próximo artículo o charla sobre cómo gestionar personas y talento, espero encontrarme temas sobre la caducidad del sistema actual, sobre su obsolescencia y el daño que les está haciendo. Que descubra ideas, sobre lo difícil que va a ser generar ese cambio de paradigma y mentalidad oxidada, entre la cantidad de personas que siguen aferradas a sus corbatas y zapatos negros de “Recursos Humanos”.

Así me animaría a formar parte de esta transformación tan necesaria. Porque yo sé, que valdrá la pena.

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