Opinión

  • | 2016/08/14 00:10

    Más mensajes de confianza y menos cuentas alegres

    El Gobierno debe encontrar el mejor balance entre la reducción del gasto y una buena reforma tributaria para que envíe las señales correctas sobre su manejo fiscal a todos los sectores productivos del país.

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Como era de esperarse después del paro camionero y el desabastecimiento de alimentos vividos en julio, el IPC de ese mes tuvo una variación del 0.52% y la inflación de los últimos 12 meses ya es del 8.97%. Hoy son lejanos los supuestos de inflación para el 2016 y el 2017, de 6.5% y 4% respectivamente, con los que el Ministerio de Hacienda construyó sus estimaciones fiscales y el presupuesto nacional de la próxima vigencia.

Así como van las cosas, es más que probable que terminemos el año con una inflación cercana al 9%. Se anticipa un período prolongado de altas tasas de interés y, en este contexto, el Gobierno Nacional no tiene otra alternativa que ajustar el gasto público para solucionar el dilema de presentar una reforma tributaria estructural que no menoscabe aún más la demanda interna y nuestro crecimiento económico.

Pese al hecho de que el Banco de la República ha venido incrementando la tasa de intervención desde septiembre del año pasado, llevándola de 4.50% a 7.75%, aún continuamos con una inflación que no muestra signos de debilitamiento. Si bien los esfuerzos del emisor nos permitieron cerrar el 2015 con una variación en el IPC del 6.77%, en apenas siete meses de este año ya vamos en 5.65% y la medición de los últimos 12 meses, a saber 8.97%, es la más alta desde octubre del 2000.          

A cinco meses de que cerremos el año, no es descabellado pensar que el 2016 acabará con un encarecimiento de los bienes y servicios cercano al 9% y que en el 2017 tampoco estaremos dentro del rango meta de inflación establecido.  En su último informe sobre las perspectivas de la economía colombiana, el Banco de la República vislumbra claramente que la convergencia a la meta de inflación no se alcanzará en el mediano plazo, al establecer la probabilidad de que terminemos en el 2017 con una inflación superior al 4% en un 58%. El emisor también es claro en señalar que las tasas de interés se mantendrán por un largo periodo en el nivel actual o muy posiblemente en niveles superiores con el fin de garantizar la convergencia a la meta de inflación.

Al tener un aumento continuo y persistente de los precios como observamos en nuestro caso, se crea incertidumbre sobre la capacidad de compra futura de nuestros ingresos y toda decisión que tomemos tenderá a incorporar la expectativa de este incremento en los precios. Así las cosas, se cobrarán mayores salarios y se subirán aún más los precios, presionando mayores intervenciones por parte del Banco de la República. Este panorama de altas tasas de interés e inflación por las nubes genera consecuencias directas sobre la demanda interna, el empleo y el crecimiento de la producción afectando directamente el desempeño económico.

En este escenario tan complejo, se impone la necesidad de que el Gobierno Nacional, de una parte, ajuste el gasto público y, de otra parte, presente una reforma tributaria que además de mejorar los ingresos de la nación genere estímulos reales a la inversión, promueva el crecimiento y no deprima aún más la demanda interna. Las dificultades a superar son complejas y tenemos solo una salida viable, el Gobierno debe encontrar el mejor balance posible entre la reducción del gasto y una buena reforma tributaria, de manera tal que envíe las señales correctas sobre su visión de largo plazo y seriedad en el manejo fiscal a todos los sectores productivos del país y a la comunidad internacional.

Una política fiscal coherente con nuestra realidad macroeconómica, disminuiría la presión existente sobre la política monetaria y evitaría mayores alzas en las tasas de interés. Esto mejoraría las perspectivas de la economía colombiana, y contribuiría a alejar las dudas que las calificadoras de riesgo y otros agentes tienen sobre nuestra capacidad de sortear esta crisis inflacionaria sin sacrificar en exceso el desempeño de nuestro crecimiento económico.

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