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Profesor Germán Retana

| 5/6/2013 11:00:00 AM

¿Marco diferencia?

Cada persona tiene sus razones íntimas para hacer bien su trabajo, pero el común denominador de las mismas es el reto. Sin ese desafío o motivo de fondo será difícil tener pasión por lo que se hace y, sin ésta, es imposible marcar una diferencia significativa. Opinión de Germán Retana.

por Germán Retana

¿Cómo reconocer si en nosotros u otros está presente el deseo de un desempeño superior?

"El hábito no hace al monje". El título, rango o posición jerárquica no ennoblece a nadie. En cambio, enfatiza Martin Luther King, "todo trabajo que enaltece la humanidad tiene dignidad e importancia, y debe emprenderse con excelencia esmerada". Agregar valor a los demás y hacerlo al máximo nivel realza un trabajo y a las personas que lo ejecutan en forma extraordinaria, al lado de otros que lo realizan apenas por cumplir.

Todos deseamos ser valiosos, nos lo reconozcan o no, y eso depende de que dignifiquemos nuestra labor. En el mundo de las organizaciones se escucha con frecuencia, que ningún trabajo es insignificante, pero que hay quienes por error se creen insignificantes al hacerlo.

Curiosamente, la palabra servicio proviene del latín "servus" (esclavo, siervo) o "servitium" (estar a la disposición de los demás). Marcan diferencia quienes siempre piensan con anticipación qué necesitan sus clientes internos y externos, los que satisfacen esas necesidades en un modo sorprendente, más allá del deber, y sin reclamar recompensas. Saben que la consecuencia de un trabajo bien hecho es la demanda para hacerlo más y mejor, entonces nunca habrá preocupación por el mañana. Lo bueno siempre crece.

Los egresados de las universidades deberían preocuparse menos por encontrar empleo, que por ser realmente empleables, diría el especialista en servicio, Mark Sanborn. En las empresas no ascienden quienes se obsesionan con llegar a las máximas posiciones, sino los que hoy cumplen sus responsabilidades con total esmero, agregando valor a sus semejantes en cada momento.

El secreto de los que progresan es que dedican más horas que sus compañeros al análisis creativo de cómo hacer las cosas, cada día, superándose a sí mismos. Con esa disciplina siempre se mantienen inmunes ante el virus de la mediocridad, que se multiplica en los oscuros rincones del conformismo.

Si la pasión por levantarse temprano e ir al trabajo se extingue, es porque ha llegado la hora de cambiarlo o de innovarse al hacerlo. La inspiración surge al constatar que se suma en la vida de otros, que complace mirarles triunfar producto del peldaño que se les ofrece y que todo eso repercute a favor de la conciencia propia.

Por eso es saludable repasar esta pregunta cada noche: ¿Hoy, para quién, haciendo qué, marqué una diferencia constructiva? Y si la respuesta no es positiva, entonces la revancha llegará al día siguiente, pero esa es una decisión estrictamente personal.

* Profesor Incae Business School

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