Opinión

  • | 2016/06/19 00:01

    Los primeros 1.000 días de los ODS ¡A prender motores!

    ¿Qué nos hace falta y qué hay que hacer para que los ODS logrén ser una agenda exitosa al año 2030?, ¿qué podemos hacer para mantener la energía y el entusiasmo en la agenda por parte de los gobiernos y el sector privado?, ¿cómo podemos pasar del discurso a la acción?

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Los primeros 100 días es un periodo de tiempo en el cual se miden los logros de un presidente o un gobernante, y es considerado por muchos como un predictor de lo que será el resto de su mandato. Desde la adopción por parte de 193 país de la agenda 2030 con sus 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y 169 metas el 25 de Septiembre 2015, han pasado cerca de 240 días, y aunque ha habido progreso en la adopción de estos, necesitamos más fuerza para arrancar, es por esto que se ha identificado como crítico lograr avanzar en la implementación antes de los 1000 días de los ODS.

El centro de Pensamiento Estratégico International (CEPEI), el Overseas Development Institute (ODI) del Reino Unido, y la red de 49 think tanks Southern Voice organizaron en Bogotá los días 14 y 15 de Junio 2016 los diálogos regionales de América Latina sobre los 1000 días de los ODS. En este evento participaron cerca de 50 invitados representantes de gobiernos, sociedad civil (ONGs, y academia), y sector privado de los países de Latino América y el Caribe.  Este dialogo regional es una continuación del trabajo que se ha venido realizando en Asia y África, y puede seguirse el progreso en redes sociales bajo el hashtag #StartingStrong.

América Latina y el Caribe es una región compuesta por 33 países, altos niveles de inequidad, y 33 millones de personas viviendo en pobreza extrema. Philipp Schönrock, Director de CEPEI, analiza que hay diversos instrumentos para la implementación de una gestión orientada en modelos de desarrollo como lo son: las visiones a largo plazo, las agendas presidenciales, y la estrategia de lucha contra la pobreza.

Para Mara van Loggerenberg, de la Fundación de las Naciones Unidas, para mantener la energía y el entusiasmo en la agenda de desarrollo sostenible al año 2030, “es necesario consolidar un circulo virtuoso que tenga consigo transparencia a nivel global, trabajo colaborativo, medir progresos tempranamente para poder corregir rumbos, apropiación con reforzamiento positivo, celebrar progresos, identificar pioneros, establecer sistemas de incentivos,  y lograr inspirar a otros a actuar”.

A diferencia de la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015), los ODS tienen un enfoque “no dejar a nadie atrás”. Explica Paula Lucci, oficial de investigaciones de ODI, que esto implica focalizarnos en grupos marginales e incorporarlos dentro de las soluciones, y que este enfoque tiene un reto particular dado el contexto de un crecimiento económico lento internacionalmente, y es por esto, es crítico una identificación sobre “¿cuáles son las políticas y acciones para alcanzar los grupos marginales?”.  Para Javier Surasky de la Universidad Nacional de la Plata en Argentina, “los incentivos que se establezcan deben ser pensados por la lógica de no dejar a nadie atrás, esto quiere decir considerar representación de todas las personas y a todos los grupos de interés”.

En el caso de Colombia, como lo plantea Felipe Castro del Departamento Nacional de Planeación (DNP), “el corazón de los ODS es la construcción de paz”. Colombia es uno de los países de la región con más protagonismo en el diseño, adopción e implementación de los ODS. No solamente fue Paula Caballero, exDirectora de Asuntos Económicos de la Cancillería colombiana que en la conferencia Rio+20 en junio 2012, quien propuso los objetivos de desarrollo sostenible para dar continuidad a la agenda de los ODM, sino que el país ha dotado a los ODS de institucionalidad mediante la creación de una secretaría y un comité técnico de ODS, una comisión interinstitucional de alto nivel en donde se ha desarrollado un programa artículo de identificación de indicadores de cumplimiento de metas, territorio, movilización de recursos, comunicación y apropiación social de la agenda, y el posicionamiento e incidencia internacional de esta agenda. Además de esto, la estrategia de implementación de Colombia está compuesta por un mapeo, priorización, definición de metas país y acciones adicionales.  

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