Opinión

  • | 2016/11/24 00:01

    Los pitillos y la Van der Hammen

    En este mundo tan extremadamente democrático, le estamos amarrando las manos a nuestros gobernantes (esos que elegimos por ser disque los mejores), cediendo nuestro futuro a modas que crecen como espuma en las redes.

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No sé si le han hecho seguimiento al debate entre el distrito y los ambientalistas por el tema de la reserva forestal de Van der Hammen que por momentos se ha vuelto un conflicto que empieza a rayar en los personal entre ellos mismos y el Alcalde Peñalosa fustigados por supuesto por el ex alcalde Petro que se cuelga de cualquier crítica que se le haga al Gobierno actual.

Le hecho seguimiento cercano al debate primero porque como Bogotano me interesa como a todos los ciudadanos de esta caótica ciudad cualquier  solución planteada que mejore nuestra calidad de vida, y desde lo teórico porqué me inquieta revisar los cambios de visión tan necesarios en cualquier ámbito cuando las cosas no están funcionando bien.

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Tuve la oportunidad de asistir a alguna de las reuniones que el distrito ha realizado para socializar el proyecto del norte de Bogotá. Este es sin duda uno de los proyectos bandera del alcalde y su equipo para darle espacio al desarrollo urbano de la ciudad, en este caso hacia el norte de la ciudad, que permitirá la inclusión planificada de más de 132.000 familias que hoy están siendo desplazadas a municipios vecinos.

Durante décadas Bogotá no ha realizado inclusión de tierras (se nos acabaron) y por supuesto empezamos a no caber. La gente sigue llegando a la ciudad, las personas siguen formando hogares, y lo único que hemos visto es cómo, en todos estos años el suelo urbano se nos ha encarecido de manera absurda lo que en la práctica forza el desplazamiento hacia municipios aledaños.

El POZ Norte es un ejercicio serio, que sin demeritar los esfuerzos de administraciones anteriores (la de Petro fue la densificación desordenada), pretende diseñar un plan concreto para construir un escenario ordenado, y cuando digo ordenado incluye vías, ciclo vías, espacio público, colegios, transporte, etc,  que den cabida al crecimiento desmedido que tiene nuestra capital.

En la mitad de este ejercicio se atraviesa de nuevo la discusión sobre la  Van der Hammen que es un tapón que decidieron crear los expertos de turno, para mantener humedales y proteger la fauna existente. Como lo ha explicado el distrito en muy variados escenarios y el alcalde en persona ante diferentes medios, la realidad de la reserva es bien distante a la que se propuso en su momento. Nuestra debilidad institucional permitió como suele pasar en este país que la reserva se colonizara de hecho quedando convertida hoy en un remedo del sueño del ecologista holandés al que se le debe su nombre.

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La propuesta del distrito es seria. Sin entrar a pavimentar toda  reserva como se le quiere hacer ver, está tratando de concertar la viabilidad de destaponar la ciudad dando paso a vías totalmente necesarias, compensando con creces los metros que le quita con parques y espacios incluyentes que puedan ser disfrutados por el ciudadano de una parte, y desviando el tráfico pesado que hoy desbarata el flujo de la ciudad contaminando de paso para hacer de esta una ciudad lógica, de grandes circuitos viales, que nos den orden pero sobre todo futuro.

El problema de estos temas, es que la mayor parte de la gente, sin estudiar el tema con el juicio que demanda, se casa con causas que están de moda y ser ambientalista y verde es una de ellas, sin pensar en grande y evitando de esta manera que se construyan visiones de largo plazo que no solo son necesarias sino que de paso generan como en este caso el efecto contrario a lo que se les critica, es decir un ambiente más saludable.

En este país de absurdos, la democracia llevada a su límite, esta taponando el desarrollo. Henry Ford decía que si hubiera preguntado a la gente que qué quería, le hubieran dicho que caballos más rápidos. Menos mal no le hizo caso a la sabiduría popular. Hay momentos en la historia en donde los líderes vanguardistas deben forzar una visión incluso en contra de sus administrados cuando tiene evidencias de estar haciendo lo correcto.

Algo similar está pasando con los pitillos. Se volvió de moda no usarlos. Ya lo miran a uno mal en un restaurante cuando se le pide al mesero un pitillo porque disque estamos “asesinando tortugas”. Hágame el favor. El pitillo es un elemento de aseo, para eso se inventó, y existen mil maneras de evitar que lleguen a las gargantas de las tortugas;pero no, aquí hay que cortar de raíz quebrando de paso a las muchas familias que viven de su fabricación y que han dado todo tipo de fórmulas para su reciclaje.

En este mundo tan extremadamente democrático, le estamos amarrando las manos a nuestros gobernantes (esos que elegimos por ser disque los mejores), cediendo nuestro futuro a modas que crecen como espuma en las redes. Es más cómodo afiliarse a causas que están “in”, que tomarse el trabajo de estudiar a fondo las propuestas que como en este caso son bastante serias. No es un tema de pragmatismo: la propuesta de Peñalosa y su equipo tendrá un impacto ambiental con creces más benéfico para la fauna, la flora y los ciudadanos que la hoy apagada y contaminada reserva.

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