Opinión

  • | 2014/11/24 16:00

    Empresarios pagan alto costo de la expectativa de paz

    El actual gobierno tiene un déficit muy alto y está apretando el presupuesto por todas partes. Opinión de Gonzalo Gómez-Betancourt.*

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El desconcierto de los empresarios se debe a que la desmedida carga tributaria que se les está imponiendo, los hace pensar que el presidente Santos parece haberse ensañado con ellos, a pesar de ser quienes más han dado soporte a todas sus iniciativas, principalmente al proceso de paz.

La reforma tributaria que actualmente cursa en el congreso, sumado a otras medidas como la declaración de Paraíso fiscal a Panamá que luego fue revocada ante el compromiso de ese país de intercambio de información financiera con el gobierno colombiano, deja un sabor agridulce en el empresariado nacional, pues si bien el actual Gobierno, ha manifestado que con esta medida no va detrás de los empresarios respetables, sino de los evasores y corruptos, tendrá repercusiones grandes para todos aquellos que crearon empresas en ese país en las dos décadas anteriores, acosados por el recrudecimiento del conflicto interno que se vivía con mayor intensidad en ese momento.

Si analizamos a fondo la situación, muchos empresarios sacaron su patrimonio de Colombia a otros países, entre ellos Panamá, como una medida desesperada para tratar de salvaguardar lo que habían construido durante años de trabajo y dedicación a sus negocios, ante una situación económica de total incertidumbre y de la ola de secuestros y extorsiones que fueron víctimas y que para muchos, desafortunadamente aún está latente.

Es por esta razón que la actitud del gobierno, de tratar de obligar a los empresarios a informar su capital con amenaza de cárcel a quien no lo haga, ha generado en empresarios comprometidos con este proceso de paz, una sensación de malestar y desazón que personalmente he podido evidenciar en juntas directivas, reuniones sociales y hasta en las aulas de clase, donde los directivos de muchas compañías lo manifiestan abiertamente.

Recuerdo que en tiempos del proceso de paz emprendido en el Gobierno de Andrés Pastrana, un empresario me decía que en Colombia era muy difícil hacer empresa, entre otras cosas, por la desconfianza que generaban todos esos intentos fallidos de acuerdos de paz y que por esa razón quería sacar todo su patrimonio del país. Le pregunté que si fuera a medir en porcentaje su grado de confianza, cuál sería, me respondió que máximo un 30%. Le aconsejé que no sacara todo su patrimonio, que al menos dejara ese 30% e internacionalizara su empresa con el resto, así lo hizo, expandiéndose por toda Centroamérica. Como él fueron muchos los que crearon empresa en países como Panamá, Costa Rica, al igual que Perú o Chile, que generaban una gran expectativa y fueron los sitios donde nuestros empresarios empezaron a diversificar el riesgo.

En ese momento, tal como sucede ahora, muchos tenían miedo de perder sus patrimonios por posibles expropiaciones, como ha pasado en Venezuela. Si bien lo considero casi imposible porque tenemos unas instituciones fuertes y el Presidente Santos ha sido enfático en decir que no ocurrirá, en Colombia sigue habiendo desconfianza porque no podemos decirnos mentiras, se sigue atentando de muchas formas contra la vida, honra y bienes de los colombianos. Al igual que le pasa hoy a los empresarios venezolanos, esa situación de incertidumbre con respecto a lo que va a pasar con la guerrilla, ha hecho que varios de nuestros más destacados empresarios, empezaran a crear estructuras legales internacionales para mantener su dinero no visible frente a los grupos al margen de la ley, por eso grandes patrimonios hoy están afuera.

Como en Colombia es una obligación declarar todo el dinero que se tiene fuera del país, se han visto casos de empresarios que lo han declarado y que sus datos han sido revelados por funcionarios corruptos o cómplices de delincuentes que han vendido esta información a la guerrilla. Al ser Panamá un país que mantenía sigilo bancario, además al estar tan cerca de Colombia, compartiendo además el mismo idioma, se convirtió en el preferido para invertir, por su estructura en el manejo de capitales y porque además no se pagan impuestos, sin embargo aún no hay claridad sobre lo que va a pasar una vez se levante para los colombianos este sigilo bancario.

Si la nueva reforma tributaria logra pasar, lo que está pretendiendo el gobierno es quedarse con más dinero de cada empresa que los mismos accionistas, pues al sumar el mal llamado impuesto a la riqueza que es un verdadero exabrupto, más todos los demás impuestos, estamos trabajando para un Estado en cuya estructura no hay ningún equilibrio entre lo que pide y lo que da. Si el fin es mejorar la infraestructura del país, la situación de pobreza extrema y lograr la tan anhelada paz para los colombianos, lo que están haciendo para conseguirlo, es sacarles hasta el último peso a los empresarios, que son quienes trabajan intensamente para producir recursos y generar empleo. Si bien muchos empresarios tienen gran respeto por el Ministro Cárdenas, la gran mayoría considera que con esta reforma sí se le están yendo las luces, pues como se dice coloquialmente, está pateando la lonchera.

Vale la pena preguntarse y los grandes patrimonios que tienen las FARC, que según la revista Forbes, es uno de los grupos terroristas más ricos del mundo, con un capital que asciende a 600 millones de dólares, pero que según una investigación de la universidad de los Andes, es muchísimo mayor y puede estar en los 1500 millones de dólares, ¿dónde está ese dinero?, ¿Hay algo de este tema ya firmado en La Habana? ¿El gobierno le ha exigido a las FARC dar cuenta de ese dinero? Sin duda la gran mayoría está en los paraísos fiscales.

¿Que pueden sentir los empresarios a quienes se les exige dar cuenta de todo su capital con lo que para ellos conlleva esta situación? ¿Qué pasará con compañías como Argos, Bancolombia, que operan también en Panamá? ¿Quizás se verán obligadas a desmontar su infraestructura para no entrar en pérdidas?

Creo que en Colombia hemos entrado en una situación muy difícil, porque estamos detrás de lo que se llama paz, pero que en el proceso, los empresarios son los que ponen la plata, mientras los insurgentes, que la tienen en Suiza y en otros paraísos fiscales, reciben toda clase de beneficios económicos y políticos.

Colombia va a terminar con una tasa impositiva entre el 70% y el 80% de los ingresos, con lo cual va a convertirse en uno de los países más onerosos del mundo en materia de impuestos, con un agravante mayor, que los colombianos de bien que pagamos esos impuestos, no vemos los beneficios por ninguna parte. Los empresarios ya han comenzado a pensar en cerrar sus compañías porque no hay como sostenerlas con una carga tan alta.

Si terminamos este análisis con los resultados del 2014, no fue un buen año para la industria nacional, hay unos subsectores que no lograron recuperarse. Además de lo anterior, viene el impuesto a la riqueza que para muchos será del 1.5 y no será descontable, más las normas contables internacionales que harán incrementar el valor del patrimonio, con lo cual estamos en un ciclo perverso para el empresario.

Frente a una de las tantas campañas que el Gobierno y muchos empresarios convencidos con la causa están promocionando actualmente en los medios de comunicación como la “¿De qué soy capaz?” he escuchado a muchos empresarios comentar: “¿Por qué tengo que dar yo el primer paso, quedando con altísima vulnerabilidad frente a todas las instituciones mientras la guerrilla no da muestra ni de dejar las armas ni de explicar qué hacen con la plata que tienen? Mientras tanto, los que ponemos dinero somos los colombianos honestos.

Estos últimos meses del 2014 han sido muy difíciles para los empresarios que realmente sueñan con la paz y para todos aquellos que no consideran que este apretón fiscal sea justo, pues los están haciendo sentir como si ellos fueran los delincuentes que están escondiendo sus capitales.

Hecha la ley, ya son muchos los que se están preparando para ser menos visibles porque no hay claridad absoluta del proceso de paz. Un empresario me decía con verdadera preocupación: “Gonzalo fuera de todo esto, tenemos que recibir a los guerrilleros como empleados. A las empresas que lo hagan se les darán beneficios tributarios, ¿qué es esto?, por un lado nos aprietan económicamente y por el otro, casi que nos obligan a que tengamos en nuestras compañías ex guerrilleros, que a lo mejor fueron los mismos que en el pasado nos secuestraron.

El gran reto ahora es encontrar el camino para no reventar la actividad productiva del país, con el ánimo de conseguir recursos para la tan anhelada paz. Los empresarios tienen un límite, que está a punto de rebosarse. Si bien es cierto que el mundo va hacia economías transparentes, lo cual es el camino ideal, hay que buscar fórmulas más expeditas para visibilizar los patrimonios, sobre todo en tiempos en los que a los guerrilleros prácticamente se les ha prometido que no habrá cárcel para ellos. Esto es una reflexión en pro de que se logre un acuerdo de paz, pero justo y equilibrado para todos.


* Director de Executive Education Inalde Business School
Universidad de La Sabana
gonzalo.gomez@inalde.edu.co


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