Opinión

  • | 2017/03/03 00:01

    Los emergentes vuelven a despertar interés

    Sin embargo, Colombia se encuentra en el grupo con más dificultades.

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El protagonismo ganado por los emergentes en las últimas dos décadas fue perdiendo fuelle tras el anuncio del “tapering” en EE.UU. por parte de Bernanke en junio de 2013. La fiebre de los BRICS provocó un flujo de entrada de capitales muy intenso en estos países, en muchos casos con escasa discriminación, lo que se terminó reflejando en: valoraciones muy exigentes, excesos de endeudamiento en divisas y apreciaciones muy intensas de los tipos de cambio que mermaron la competitividad de muchos países.

Ante las primeras señales de cambio de rumbo en la política monetaria americana, se produjo el clásico movimiento de "stop and go" en los flujos de capitales, provocando importantes correcciones en los mercados financieros y en los tipos de cambio. Los efectos de la reasignación de las carteras mundiales de inversión se vieron intensificados por la caída de las materias primas y el cambio de tendencia en el comportamiento del comercio mundial. A este empeoramiento de los condicionantes externos se sumó la incapacidad de las políticas económicas internas para regular los flujos de capitales, reducir la dependencia de las materias primas o poner en marcha reformas económicas de segunda generación. Sin olvidar la persistencia de niveles elevados de riesgo político.

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La llegada de Trump no hizo sino empeorar las expectativas, pues la combinación de subidas de tipos más intensas en EE.UU. para compensar los efectos de una política fiscal expansiva, con un aumento del proteccionismo en la primera economía del mundo, no era sobre el papel la mejor fórmula para este tipo de países. Sin embargo, frente a lo esperado y en medio del incremento generalizado en el apetito por el riesgo de los inversores, el dinero retorna a los emergentes. Las primas de riesgo han retrocedido hasta mínimos de dos años (335 puntos básicos), el índice MSCI sube un 10% en lo que llevamos de año y las divisas registran importantes avances respecto al dólar (5% en el caso de las principales latinoamericanas).

Detrás de este comportamiento se encuentra el proceso de "risk on" de los inversionistas, apoyado por la consolidación de la tendencia de reflación global, especialmente en su vertiente de recuperación de la inversión y de las materias primas ligada a la recuperación de la demanda global. En lo que llevamos de año, destaca el impulso del acero (+25%), del zinc (+14%), del aluminio (+11%) y del cobre (+10%). El oro también está creciendo con fuerza (+8%) aunque, en este caso, debido a su condición de activo refugio y de cobertura frente a la inflación.

A pesar de esta evolución positiva, la elevada incertidumbre política que amenaza este año al escenario global aconseja reforzar la diferenciación por países en las decisiones de inversión, sobre todo, si la evolución es hacia una economía global menos integrada. Según avance el año, los fundamentos económicos de cada país/región ganarán peso frente a las tendencias globales. Las economías más cerradas, menos sensibles a las políticas proteccionistas y antinmigración que puedan ponerse en marcha en EE.UU., y sin debilidades externas significativas aparecen como las favoritas para 2017. En este caso se encontrarían India, Brasil, Rusia y la mayoría de Europa del Este, dado que son economías con relaciones comerciales y flujos de inmigración con EE.UU. muy limitados y poco sensibles a una apreciación del dólar (incluso pueden verse beneficiadas, como en el caso de muchos países de Europa del Este).

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Por otro lado, las perspectivas para las economías con una posición externa sólida, aunque más abiertas y sensibles a EE.UU., como Chile, Perú o buena parte de los países asiáticos, incluyendo a China, tampoco deberían ser necesariamente negativas: las restricciones comerciales podrían verse contrarrestadas por el impulso positivo de un mayor crecimiento en EE.UU. y por precios de las materias primas más elevados (Latinoamérica). Las perspectivas parecen más negativas para las economías muy dependientes de la financiación exterior y con una posición externa más débil, teniendo en cuenta las expectativas de política monetaria en EE.UU. En este último caso se encuentran Venezuela, Turquía, Hungría y, si las materias primas no consolidan la mejora, cabría esperar una diferenciación negativa también de buena parte de países exportadores que mantienen elevados déficits por cuenta corriente, como Colombia, Argentina, Angola o Sudáfrica, entre otros.

Finalmente, hay casos especiales como México, donde a corto plazo dominarán las tendencias negativas por su elevada exposición a EE.UU., aunque la infravaloración de la divisa (60% frente al dólar según el índice Big Mac) empieza a situarse cerca de niveles atractivos para invertir. Algo parecido a lo que ha pasado con Brasil, donde después de la penalización de los últimos años, el real se ha convertido desde el verano en la divisa favorita para el "carry trade".

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