Opinión

  • | 2017/08/31 00:01

    Liderazgo: La trampa de la rentabilidad

    "Las utilidades no son el propósito de un negocio, son la prueba de su validez” – Peter Drucker

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Monster anunció recientemente la salida de su CEO, Sal Iannuzzi. Crónica de una muerte anunciada para un Monster que veía consistentemente decrecer su participación de mercado, reducir su crecimiento y bajar el precio de su acción, mezcla diabólica en un mercado que perdona tal vez una pero no las tres variables juntas.

La realidad sin embargo es que Monster, que venía perdiendo espacio frente a plataformas tecnológicamente más avanzadas como LinkedIn, no sacrificó a Iannuzzi por deficiencias en su capacidad estratégica, lo dejó ir por falta de liderazgo, y una desalineación absoluta con los valores de la empresa y de su fundador, cuyo mantra todavía cuelga de las paredes:”La mitad es acerca de un mejor trabajo, la otra mitad acerca de una mejor vida”.

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Traigo el ejemplo de Iannuzzi  porque es clásico en el mundo empresarial, cuando por razones diversas el tamaño de la organización, o la sucesión familiar interna o el reto de competidores entrantes “demandan” talento que por un tiempo genera los resultados esperados, pero entra luego por circunstancias diversas en la trampa de la rentabilidad y los márgenes, que lo obliga a desviarse de aquello que dio origen o hizo exitosa a la compañía en el pasado.

En la última reunión de Iannuzzi con toda la organización no mencionó una sola vez a sus clientes, los buscadores de empleo. Se refirió en cambio a que el único objetivo de la nueva estrategía era la de incrementar el precio de la acción. No mencionó nunca como mejorar el servicio, ni innovar en producto, ni entrar en nuevas geografías,…nada, solamente mejorar la rentabilidad: El negocio ya no era el de ayudar a mejorar la vida de la gente, era simplemente hacer dinero: ¡fin del sueño!.

Enfocarse en la rentabilidad antes que en el propósito es un error clásico de liderazgo que se desvía de manera importante de los motivadores del ser humano. Si bien la falta de dinero puede llevar a la gente a hacer todo tipo de locuras, está más que probado que no es, al menos no debería ser, el motivador central de equipos que viven otra realidad emocional:

– La gente quiere propósito y significado en su trabajo

– La emoción impulsa el comportamiento

– Las palabras del líder realmente importan

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En el mundo empresarial de hoy, lleno de información y de capacidad de los empleados para comparar, nunca ha sido más relevante la seducción del propósito. Lejos están los días en donde la gente servía a un caudillo. Hoy, son los sueños los que mueven el mundo, y esa afiliación y pertenencia que logra el propósito (sobre todo en las nuevas generaciones), es traicionada de forma grave por aquel que se atreva a violentarla poniendo en frente solamente el signo pesos.

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