Opinión

  • | 2016/04/22 00:01

    Liderazgo escolar y calidad de la educación

    El liderazgo escolar de los rectores tiene enorme importancia en la gestión pedagógica de las instituciones escolares, en la motivación de los docentes y padres de familia y en los resultados que obtienen los estudiantes en la calidad de la educación.

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Una de las debilidades de nuestro sistema educativo lo constituye la escasa formación de los directivos docentes en los temas de liderazgo, gerencia y en general en gestión educativa. De manera especial me refiero a los rectores, directores y coordinadores de los colegios de educación básica y media, quienes en el caso de la educación oficial administran un sistema que atiende A 8,5 millones de estudiantes, con un equipo de 310.000 docentes y cerca de 30.000 funcionarios de apoyo administrativo. Para valorar las responsabilidades que tienen los 10.000 rectores y directores de los establecimientos educativos oficiales, señalo que un colegio de 1.500 estudiantes cuenta con un equipo de 75 docentes y por lo menos 3 personas de apoyo, además, en este caso, el rector dirige una comunidad educativa que trabaja e interactúa con más de 2.000 padres de familia.

Sin embargo, existen enormes diferencias entre las funciones y responsabilidades de los rectores de Colombia cuando se comparan con los directivos docentes en otros países. La mayoría de los rectores de la educación oficial de los países desarrollados participan en el nombramiento de los docentes, tienen capacidad de control y de sanción de los maestros, manejan de manera directa recursos financieros y el sistema busca que su principal preocupación se relacione con los temas educativos y pedagógicos.

En Colombia los rectores no participan en la selección del personal docente y administrativo que trabaja en los colegios. Tampoco, ellos cuentan con recursos financieros para promover acciones importantes de desarrollo educativo, por ejemplo, un colegio con 1.000 estudiantes tiene un presupuesto de menos de $100 millones, con los cuales el rector y su equipo directivo debe garantizar el mantenimiento básico de edificios con más de 5.000 m2 de construcción, la dotación básica del material educativo y de oficinas de las instituciones escolares, y en el caso que alcancen dichos recursos, ellos deben apoyar la realización de proyectos educativos de los maestros y estudiantes.

Luego la posibilidad que tienen los rectores de la educación oficial para gestionar y resolver problemas básicos de sus colegios es mínima, ellos dependen de las secretarías de educación. Esto conlleva situaciones tales como que un rector para remplazar un docente incapacitado o para resolver un problema costoso de mantenimiento, ellos tengan que dedicar un enorme esfuerzo para tramitar y convencer sobre su necesidad y urgencia a las burocracias municipales o departamentales, según sea el caso.

Estos hechos relacionados con la gestión educativa de los colegios oficiales explica en parte preguntas de los padres de familia y de los ciudadanos tales como: ¿por qué los niños de los colegios oficiales pueden pasar sin profesor un mes o más?, ¿por qué para remplazar un docente de matemáticas al colegio oficial llega uno de sociales, o lo contrario?, y lo más grave, ¿por qué los docentes, los padres de familia y hasta los propios directivos docentes llegan a reconocer que un buen rector es aquel que es exitoso gestionando ante la Secretarías de educación y otras dependencias públicas o privadas recursos o la resolución de los problemas básicos del colegio. La comunidad educativa terminó valorando al rector por lo que hace fuera de la institución escolar, en algunos casos, hasta se justifica las largas ausencias del directivo docente, cuando los colegios están alejados de las sedes donde funcionan las secretarías de educación.

De otra parte, existe evidencia que los rectores que se concentran en resolver problemas de tipo administrativo y financiero de sus colegios, descuidan la gestión pedagógica y ellos, quizás sin darse cuenta o valorar el daño, terminan por esa vía, afectando de manera negativa los logros de los estudiantes en calidad.

Existe evidencia de diversas investigaciones sobre prácticas de liderazgo escolar que demuestran cómo algunas de ellas vinculadas a mejorar los procesos de enseñanza y de aprendizaje afectan de manera positiva los resultados de la calidad de la educación de los estudiantes. Vivianne Robinson, Michael Fullan, Kenneth Leithwood y otros han señalado que los rectores que se concentran en los proyectos pedagógicos, en influir y en motivar a sus docentes, en acordar a través de procesos de participación metas educativas de mediano plazo, así como prácticas y culturas organizacional de liderazgo escolar, producen mejores resultados de calidad en la educación de los estudiantes.

En el país la política educativa, la mala gestión y la politiquería de las secretarías de educación son un obstáculo, la mayoría de las veces, para que los rectores y los docentes de la educación oficial se dediquen de manera plena a la labor pedagógica y educativa. A futuro el MEN deberá proyectar acciones para entregar más autonomía real a los colegios y más recursos, no hay razón alguna para no actuar de manera extraordinaria frente a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes que asisten a la educación oficial. El sistema educativo tiene que proteger y ayudar a los rectores para que éstos se dediquen a gestionar en esencia lo educativo y no lo administrativo, para los colegios de más de 1.500 estudiantes es necesario pensar en la figura del vicerrector administrativo.

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