Opinión

  • | 2016/09/21 00:01

    ¿Qué lecciones tomar del escándalo de las libranzas y otros similares?

    El país adolece de políticas publicas efectivas para promover el desarrollo del mercado de capitales y, por esa vía, canalizar de forma eficiente el ahorro de muchos colombianos que terminan siendo estafados con falsas ilusiones pero que, a todas luces, tienen la capacidad de asumir riesgos.

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Recientemente ANIF ha llamado la atención acerca de la ansiedad financiera desatada con las libranzas extra-bancarias y sus caóticos mecanismos de titularizaciones tipo sub-prime para referirse, más específicamente, al escándalo financiero que se ha suscitado con la salida a flote de los problemas de entidades como Elite Internacional y Estraval, que han hecho recordar los episodios de DMG, Interbolsa, Factor Group o los famosos inversionistas en plataformas forex.

Según cifras de Asobancaria, la cartera de libranzas originada en entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera supera 36 billones de pesos, mientras que en el mercado no vigilado por la Superintendencia Financiera (shadow banking) se han originado cerca de 10 billones de pesos adicionales en esta modalidad de crédito.

La mala administración por incapacidad técnica y operativa de entidades no vigiladas por la Superfinanciera, sumada a la cultura de corrupción que aprovecha vacíos legales para crear estructuras de alto riesgo disfrazadas como productos de inversión de bajo riesgo y; por último, la vocación de muchos colombianos de buscar formas rápidas y fáciles de ganar dinero sin esfuerzo (herencia de la cultura mafiosa), son, sin duda, el soporte de lo que actualmente sucede con un segmento del mercado de créditos de libranza y de operaciones derivadas del mismo (descuento de dicha cartera).

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El mecanismo de otorgar crédito por medio de libranzas (descuentos de nómina o de pagos laborales) no es un problema per se. El favorecimiento jurídico a entidades no idóneas para la generación de créditos ni para la administración de cartera descontada, así como la inexistencia de una infraestructura de supervisión y vigilancia adecuadas (depósitos centralizados de valores, sistemas de liquidación y cumplimiento eficientes) son en realidad el origen de la implosión del problema de las libranzas extra-bancarias.

Según un reciente informe de la Asobancaria: “la libranza es una herramienta financiera asociada a un menor riesgo de crédito en la medida en que cuenta con la garantía del flujo de pagos (…) Sin embargo, los riesgos operacionales, de contraparte y de reputación suelen exacerbarse cuando los originadores de libranzas que no cuentan con la regulación adecuada entran al negocio”.

La ley 1527 de 2012 regulo´ (¿o desregulo?) el descuento directo de nómina o libranza y, entre otras cosas: Definió que cualquier persona puede autorizar a su empleador o entidad pagadora para que realice un descuento de su salario o pensión; prescindió del codeudor adicional al compromiso del descuento; otorgó al consumidor el derecho de decidir con que´ entidad quiere acceder al crédito. De esta forma, teóricamente, se dio un paso al desarrollo de este mercado. Pero, más allá del sofisma de que al desregular y facilitar el mercado de libranzas permitía llegar a un sector poblacional desatendido, en todo caso, la desregulación de la actividad de generación de créditos de libranzas ha generado una cantidad de incentivos perversos.

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Los pagadores de las empresas pueden decidir con quién originar las libranzas (no tiene que ser un establecimiento de crédito); hay un mayor riesgo de captación ilegal y de creación de esquemas piramidales por parte de entidades no vigiladas por la Superfinanciera para invertir en descuentos de créditos de libranza, aunque no haya forma de vigilar si lo hacen o no y; por último, los originadores no tienen el incentivo de evaluar adecuadamente el riesgo de crédito ya que tienen inversionistas ávidos de retorno a corto plazo sin preocupación por el riesgo a quién venderle esta cartera.

Una perspectiva más interesante del actual fenómeno del mercado de libranzas en Colombia es que refleja la escasa innovación financiera existente en el país que es, en esencia, el caldo de cultivo para que, repetitivamente, ocurran eventos de riesgo como el que hoy está experimentado el mercado de libranzas extrabancarias. La formación de canales informales de financiación son un gran freno a la competitividad de las empresas, puesto que generalmente son más costosos ya que el ahorro institucional no estará disponible para los vehículos que se desarrollen en estos canales; mientras que para los inversionistas será más riesgoso puesto que no hay procesos eficientes para vigilar la inversión.

La ausencia de emisores de acciones en la Bolsa de Valores de Colombia es un fiel reflejo de la escasez de activos, mientras que en el mercado de renta fija solamente hay cabida para títulos de deuda pública, los grandes bancos y algunas grandes empresas del sector real con calificaciones AAA o AA+. Aunque esta situación es favorable para la fortaleza del sistema financiero local y para las finanzas públicas del país, lejos están las posibilidades de que el mercado de capitales y el sistema financiero, en general, sean verdaderos motores de desarrollo económico.

Recientemente ha habido avances, pero todavía lucen tímidos: fondos de capital privado, inversiones alternativas a través de fondos de inversión colectiva son ejemplos interesantes, pero claramente el país adolece de políticas publicas efectivas para promover el desarrollo del mercado de capitales y, por esa vía, canalizar de forma eficiente el ahorro de muchos colombianos que terminan siendo estafados con falsas ilusiones pero que, a todas luces, tienen la capacidad de asumir riesgos.

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