Opinión

  • | 2016/11/29 00:01

    Lecciones de liderazgo y humildad

    Según el desarrollo de los recientes acontecimientos, Donald Trump llegó a la presidencia como un “novato” en temas políticos pero claramente no en los de estrategia.

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Donald Trump no es el “político tradicional”, lo que pudo generar una primera reacción con cierto grado de simpatía e inclusive hasta el punto anecdótico de irrumpir en la esfera política como alguien que generaba hasta gracia al comienzo de la campaña, del que muy pocos en ese momento creían que lo podía lograr y que muchos tenían la sensación de semejanza a un comediante que en persona se postulaba para el puesto de presidente del país más potente del mundo.

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Si marketing lo definimos como la ciencia o el arte que  logra conectar la demanda con la oferta y no al revés, se nos facilitaría entender que posiblemente el equipo de campaña de Trump hizo un análisis de las debilidades de sus oponentes y otros análisis complementarios identificando posibles estrategias a seguir.

Trump posee una personalidad con un alto nivel de autoestima y con gran actitud ganadora, quizás algo estratégicamente exagerado; quien se mantuvo en todo momento con un tono agresivo e inclusive creando grandes cortinas de humo para que sus contrincantes concentraran su atención en lo que “él quería” distrayendo así a sus oponentes en los temas medulares y críticos  donde ellos pudieran beneficiarse ganando puntos.

Este personaje que es un duro en estrategia y mercadeo, logra conectarse con los bajos instintos de una gran parte del segmento poblacional que en últimas es el que verdaderamente tiene el poder para escoger al presidente; además es consciente de que tenía que sacrificar una parte de su imagen al tomar decisiones estratégicas como por ejemplo, la de atacar a los inmigrantes (como a los mexicanos) para luego pasar a un discurso “comunicacional de gobierno” de tono más bajo posterior al ser electo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

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Entre las lecciones de liderazgo que se identifican son:

  • Entender cuál es el tiempo para irrumpir en el momento idóneo en el que las percepciones son de baja calidad con respecto a los procesos políticos como lo son la credibilidad, la corrupción y el desgaste.
  • Llamar la atención con un estilo de “comunicación de campaña”, acompañado de un discurso agresivo que se diferencie de otros.
  • Diseñar una estrategia comunicacional para cada etapa del proceso.

Trump no se apartó nunca de su visión ni de su promesa de valor: ”conmigo en el poder América será otra vez grandiosa”, eslogan del que varios se burlaron; él se mantuvo con una enorme persistencia en una visión que supuestamente inspiraba a muchos, aunque algunos políticos “experimentados” subestimaron el impacto que esto generó durante su campaña en un gran número de americanos de clase media, media baja y de zonas rulares de todo el país, por lo cual el subestimar a los “iletrados políticos” fue un error táctico de los demócratas y  que Trump supo aprovechar al máximo.

Por otro lado, y al respecto de la campaña de Hillary Clinton quien se sintió como ganadora en todo momento, restándole el toque de humildad que se requería para poder visualizar todo el panorama de manera correcta y sobretodo saber focalizar los recursos, así como los esfuerzos donde fuesen de utilidad como parte de la estrategia. Algunos analistas políticos comentan que de los procesos electorales en su momento del presidente Obama, muchos de los que votaron por él esta vez no lo hicieron por los demócratas, inclusive se atribuye precisamente la pérdida del poder de parte de los demócratas por aquellos que sintieron que Hillary estaba sobrada en votos según las encuestas; con esto la estrategia de desenfocar su campaña implementada por Trump ayudó a disfrazar la realidad.

Después de los recientes resultados electorales contundentes, la apuesta sería a que este debería ser el momento para dar el chance a Donald Trump para que se convierta en un gran presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, así como en su momento al ex presidente Ronald Reagan (un artista de Hollywood) tuvo la oportunidad para gobernar con gran éxito.

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