Opinión

  • | 2017/03/16 00:01

    Lealtad que mata

    La lealtad muchas veces llega a tal extremo, que se sacrifica, muchas veces se hipoteca el futuro de un individuo que defiende a muerte las metidas de pata de su mentor, las más de las veces sin que haya ningún tipo de retribución, ni siquiera la obvia: la de la gratitud.

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“Españoles y canarios, contad con la muerte aunque seáis inocentes. Americanos, contad con la vida aunque seáis culpables” – Simón Bolívar.

El concepto de lealtad ha tenido a lo largo de la historia una evolución importante. En la antigüedad tenía una acepción que nos acerca más a conceptos como el de respeto, obediencia o temor reverencial. Si nos vamos a la biblia, encontramos descripciones típicas y terribles del entendimiento del concepto:

En Deuteronomio 21:18-21 se lee: “En caso de que un hombre llegue a tener un hijo terco y rebelde, que no escucha la voz de su padre ni la voz de su madre, y ellos lo han corregido pero él no quiere escucharles, entonces su padre y su madre tienen que asirlo y sacarlo a los ancianos de su ciudad y a la puerta de su lugar, y tienen que decir a los ancianos de su ciudad; “Este hijo nuestro es terco y rebelde; no escucha nuestra voz, es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad tienen que lapidarlo, y él tiene que morir. Así tienes que eliminar de en medio de ti lo que es malo, y todo Israel oirá y verdaderamente llegará a tener miedo.

En roma el caso de Seneca es tal vez uno de los más dicientes: Seneca fue uno de los más ilustres pensadores y políticos de la Roma Imperial, caracterizado por ser uno de los grandes intelectuales de la época desplegando principios filosóficos y políticos que llegaron a cambiar el mundo sobre todo en época de Nerón de quien fue su tutor primero, luego su Ministro y después un estorbo para el ya malvado emperador que lo empieza a encontrar incómodo hasta acusarlo de conspirador. Fue entonces cuando el emperador, le pide, para demostrar su lealtad que se suicidara a lo que Seneca accede cortándose las venas.

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La filosofía moderna introduce un elemento no menor, diferencian lealtad a lealtades, siendo la segunda tal vez un entendimiento más sensato en mi opinión como quiera que introduce el concepto de valores grupales, dándole mayor importancia a la afiliación del individuo hacia un sistema de  valores en los que cree y que a veces, solo a veces, un líder encarna, y los separa del seguimiento ciego hacia un caudillo que como es obvio, dentro de su humanidad, frecuentemente se equivoca.

La real academia de la lengua trae dos acepciones:

  • Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.
  • Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro.

Curiosamente a nivel organizacional, y muy frecuentemente en política, a pesar de la evolución del concepto, se sigue aplicando a raja tabla el concepto antiguo, es decir el de la fidelidad perruna olvidando por momentos los valores que este supuestamente encarna y que en algún momento invitó a profesar.

En las organizaciones la lectura sigue siendo clara: Un respeto desmedido hacia el jefe, que implica como actitud premiada por el sistema, la de cubrirle la espalda a cualquier costo, so pena de ser tachado de traidor obligándolo como a Seneca a cortarse las venas.

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En política el tema es todavía peor. La lealtad muchas veces llega a tal extremo, que se sacrifica, muchas veces se hipoteca el futuro de un individuo que defiende a muerte las metidas de pata de su mentor, las más de las veces sin que haya ningún tipo de retribución, ni siquiera la obvia: la de la gratitud.

En este país hemos sido, y seguimos siendo víctimas de este tipo de comportamiento. Se pasean por el escenario nacional expresidentes cuyos colaboradores han sido sacrificados como peones, y que terminan pagando las cuentas de sus mayores, a veces incluso a costa de sacrificar la libertad personal, mientras que estos se siguen paseando por el escenario nacional rodeados de un halo de emperador sin que nada los toque.

El problema es cuando la lealtad así entendida se deslinda de ese bello sentimiento de la fidelidad, y entra en los terrenos de la complicidad o el encubrimiento, lo que en mi humilde criterio deja de ser lealtad para convertirse en torpeza, evitando incluso que salgan a relucir los hechos reales que una sociedad como la nuestra necesita si queremos evolucionar y conocer la verdad.

La lealtad tiene sentido únicamente en cuanto se defienden unos valores y unos principios compartidos. Llámense modelo de negocio, modelo de país, proyecto de vida, religión o como queramos rotularlos, a nuestro país le faltan ciudadanos comprometidos con valores, no con individuos. En el momento en que los superiores se desvían de estos, la traición viene desde arriba, y valida sin lugar a dudas la posibilidad de desmarcarnos de nuestro líder so pena de violar algo que es peor: Nuestra propia ética 

Tengo fe en que estas nuevas generaciones, las de los indignados, las mismas que a nivel mundial han reaccionado en contra de los caudillos y regímenes corruptos en la defensa de valores superiores como la democracia, desbanquen de una vez por todas de nuestro sistema la lealtad mal entendida que nos ha dejado un modelo caudillista, mafioso, y tramposo en donde se nos exige lealtad pero se traicionan nuestros ideales.

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