Opinión

  • | 2016/05/03 00:01

    Las oportunidades de Colombia ante el nuevo entorno

    La nueva realidad del país se puede ver con dos tipos de lentes: el pesimista, que nos lleva a vivir del pasado y las glorias de los precios del petróleo o el optimista que nos permite ver una oportunidad para fortalecer, encontrar y estructurar fuentes de crecimiento del país.

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Colombia se enfrenta a una nueva realidad ante la caída de los precios del petróleo. Es una realidad que implica un ajuste en el gasto tanto privado como público y por tanto en las tasas de crecimiento de corto y mediano plazo. La nueva realidad se puede ver con dos tipos de lentes: el pesimista que nos lleva a vivir del pasado y de  las glorias de los precios de petróleo cercanos a cien dólares por barril y el optimista que nos lleva a ver la nueva realidad como una oportunidad para fortalecer, encontrar y estructurar las fuentes de crecimiento de este país para el inmediato futuro. Tiendo a ver las cosas con el lente optimista y creo que lo que tenemos es una oportunidad.

La oportunidad está, por ejemplo, en aprovechar las nuevas condiciones de tasa de cambio y el ajuste que están haciendo los consumidores colombianos para ofrecer productos agroindustriales e industriales que sustituyan las importaciones, así como forjarnos un camino en el exterior para fortalecer las exportaciones.

Esto ya lo estamos haciendo parcialmente. La industria y la agroindustria local han mostrado que tienen capacidad de maniobra y han respondido. Colombia tiene una buena base industrial y el desafío está en encontrar lo mejor que puedan hacer los diferentes sectores de la industria en el nuevo escenario. Otro ejemplo claro es la producción agrícola dónde las posibilidades de crecer en productividad y diversificación son inmensas.

El campo colombiano ha estado olvidado en los últimos años pero con seguridad la disminución en la intensidad del conflicto que hemos experimentado en los últimos meses, gracias a las negociaciones de paz en La Habana, son un ingrediente positivo para este proceso. El sector de comercio, hoteles y restaurantes también está en el radar y tanto el consumidor local como el del exterior están conociendo y aproximándose de manera distinta al país.

Con el mismo lente, no hay que olvidar que estas etapas de cambio abren la oportunidad para evaluar las reformas estructurales pendientes que favorecerán el crecimiento. En particular, hay que llevar a buen puerto las discusiones que, con buen juicio, se iniciaron hace más de un año sobre el tema tributario. El régimen tributario actual no contribuye a mejorar la equidad, no favorece la inversión y no recauda lo suficiente. Los costos atados a la producción y la distribución de los productos a nivel local y para el exterior aún tiene espacio de mejora a pesar de las reformas recientes.

En esa línea, la construcción de los proyectos de infraestructura de cuarta generación está comenzando y en un término de cinco años mejorará de manera importante la interconexión del país. Hay que dedicarle un esfuerzo adicional a revisar los costos a la producción, como los energéticos o los de logística, y las cargas extras a la nómina que no favorecen la contratación laboral formal. En salud, los logros inmensos en cobertura de los últimos años deben acompañarse de reformas que garanticen la sostenibilidad financiera en un país con elevada informalidad y pocos incentivos para aportar al sistema.

Colombia está aprovechando la coyuntura  y su desempeño en el fututo cercano dependerá de que sea capaz de convertir las oportunidades en realidades e implementar las reformas necesarias de manera ágil y contundente.

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