Opinión

  • | 2014/09/01 11:00

    Un sector agropecuario con aroma de finanzas

    En días pasados coincidieron en Cartagena la Convención Bancaria y el Congreso para el Financiamiento y Comercialización Agropecuaria, FYCA. ¿Coincidencia o cuestión del azar? No lo sé. Quiero pensar que es un buen presagio de unión entre los sectores financiero y agrario. Opinión de Pablo Moreno.*

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Esta integración aún no es visible, por el contrario lo evidente es el distanciamiento entre los dos, pero su complementariedad es inminente y sólo se alcanzará un aceptable grado de desarrollo agrícola en el país con la participación del sistema financiero.

Específicamente en el FYCA se presentaron casos de éxito de países latinoamericanos que con iguales, o incluso menores recursos naturales que en Colombia, han sabido aprovechar sus ventajas y a través de adecuadas políticas han logrado resultados categóricos con lo que tristemente han dejado relegado a nuestro país.

Hace unas décadas Colombia se ubicada en el mismo nivel de varios de las naciones hoy exitosas del sudeste asiático, y lo mismo sucede al compararnos con economías de nuestra región como la de Brasil, Chile y México que también nos cogieron una amplia ventaja, debido, en gran parte, a su efectivo manejo del agro. Justamente las principales estrategias de estos tres países fueron presentadas en este congreso, evidenciando cómo han explotado sus recursos, han generado valor agregado en sus productos y han identificado oportunidades de crecimiento a través de sus tratados de libre comercio.

Coincido así con los argumentos que expresan los profesores Acemoglu y Robinson en su bestseller: “Por qué fracasan los países” cuando plantean que las diferencias entre la prosperidad o la pobreza no depende de la ubicación geográfica, ni de si es un país estacional o con clima tropical, ni de la abundancia o escasez de recursos naturales, sino que son la política y las instituciones las que las determinan. Hoy Brasil es productor mundial número 1 y 2 de una decena de bienes agrícolas mientras que Colombia decae al puesto 10 en oferta hídrica cuando no hace muchos años contaba con el mayor número de páramos aptos en el mundo.

Lo agrícola no recae solamente en producir a partir de un suelo fértil, sino que debe involucrar la participación de diferentes sectores, entre ellos el financiero. La formulación de un proyecto de cultivo, su financiación, su manejo de inventarios, las compras de insumos y la gestión de riesgo tanto de calamidades naturales como de las probables variaciones en los precios, demandan la utilización de una serie de instrumentos financieros que deben ser atractivos y entendidos por estos potenciales usuarios. Al respecto existen bancos especializados en Colombia que ofrecen productos a la medida con resultados que pueden interpretarse como positivos aunque quizás no suficientes.

En el FYCA se ilustraba cómo en Colombia al calcular la relación entre los préstamos bancarios al sector rural con el PIB agropecuario, se pasó de un porcentaje del 11% en el año 2000 al 32% para el 2013; pero también se hacía alusión a cómo en Brasil existe una ley con la cual los bancos están obligados a destinar un porcentaje de sus captaciones para el financiamiento de proyectos rurales. Se requiere, además, de subvención de las tasas de interés por parte del Gobierno para contrastar la prima de riesgo que involucran las inversiones en el agro.

Lo anterior exige tanto de innovación como de inclusión financiera: Programas dirigidos a la población rural, o con actividad en el agro, para que las empresas y comerciantes agrícolas se familiaricen y accedan a diversos servicios financieros, y construyan una demanda creciente a partir de sus necesidades específicas.

Existe un desconocimiento de las ventajas que pueden aportar estos mecanismos debido a una percepción de costos elevados con incierto retorno, a la informalidad del sector agrícola, y a la falta de metas más agresivas tanto del gobierno como de la misma banca, lo cual supone, como se afirmó en la Convención Bancaria, que los objetivos en materia de inclusión no deben limitarse a la consecución de un mayor número de cuentas de ahorro sino a la utilización de variados productos financieros.

Las asociaciones y la generación de proyectos público privados son posibilidades que otros países han desarrollado con éxito y que deben imitarse, lo que implica igualmente una adecuada gestión de riesgo. Los repetidos fenómenos naturales no pueden seguir siendo desatendidos, las compañías de seguros y el Estado deben brindar facilidades para la adquisición de pólizas, y en términos de educación se hacen necesarias capacitaciones que incluyan simulaciones cuantitativas de la relación costo beneficio al estar asegurado.

Simultáneamente la utilización de instrumentos derivados como los futuros y las opciones se hacen imprescindibles para una eficaz planeación financiera. La experiencia de México muestra que sin tener una bolsa de commodities, ha promovido la cobertura frente a variaciones en los precios a través de subsidios para el pago de primas de opciones negociadas a partir de las cotizaciones del CME Group en Chicago, aprovechando la correlación de los precios domésticos con los internacionales. Brasil, por su parte, se presenta como un caso de éxito en la gestación de un mercado de futuros con contratos estandarizados negociados en su propia bolsa.

Acá en Colombia se han subsidiado igualmente contratos de opciones y la Bolsa Mercantil de Colombia planea ofrecer pronto su primer futuro lo que conllevará seguramente a la puesta en marcha de una ambiciosa estrategia de capacitación en productos financieros que a primera vista pueden ser complejos pero permiten que los productores agrícolas minimicen su riesgo de precio transfiriéndoselo a otro tipo de usuarios financieros que sí desean tomarlo.

La inclusión financiera en el agro demanda así una amplia y diversa variedad de productos cuyos beneficios se dirigen tanto para los agricultores como para inversionistas y consumidores en general.


* Jefe del área de Finanzas de la Universidad de La Sabana
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