Opinión

  • | 2014/02/13 11:00

    Dos alianzas, una región

    Las dos Alianzas, la del ALBA, y la Alianza del Pacífico, AP- con visiones y propósitos opuestos pueden contribuir a que la diferenciación de América Latina sea antagónica o a que su acercamiento les de peso como región. Opinión Socorro Ramírez.

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ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América, aparece como una alianza más política y la del Pacífico como más económica, pero en ambas se aprecia un fuerte empuje presidencial hacia lo que cada una denomina una ‘integración profunda’, y las dos se afanan por mostrar más resultados que la CAN o Mercosur.

En sus diez años de vida, ALBA ha congregado doce cumbres presidenciales ordinarias y siete extraordinarias. En contraposición con los Tratados de Libre Comercio, sus miembros firman Tratados de Comercio de los Pueblos. Creó Telesur. Instituyó un banco, una universidad, empresas estatales binacionales y ‘grannacionales’, el Sucre, la escuela de Dignidad y Soberanía de sus Fuerzas Armadas, y programas que van desde deportes hasta comercio justo. Acaba de anunciar una zona económica con Petrocaribe, que tratará de anexarse a Mercosur y Caricom.

A su vez, en sus tres primeros años, la AP ha realizado ocho cumbres presidenciales en las que ha tratado de marcar la diferencia con otros organismos mediante sus declaraciones concretas y cronogramas perentorios para lograr sus metas. Estimula economías de escala, comercio electrónico, conectividad aérea, financiera, eléctrica y de infraestructura. Eliminó visas entre sus miembros para facilitar la actividad turística y empresarial. Comenzó la cooperación policial y aduanera. Las distintas agencias de promoción de exportaciones empiezan a compartir información, proyectos y misiones comerciales en Asia Pacífico y África. Anunció un parlamento y un fondo de cooperación con becas para movilidad académica y estudiantil o para mejorar la competitividad de las micro, pequeñas y medianas empresas. Anuncia una zona de libre comercio con la eliminación de los aranceles para el 92 por ciento de los bienes y servicios.

Ambas Alianzas despliegan estrategia de ampliación. Cuba y Venezuela iniciaron el Alba, que atrajo luego a otros tres gobiernos que se declaran de izquierda (los de Evo, Correa, Ortega) y a cuatro islas: Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, y Sta Lucía; perdió a Honduras. Haití y Surinam con Irán y Siria son observadores. AP arrancó con cuatro fundadores, y los observadores son ya 19: Costa Rica, Panamá y Guatemala, que piden ingreso; Uruguay y Paraguay del Mercosur, Honduras, El Salvador, República Dominicana; Australia, Canadá, España, Francia, Holanda, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Portugal, Reino Unido, Suiza.

La competencia silenciosa entre ambas Alianzas puede terminar disolviendo el acercamiento regional. Si ALBA ejerce un poder de veto, estimula la confrontación. Si AP reduce la integración al libre comercio, desprecia la cooperación y concertación con el resto de la región. Si polarizan entre las tendencias antiglobalización en el Atlántico y libre comercio en el Pacífico, dificultan el aprovechamiento de ambas dinámicas.

Con todo, el mutuo contrapeso de las Alianzas se ha ido moderando. ALBA ha perdido iniciativa por la situación de Venezuela, su principal soporte, y formula sus críticas a AP por fuera de Unasur y la Celac. AP tampoco es la misma que convocó Alan García como una alineación de países con TLC con Estados Unidos. Humala combina AP con fuertes relaciones con Brasil, como lo hará Bachelet. Y los cuatro de la AP han insistido en que la Alianza no es contra nadie ni antagoniza con otras agrupaciones regionales. El canciller de Brasil acaba de informar que Mercosur acordó proponerle a AP acelerar la reducción arancelaria con miras a una integración económica. A todos los gobiernos les interesa que la actual fragmentación no derive hacia antagonismos pues una convivencia pacífica ayuda a la presencia internacional de toda la región.

* Investigadora en relaciones internacionales y política.

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