Opinión

  • | 2016/09/05 00:01

    La venezolanización de Colombia

    Análisis sobre uno de los más vendidos argumentos del NO al plebiscito por la paz.

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Las voces vienen y van en este debate sobre el Acuerdo de Paz al punto que resulta casi imposible decir algo que no se haya dicho ya por los promotores y detractores del SI y el NO, así como por los promotores de los detractores, o los detractores de los promotores, en un ruido interminable que está dejando sordos a los colombianos.

Uno de los más sonados argumentos, sin embargo, ha sido el de la Venezolanización de Colombia que se asegura será el paso obligado después de que las FARC tengan licencia para obrar como partido político, anunciando la debacle de nuestras instituciones y economía, teniendo como punto de referencia la dictadura que hoy somete al hermano pueblo venezolano.

Debemos reconocer que sí existen en la Colombia de hoy elementos comunes con la Venezuela pre Chavista que favorecieron la llegada de Chávez al poder, pero son los mismos que existen hace décadas y no será el partido de las FARC, con su inmenso desprestigio político de arranque, lo que incline la balanza hacia un populismo al estilo Venezolano.

En efecto, Venezuela, al igual que la Colombia de hoy, contaba con un marcado partidismo que servía solo como medio de distribución burocrática y permitía una corrupción encubierta, que allá no se sentía en la medida que guardaba sus justas proporciones con los millonarios ingresos del petróleo.

Sin embargo, a diferencia de Colombia, la abundancia petrolera contribuyó a que existiera en Venezuela una clase media robusta, rica en comparación con la nuestra en ese entonces, y una clase baja favorecida por beneficios estatales como la educación gratuita y de acceso general y, finalmente, por una gasolina a precio de regalo.

El fin de la bonanza petrolera a finales de los ochenta y los intentos fallidos de ajustar la economía, como el de incrementar el precio de la gasolina que llevó a la población a volcarse a las calles en el famoso Caracazo, creó un descontento general que se mantuvo desde entonces hacia los partidos tradicionales a niveles tales que, finalmente, al cierre del siglo XX, abrió la puerta para el canto de sirenas populista de Hugo Chávez.

El Chavismo, ya instaurado y enquistado, dividió al país y destruyó la economía no solo por el costo que le ha supuesto mantenerse en el poder a través de la repartición de prebendas entre los diferentes sectores que aseguran elecciones contundentes, o ausencia total de control judicial o político, sino por el afán de destruir el sector privado que representaba la más clara amenaza a la permanencia de la revolución.

Comparando la Colombia de hoy con la era pre Chavista, habría de hecho en Colombia mas argumentos que los que había en Venezuela para un régimen populista, no solo por la rampante corrupción y las barreras para acceder al poder político, sino porque Colombia es muestra de desigualdad de talla mundial, a diferencia de Venezuela, que brindó oportunidades para la movilidad social a través de la excelente calidad y gratuidad de la educación pública.

Sin embargo, el populismo de izquierda ya existe en Colombia, ha sido elegido y ha demostrado ser una gran decepción para satisfacer los intereses de su electorado, lo que no mejorará con la asociación a la imagen de las FARC.

Como tal, con el Acuerdo de Paz o sin el, las posibilidades de que las FARC accedan al poder político por la vía electoral son remotas, lo que no excluye que aprovechen el juego democrático para patrocinar movimientos o personas que promuevan los resentimientos como ideario político. Y esto pasará con o sin acuerdo de paz.

En tal caso debemos preocuparnos es de que el país adopte las reformas necesarias para cerrar la brecha de la desigualdad y dependamos de nuestros políticos tradicionales para demostrar al electorado que son una mejor opción que las posiciones radicales.

Entretanto recordemos que la única razón para la permanencia del régimen venezolano ha sido la corrupción de sus fuerzas armadas; en la Colombia de hoy las nuestras son la mayor garantía de la democracia y lo serán en hacer cumplir los acuerdos de paz como un ejercito vencedor.

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