Opinión

  • | 2016/03/29 00:01

    La resurrección de una oveja negra

    La ciudad de Búfalo, Estados Unidos, se ha revitalizado a través de un plan que combinó creatividad, visión y estrategia. Un claro ejemplo de un cambio posible.

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En esta semana se celebra la resurrección, y por eso quiero compartir un caso de transformación pública del que fui testigo, y en donde el cambio de mentalidad y el uso de herramientas creativas, permitieron no solo concebir, sino también gestionar recursos de una forma distinta para alcanzar resultados contundentes.

La ciudad de Búfalo, ubicada en el Estado de Nueva York, en Estados Unidos, pasó de ser una de las ciudades más ricas a principios del siglo XX, a ser reconocida como oveja negra a finales del mismo por tener los más altos niveles de pobreza y corrupción del país, por recibir refugiados de la ONU (6.294 entre 2010 y 2014) y por sus inclementes inviernos. La mayoría de estos reconocimientos son bastante negativos pero las cosas han cambiado en los últimos 5 años, convirtiéndola en uno de los mejores ejemplos de resilencia, pues en tan corto tiempo, ha logrado resurgir de las cenizas como el ave fénix y posicionarse como una de las ciudades con las transformaciones más radicales en la última década.

Todo comenzó con el visionario plan de prosperidad impulsado por el entonces gobernador del Estado, Andrew Cuomo, en el 2011, quien apostó todo al afirmar: “haremos de Búfalo la resurrección más importante de la historia de América”.

Para lograrlo se convocó a un grupo de facilitadores en Solución Creativa de Problemas, quienes durante tres meses guiaron el proceso de creación del plan de desarrollo económico, de la mano de un grupo de 200 CEO y dueños de las empresas de Búfalo, quienes conformaron los equipos del Western New York Regional Economic Development Councils. A los participantes se les dividió en subtemas según su especialidad, entre los cuales se contó con turismo, salud, educación, energía, crecimiento inteligente, entre otros. Durante este tiempo, se realizaron sesiones de ideación focalizada en las que se combinaron herramientas tradicionales de planeación estratégica con técnicas creativas y de toma de decisiones.

Esto permitió crear una atmósfera de participación y colaboración que posibilitó, aun en medio de altos intereses políticos, lograr el concenso y dar vida a un plan para revitalizar la región no solo desde el punto de vista físico, sino también psicológico; pues ante todo, su implementación exige un cambio de cultura.

El plan definió como proyectos prioritarios la creación de una cultura de emprendimiento, a través de la construcción de centros de innovación y aceleradoras de start-ups, como el programa de Buffalo Billion Initiatives, que han llevado a un incremento del 67% en la taza de creación de empresas desde el 2011; el fortalecimiento de la educación y calidad de los empleados locales, lo que ha aumentado los empleos de la región en un 6%;  el convertir a la región en la meca del turismo de la costa este norteamericana, por eso se han fortalecido zonas turísticas como el canal del lago Erie y las Cataratas del Niágara, que no solo atraen visitantes, sino que aumentan el número de empleos disponibles. Además de programas de fortalecimiento de la manufactura, de la transformación de la investigación científica y en salud en trabajos reales y el fortalecimiento de la agricultura, logística y energía renovable producida en la región.

A la fecha, se han invertido US$510 millones en la reconstrucción de la zona del oeste de Nueva York y se estima que para el 2021, la inversión alcance los US$1,3 billones. Este dinero ha surgido de recursos tanto públicos como privados y ha sido vigilado bajo mecanismos de participación ciudadana.

Una historia como esta me llena de orgullo y esperanza por la firme convicción de que cuando un pueblo trabaja unido y utiliza lo mejor de su potencial creativo, los resultados son sorprendentes. Pero también me queda el inmenso deseo de replicar estos esfuerzos en Colombia, pues aunque una ciudad como Medellín también demuestra resilencia, aún nos queda mucho por hacer: ¿Cómo podemos empezar a gestar este tipo de iniciativas en nuestro país?

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