Opinión

  • | 2017/06/23 00:01

    La realidad de la economía

    No vamos a tener un crecimiento como el que vaticina el gobierno. Ese 2,2% no es lograble, estaremos más cerca del 1,5%, que con un crecimiento del 1,2% anual de la población nos deja prácticamente en ceros.

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¿Qué estarán pensando muchos de mis conocidos economistas, con MBAs y CFAs que trabajan con grupos de analistas en las grandes entidades financieras colombianas de que un personaje como yo -un Administrador de Empresas- esté comentando sobre economía y, en cierto modo, creando dudas sobre las proyecciones en las que trabajan día a día en su trabajo?

Obviamente hacen un raciocinio normal; este señor no tiene analistas, no está recibiendo información y no va a las reuniones que convoca el gobierno para comentar sus cifras y sus proyecciones.

Eso es cierto, pero a diferencia de ellos tengo unas ventajas comparativas que hacen que mi información y mis análisis sean más reales. La primera y fundamental es que tengo calle o callo, cualquiera de las dos. Yo salgo a la calle y hablo con las personas, siento lo que sienten y veo in situ lo que está pasando. La segunda es que mis comentarios y análisis no necesitan estar de acuerdo con el gobierno corporativo de la entidad donde ellos trabajan ni, por ende, de sus intereses. Por último, las relaciones entre entidades vigiladas y gobierno requieren de tacto y muchas veces de aceptación en datos y políticas, temas que a un independiente no le aplican. Así no lo crean, la mermelada y la presión existe también por fuera del Congreso.

La historia ha demostrado que lo más difícil de administrar por las entidades financieras y de inversión son los conflictos de interés. No ha existido hasta ahora una muralla china lo suficientemente fuerte para hacer que los departamentos de análisis financiero no estén contaminados con las posiciones de la entidad y de sus dueños.

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Es por eso que mi análisis puede ser menos científico, y con menos números, pero más sincero, independiente y práctico. No en vano operé y manejé portafolios de inversión durante las crisis del 1998, 2002, 2006, 2008, 2010, 2012 etc.

Me gustó mucho el tweet que puso el cantante Silvestre Dangond hace unos días que decía: “¡El gobierno sabe de cifras, de números, las noticias informan y agrandan más el problema! ¡Pero yo hablo por lo que veo y siento, estamos mal!”

Todos los modelos económicos para vaticinar el futuro son buenos como lo son buenas las recetas de cocina, pero como estas últimas necesitan los ingredientes adecuados y las medidas exactas. A mi modo de ver ahí es donde tenemos el problema; si a los modelos se le meten datos errados o demasiado optimistas, el resultado saldrá errado o inflado.

Cuando miramos el MFMP (Marco Fiscal de Mediano Plazo) que acabó de sacar el gobierno y que se viene haciendo desde el 2003, se deben tener en cuenta algunos datos demasiado relevantes y que cambian totalmente el resultado futuro. Datos como el precio y la producción de petróleo, el crecimiento económico y el precio del dólar harán la diferencia. Este MFMP no representa la realidad que tenemos.

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Aunque somos un país que depende económicamente demasiado del gasto del gobierno central, de las obras públicas y del precio de los commodities, vemos que cada día tiene más relevancia el consumo de los hogares. No solamente el consumo de alimentos y servicios básicos, sino también la compra de vivienda, automóvil, moto, electrodomésticos y bienes de capital o de inversión hacen que la economía se mueva y funcione, pero para que compren estos bienes se necesita que haya confianza. Desafortunadamente las últimas mediciones sobre la confianza del consumidor están muy mal y claramente se ve en la disminución de la demanda de estos bienes; ¿quién invierte cuando piensa que las cosas van mal?

Para que haya inversión de nacionales o extranjeros y para que haya consumo de bienes de capital se necesita confianza; confianza en la justicia, en que los malos vayan a la cárcel y los buenos no estén encerrados; confianza en el gobierno, que nos diga la verdad y que no cambie todos los días sus historias, que se gobierne de frente al pueblo y para todos; que tengamos seguridad jurídica, que no se cambien las leyes a la medida de unos cuantos a cambio del resto; que los impuestos sean justos y coherentes, debemos pagar impuestos, pero no tanto que acabe con la iniciativa privada y con el negocio; pero por sobre todo necesitamos que haya gobierno, que sintamos que al que elegimos manda y está cumpliendo con lo que prometió en su campaña.

Como nada de lo anterior está pasando no vamos a tener un crecimiento como el que vaticina el gobierno. Ese 2,2% no es lograble, estaremos más cerca del 1,5%, que con un crecimiento del 1,2% anual de la población nos deja prácticamente en ceros. Colombia para reducir pobreza, bajar desempleo y recibir más recursos para inversión requiere crecimientos por encima del 4%, cifra que, con la receta económica actual de impuestos, justicia y gobierno, es imposible. Imagínense si le metiera a la receta la corrupción.

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