Opinión

  • | 2013/09/09 11:00

    La Primavera Árabe en los negocios

    La región ha tenido cambios, llevando a sentimientos generalizados de incertidumbre y escepticismo. Opinión de Maria Alejandra Gonzalez-Perez.*

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Al mismo tiempo ha sentado nuevas bases sobre las relaciones entre las empresas, gobiernos y movimientos sociales.

La región del Medio Oriente y el norte de África es distintamente exuberante en contrastes políticos, económicos, religiosos y geográficos. Por un lado, en la región se encuentran países miembros de la OPEC con unos de los más altos niveles de PIB per cápita del mundo, expansión en el nivel de escolaridad, y por el otro lado, un desempleo juvenil que supera el 25% (más del doble del promedio mundial entre personas de 15-24 años), la ausencia de un sector privado independiente, competitivo e integrado a los mercados internacionales, y una baja diversificación del comercio.

Se calcula que región tiene una población de 315 millones de habitantes e incluye a: Arabia Saudita, Argelia, Bahréin, Catar, Cisjordania, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Gaza, Irán, Iraq, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Malta, Marruecos, Omán, Siria, Túnez, Yemen, y Yibuti. En los últimos 25 años, pese a las marcadas diferencias en la calidad y cantidad de obras de infraestructura y servicios entre los países, la región ha tenido un alto gasto público comparado con otras regiones de países en vía de desarrollo, y el doble que en los países miembros de la OCDE. Sin embargo, según un estudio de Elena Ianchovichina y colaboradores publicado en la revista World Development en Mayo 2013, la región debe invertir por lo menos 6% del PIB anual en infraestructura para poder generar 2,5 millones empleos para resolver la crisis de desempleo.

Por estar ubicado en uno de los territorios más áridos del planeta, la escasez de agua y alimentos, la conservación energética, y el cambio climático son algunos de los mayores desafíos de la sostenibilidad de la región. Pese a que existe un desempleo de mujeres que supera el 32%, hay también un incremento en la participación de las mujeres en educación universitaria. Según el Banco Mundial, en los países del golfo pérsico 60% de los estudiantes universitarios son mujeres, y hay universidades que ofrecen sus programas solo para mujeres.

La región en los últimos años ha tenido cambios profundos, llevando a generalizados sentimientos de incertidumbre y escepticismo derivados de los obstáculos encontrados para poder hacer viable los gobiernos y estructuras pluralistas por los que se lucho, y en algunos casos nostalgia de los antiguos regímenes autoritarios.

Según Geopolicity, la Primavera Árabe ha costado a los países involucrados más de US$55 billones, y varias economías de esta región están actualmente en déficit presupuestal. La profesora Melodena Stephens Balakishnan de la Universidad de Wollongong en Dubai en su libro Actions and Insights: Midle East North Africa: Managing in Uncertain Times, explica como la Primavera Árabe se desencadenó en Túnez cuando un vendedor callejero de frutas y verduras (Mohammed Bouazizi) se derramó gasolina y encendió fuego como un acto de auto-inmolación el 17 de diciembre 2010 ante la desesperación causada al no encontrar posibilidades legales para ser escuchado después que una policía confiscó su carro de verduras como sanción por no tener una licencia valida, lo multó con 10 denarios (equivalente a un día entero de trabajo, más o menos a $13.000), y abusó de él verbal y físicamente. Esta situación incitó al pueblo Tunecino a reaccionar con protestas masivas en contra la corrupción, el aumento de precios de los alimentos, el desempleo y la falta de libertad de expresión asociado con el gobierno del Presidente Zine el Abidine Ben Ali quien llevaba 23 años en poder en el país.

El Presidente Ben Ali escapó de las protestas y acusaciones a Arabia Saudita, y después fue condenado a 35 años de prisión por malversación de fondo. El caos y revueltas que surgieron de este evento en Túnez hicieron contagio viral a través de redes sociales, y manifestaciones similares exacerbadas por activismo mártir y narrativas nacionalistas buscando cambios políticos mediante movilización social brotaron en otros países del mundo Árabe con el objetivo de transformar las estructuras políticas para incluir de una forma pluralista representar a la mayoría. Seguido a Túnez, en Egipto (El Cairo) por 18 días para destronar al Presidente Hosni Mubarak que había estado en poder por 30 años. Más de 85.000 personas manifestaron apoyo en Facebook por la protesta en contra del gobierno conocido como el “Día de la Revolución” en enero 2011. La revolución egipcia por su parte, inspiró levantamientos de escala similar que tuvieron como resultado la salida del Presidente Ali Abdullah Saleh quien gobernó Yemen por 33 años, la muerte y fin del régimen del Coronel Muammar Gadaffi que estuvo en poder en Libia desde 1969.

La Primavera Árabe por otro lado ha afectado el entorno de los negocios, muchas empresas han reportado disminución de sus ganancias debido a la inestabilidad de las condiciones de mercado, y la perdida de contratos con regímenes anteriores. Adicionalmente, la Primera Árabe ha sentado nuevas bases sobre como las empresas deben comportarse, la importancia de la transparencia, especialmente respecto a las relaciones entre las empresas y los regímenes tradicionales; y la capacidad de observar y leer los movimientos sociales dado que estos reflejan los valores sociales, y por ende los patrones de consumo.

* (PhD). Departamento de Organizaciones y Gerencia, Universidad EAFIT.
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