Opinión

  • | 2016/02/24 00:01

    La organización, los stakeholders y la responsabilidad social

    El sector de las grandes superficies e hipermercados en Colombia, cuestionado recientemente por sus altos precios en los productos básicos, es tan sólo un ejemplo de su falta de responsabilidad con todos los Stakeholders (partícipes de la organización).

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Hace unas semanas asistimos a la discusión entre el ministro de agricultura Aurelio Iragorry, el empresario Carlos Mario Giraldo, presidente del Grupo Éxito y el presidente de Fenalco Guillermo Botero, frente a las razones del incremento a la inflación en el mes de enero, que fue del 1,29%, atribuido en gran parte al precio de los alimentos, especialmente de frutas y hortalizas que subieron un 6%. Mientras los campesinos afirman que están vendiendo sus productos por debajo del costo, con lo cual no sería justificada un alza tan importante, el Ministro dice que los hipermercados son los responsables de estas alzas y el presidente del Grupo Éxito afirma que la responsabilidad no es de ellos porque están recibiendo una rentabilidad baja que apenas alcanza un 2% sobre ventas.

Esta situación demuestra la inequidad existente entre los diferentes partícipes del sector de la agroindustria, agravada por factores como el incremento en el precio de los insumos que en su mayoría son importados, la dificultad  que tienen los campesinos para sacar sus productos de las regiones teniendo que negociarlos por debajo de su valor, mientras las grandes cadenas siguen la misma cultura de la famosa tienda estadounidense Walmart, claro ejemplo del capitalismo salvaje en el que el objetivo es exprimir al proveedor todo lo que pueda para tratar de llevarle precios bajos a los clientes, que en el caso de las tiendas colombianas ni siquiera se está dando. Argumentan que tratan de mantener  un precio justo con sus proveedores, pero que los productos importados llegan a un alto costo, lo cierto es que no se responsabilizan de nada sino que transfieren al cliente las consecuencias de la devaluación del peso y la inflación.

Llegó la hora de que cada uno de los partícipes haga lo que tiene que hacer. El Estado debe controlar el precio del dólar, que sin duda está desbocado, interviniendo el mercado para tratar de regular su precio y facilitar los procesos de exportación para que lleguen más dólares. Por su parte el empresario está en todo el derecho de crear riqueza, pero no sólo para el accionista, es necesario desarrollar a los proveedores, creando mecanismos para mejorar sus márgenes de negociación, también para poder ofrecer precios justos a sus clientes sacrificando un poco las ganancias.

El Estado tampoco puede lavarse las manos como si los problemas de los diferentes sectores de la economía y del empresariado en general no fueran un asunto de Estado. Lo que les está pasando a los campesinos es su responsabilidad, no ha logrado diseñar políticas agrarias apropiadas, se le ocurrió pensar que si cada campesino era dueño de un pedacito de tierra, allí podía sembrar y tener su cosecha, en vez de desarrollar todo un sistema agrario tecnificado en el cual se agremiara a los campesinos para cultivar grandes extensiones de tierra como se hace en Estados Unidos para que unidos tuvieran poder de negociación frente a los hipermercados. En las actuales circunstancias los campesinos no tienen ninguna opción de desarrollarse, es una verdadera pobreza de mente la que ha demostrado el Estado en el tema agrario.

Para cerrar el ejemplo de la falta de equilibrio entre los stakeholders del sector agroindustrial, está claro que los grandes perjudicados son los campesinos, los proveedores y los clientes, mientras el Estado se lava las manos en el problema y a los dueños de las grandes superficies lo único que les interesa es no perder utilidades con lo cual le transfieren el problema a todos los demás integrantes.  

Sin duda el modelo montado por los hipermercados en Colombia es semejante al del empresario estadounidense Sam Walton, quien en los años 70 fundó las tiendas por departamento Walmart, en las cuales el objetivo era darle a las familias de clase media americana el precio más bajo del mercado en productos de consumo masivo. Un propósito muy genuino, loable, porque había muchos productos costosos.   

Sin embargo para lograr el precio más bajo, sacrificó a los proveedores hasta el punto de llevar a la quiebra a muchos que fueron víctimas de este capitalismo salvaje en el cual para darle a uno, hay que quitarle al otro. Esto es lo que pasa en Colombia con el Grupo Éxito o en Argentina con el Grupo Disco en los cuales el proveedor debe poner la estantería sin costo para ellos, devuelven los productos con imperfectos por mínimos que sean, pagan dos o tres meses después de recibido el producto etc.

A otro de sus stakeholders, los empleados, Walmart les paga el mínimo reglamentario, se les hace trabajar mucho, incluso se contratan inmigrantes para poderles pagar por debajo del salario mínimo, con lo cual el dinero es muy escaso para todos menos para el accionista, a quien siempre se le asegura que tener acciones en este grupo es una excelente inversión. En Walmart han existido muchos escándalos por evasión de impuestos con lo cual en el stakeholder Estado, también ha habido repercusiones.

Frente a los competidores lo que se intenta en este modelo económico es acabarlos, por lo que es muy posible que se practique el espionaje industrial, cuando no hay competencia la idea es subir el precio todo lo que se pueda. Frente al medio ambiente, tampoco hay mayor responsabilidad, la filosofía es “tráigame productos baratos y me tiene sin cuidado saber cómo se producen”. Tampoco fue una prioridad. Ese en el modelo reinante, en el cual se hace ver que lo importante es sólo un stakeholder: el cliente.

Esto es lo que yo llamo un modelo absolutamente reduccionista en el cual me pregunto ¿De qué sirve vender productos baratos si se está acabando con todo: con el medio ambiente, con los proveedores, con los empleados?  

Por sólo poner un ejemplo, el principal problema de los americanos es la obesidad como consecuencia de consumir productos baratos de grandes cadenas que tienen utilidades millonarias. Como respuesta a este modelo en Colombia surge hace algunos años Surtifruver, una compañía creada por campesinos que ante su escaso poder de negociación con estas grandes superficies y que en su mayoría sufrieron las consecuencias de vender por debajo del costo sus productos, trata de reivindicar a los campesinos montando su propio canal de distribución. Empezaron comprando frutas y verduras de la mejor calidad a un precio justo a campesinos pagándola de contado. El cliente va a esos sitios y obtiene calidad y buena atención, con lo cual empieza a surgir la importancia del proveedor. Ya son importantes dos stakeholders, el cliente y el proveedor, sin embargo el modelo completo aún no funciona pues buena parte de los empleados son temporales, hay mucha rotación, en fin el modelo no está completo.

Tal y como lo estableció John Mackey, padre del capitalismo consciente, no importa tener una compañía buena hasta no integrar a todos los stakeholders. Dependo de mis clientes, pero al mismo tiempo dependo de que me vendan un producto de calidad para los clientes, pero mi proveedor depende de que haya un buen medio ambiente para las materias primas, pero al mismo tiempo el Estado tiene que facilitar ese desarrollo del medio ambiente, con unas buenas políticas para los  empresarios y para los empleados, para que se sientan felices en su trabajo. Al mismo tiempo dependo de unos accionistas que estén contentos para que reinviertan su dinero en la compañía y de unos competidores que me auto oxigenen para hacer mejor mi trabajo.

Por tanto, señores empresarios: es una absoluta torpeza pensar que hay un stakeholder más importante que otro porque todos estamos interrelacionados. Tendrá que llegar el día en que el sistema de compensación cambie de una bonificación de utilidades a una bonificación por responsabilidades.

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