Opinión

  • | 2016/08/01 00:01

    La nueva Unión Europea

    El futuro de la Unión Europea (UE) depende de cómo se reinventa respetando diferencias que ya no pueden ignorarse.

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El fin de la Guerra Fría distrajo al planeta por unos años con la ilusión de que el fin de las radicales diferencias entre el liberalismo capitalista y el comunismo de la Unión Soviética llevaría a un período de paz mundial sin amenaza nuclear, sin bloques que alinearan a las naciones y una oportunidad de que ideologías de centro fueran tenidas en cuenta sin temor de ser estigmatizadas por ningún extremo.

La UE cumplió su papel de balancear el permanente discurso de rivalidad bélica y atómica y con la caída del muro de Berlín naciones antes oprimidas por décadas, recuperaron su autonomía política y económica. Pasó la época en que dictadores de toda índole apoyados por uno u otro bloque se mantenían a cualquier costo con tal de tener una ficha más en el tablero.

La comunidad europea pasó entonces a ser un motor de desarrollo económico que exigió a sus miembros condiciones equivalentes de desarrollo social e infraestructura para crear un mercado común en el que pudieran participar en igualdad de condiciones. La unión tuvo entonces una justificación ya no meramente política sino económica que significó una prosperidad importante no solo para sus miembros fundadores sino para algunos de sus vecinos del anterior bloque soviético que ingresaron posteriormente.

Sin embargo, el tiempo ha demostrado que a pesar de dicha prosperidad, la unión de pueblos de culturas ancestralmente diversas y regímenes con éticas políticas tan variadas, no puede tener permanencia si no existen prioridades comunes como sociedades.

Y son las crisis económicas las que resaltan las diferencias de prioridades, como es el caso de la visión diversa que existe entre los países europeos sobre el acceso de inmigrantes o la intervención militar el Siria e Irak contra el Estado Islámico, cuando cada país tiene sus propios problemas económicos luego de la crisis financiera de los últimos años.

Además, muchos de los votantes son jóvenes menores de cuarenta años que desconocen el origen de la unión pues no vivieron los hechos que la justificaron. No existe uniformidad sobre la necesidad de una unión europea como existía hace cuarenta años. Cada país mira las cosas desde su propio interés y existe cada vez menos deseo de asumir esfuerzos para mantener una unión que solo tiene sentido en la medida que el electorado entiende como natural la libre movilidad de bienes y personas.

De otro lado, los políticos de cada país quieren mayor libertad para gobernar y entienden que resaltar los nacionalismos les permitirá controlar el electorado a su antojo aprovechando pretextos que existen alrededor de la inmigración y el terrorismo.

Es el caldo de cultivo perfecto para la desunión. Sin embargo, la realidad es que la unión es más importante hoy que nunca pues lamentablemente la amenaza del Estado Islámico podrá afectar a toda Europa y solo un esfuerzo conjunto permitirá sobrellevarla hasta una solución estable. De otro lado, a los Estados Unidos le conviene más que nunca una Europa unida para lidiar contundentemente la amenaza que significa el poderío militar de China, o la inestabilidad de Rusia, sirviendo de arbitro que balancee nuevamente intereses tan diversos.

Para que la unión se mantenga, sin embargo, deberán superarse argumentos como que la corrupción o la indisciplina fiscal de ciertas naciones afectan a los demás países; que no pueden ser uno o dos países los que imponga la austeridad por imponer cargas económicas sobre sus propios nacionales para subsidiar a otros gobiernos; o porqué es necesario que se impongan cuotas de refugiados a países que poco o nada tienen que ver con el conflicto del medio oriente.

Frente a dichos argumentos deberá resaltarse el hecho de que la unión ha sido la herramienta para superar los errores del pasado que enfrentaron a sus naciones, que ha logrado una paz estable entre ellas y ha servido como modelo de desarrollo para el resto del planeta. Si dos guerras mundiales y el estado actual del desarrollo social no son suficiente argumento, es difícil ver otro más poderoso.

Lo lamentable es que si el asunto queda en manos de los políticos, será la ignorancia la que determine el futuro de la Unión Europea. Esperemos sea superada por la razón.

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