Opinión

  • | 2016/03/10 00:01

    La maldición de los bolsillos rotos

    Es triste que la opinión pública se pierda en la discusión sobre ¿quién define los umbrales de pobreza?, ¿quién puede sobrevivir con $223.638 al mes? o ¿dónde hace mercado el Dane?; mientras que 13 millones de personas tienen ingresos por debajo de este umbral. Esa es la verdadera tragedia.

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Siempre me ha gustado trabajar con cifras por muchas razones, pero la que más me atrae es que  ponen las cosas en perspectiva; los números no tienen opinión, no tienen partido político, religión o sexo; son exactos y a veces crudos, tal vez por eso se dice que “los números nunca mienten”.

A la hora de hablar de pobreza en Colombia muchos nos escandalizamos con las cifras, nos enfurecemos en las redes sociales y atacamos sin clemencia a cuanta institución oficial se nos atraviese por la mente, especialmente si es la encargada de calcular las estadísticas.

Es natural sentir frustración al leer que si una persona en Colombia gana más de$223.638 mensuales ya no es considerada como pobre, la cifra es aún más perturbadora si vemos que en las áreas rurales una persona sale de la pobreza si gana más de $147.752. Para completar el panorama existe otra medición llamada la línea de pobreza extrema, es decir, un nivel de ingreso que solo les permite a las personas alimentarse; este nivel es de $102.109.

Es triste que la opinión pública se pierda en la discusión sobre ¿quién define estos umbrales?, ¿quién puede sobrevivir con $223.638 al mes? o ¿dónde hace mercado el Dane?; mientras que 13 millones de personas tienen ingresos por debajo de este umbral; esa es la verdadera tragedia.

No todo es malo al observar las cifras de pobreza en Colombia, hace 10 años el 45% de la población  entraba en este trágico umbral, hoy en día el 27,8% de los colombianos tienen la mala fortuna de pertenecer a este grupo. La tendencia ha sido positiva, pero la abrumadora verdad es que queda mucho por hacer.

La clave: educación

Como se puede observar en la tabla, existe una relación inversa entre el nivel educativo y la incidencia de la pobreza, de esta manera solo el 5% de las familias con estudios de universidad o posgrado clasifican como pobres mientras que el 38% de aquellas que no llegan a educación secundaria están por debajo de la línea de pobreza. Es en este punto donde nos golpea la inexorable realidad; negarle el acceso a la educación a un ciudadano es condenarlo a la pobreza o mejor dicho tiene un 38% de probabilidad de ser pobre.

Obviamente muchos pueden pensar en la corrupción como la principal causa de la pobreza en Colombia, todos esos recursos dilapidados en contratos que nunca se cumplen o que de cumplirse no cuentan con los estándares mínimos de calidad, todas esas escuelas y colegios que quedan a medio terminar, niños recibiendo clases debajo de una carpa, etc. La corrupción puede ser la madre de todos los males en Colombia, pero es solo la mitad del problema; desafortunadamente la otra mitad son aquellos ciudadanos “de bien” que evaden impuestos, los que no denuncian los robos al estado, los que le pasan el billete de 50.000 al policía de tránsito, los que en épocas electorales cambian un plato de comida por cuatro años de miseria.

 

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