Opinión

  • | 2016/04/21 00:01

    La historia de We Work y la revolución del mercado de oficinas

    Empezamos a migrar del famoso “trabajo en la casa” como mecanismo de atracción y flexibilización del trabajo, a escenarios en donde la interacción con profesionales ajenos a nuestra industria, pareciera que a veces enriquecen más nuestro oficio que los propios compañeros de oficina.

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“La mejor manera de predecir el futuro es creándolo” – Peter Drucker

No todos los grandes emprendimientos de esta nueva generación son tecnológicos. Lo que sí tienen en común es que, apalancados en la tecnología, han sabido leer los gustos y necesidades de consumidores y profesionales que están cambiando sus hábitos de trabajo y consumo rápidamente, y empiezan a abrazar nuevas ofertas de valor con entusiasmo.

Es el caso de We Work, pionero de una nueva forma de trabajar que ya cuenta con adeptos en todas partes del mundo: trabajo colaborativo en espacios compartidos de renta temporal.

El modelo de negocio parece sencillo: Espacios amplios en edificios bien ubicados (no necesariamente los más elegantes) a los que We Work dota de última tecnología en comunicaciones; espacios comunes para renta temporal en diferentes partes de la ciudad; recepción compartida, café e impresora es gratis, y un generoso happy hour que promueve la interacción diaria que permite a estos jóvenes emprendedores y profesionales compartir sus ideas y contratar servicios.

El racional detrás de We Work, no muy lejano al de otros emprendimientos inmobiliarios probadamente exitosos como airbnb en “hotelería”, es que hay un mercado creciente de gente y de empresas que encuentra poco valor en tener que ir todos los días, a la misma hora (generalmente hora pico) para trasladarse muy comúnmente a la otra esquina de la ciudad a encerrarse en una costosa oficina. Se rompe por supuesto el paradigma del control de llegada y salida, liberando el manejo del tiempo y dando confianza a una población que como la de los millennials demanda autonomía, exige confianza, quiere ser medida por productividad y está acostumbrada a comunicarse y trabajar en equipo no importa donde se encuentre.

WeWork es el líder, por el momento, de este creciente movimiento de espacio compartido. Se calcula que ya hoy hay cerca de  5.900 operaciones de oficina compartida a nivel mundial, en comparación con los 300 de hace cinco años. Más de 260.000 personas están utilizando el concepto, crecimiento exponencial frente a los 10.000 de entonces con nichos interesantes como Grind para profesionales maduros o Hera Hub que atiende mujeres empresarias.

Moda o tendencia, lo interesante de We Work, -que este año llegará a los US$500MM de ingresos y a una valoración de US$6 Billones que convierte a Neumann y Mckelvey en nuevos billonarios-, es que han captado la atención de los viejos zorros de la industria  que están apostando por esta nueva forma de trabajar que sin duda cambiará el mercado mundial de oficinas.

Lo curioso del concepto, que nació como una solución dirigida a emprendedores de la generación Y, es que empresas tradicionales y de ladrillo han empezado a considerar esta como una opción, en principio complementaria, pero real para una parte de su población. Ya PepsiCo, Ace, J Crew y Red Bull para mencionar algunas vienen ensayando el modelo usando varias  de las locaciones de We Work  con muchísimo éxito.

Hay revoluciones silenciosas que nacen de romper paradigmas  y que al poco tiempo no sólo se convierten en un gran negocio sino que además transforman modelos culturales. Por años el mundo corporativo ha entregado a Recursos Humanos la responsabilidad de construir, alrededor de locaciones costosas, espacios que seduzcan a una población laboral cada vez más exigente. Millones invertidos en competir o copiar los divertidos e incluyentes diseños de Google, Facebook, o Ted por mencionar sólo algunos de los más famosos.

We Work pareciera estar probando que de la mano de la tecnología, pero sobre todo de las nuevas costumbres y gustos de consumo de los espacios de oficina, ya no es necesario diseñar estos espacios al interior de nuestras organizaciones. Empezamos a migrar del famoso “trabajo en la casa” como mecanismo de atracción y flexibilización del trabajo, a escenarios en donde la interacción con profesionales ajenos a nuestra industria, pareciera que a veces enriquecen más nuestro oficio que los propios compañeros de oficina.

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