Opinión

  • | 2017/11/14 00:01

    La gran purga de Arabia Saudita

    El 2017 ha sido un año de consolidación del poder en Asia. Shinzo Abe ha sido reelegido presidente en Japón, Xi Jinping consolidó su liderazgo en congreso XIX del partido comunista en China y en Arabia Saudita Mohammed Bin Salman ha iniciado un proceso de purgas con el fin de concentrar su hegemonía.

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La  gran purga

El pasado sábado, 4 de noviembre, el príncipe de la corona de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (MBS), realizó el siguiente movimiento hacia la radicalización de la autocracia. Decenas de príncipes de la familia real y algunos funcionarios del gobierno fueron destituidos y encarcelados por orden del comité anticorrupción del reino después de tres años de investigación, según afirman las autoridades.

De los detenidos se tiene conocimiento de figuras importantes dentro de la familia real y de la tecnocracia, como dos hijos del anterior rey, Mutaib bin Abdullah y Turki bin Abdullah, un inversionista internacional multimillonario pro-cambio del régimen, Al Waleed bin Talal, y el ministro de Economía y Planeación, Adel Fakieh. Este suceso resulta crucial porque ha sido el último de los varios movimientos por parte de MBS para concentrar el poder del Reino.

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El Reino de Arabia Saudita, tal como se conoce hoy en día, fue fundado en 1932 por Abdulaziz Al Saud luego de varios siglos de lucha por establecer un control extenso de la península arábiga por parte de la familia Saud, de tradición sunita. Eventualmente, seis años más tarde encontraron grandes reservas de petróleo en cantidades industriales en la provincia oriental cerca de Qatar. Desde entonces, y a pesar de los ciclos del precio del petróleo, esta materia prima les ha dado el provecho para sostener en el tiempo el régimen político de monarquía absoluta.

Los clanes y la estructura de poder

Abdulaziz, más conocido en el mundo occidental como Ibn Saud, tuvo alrededor de 37 hijos de matrimonios que estableció con hijas de familias tradicionales de la región para establecer el poder en la sangre Al Saud.

Desde entonces los clanes se han estado alternando el gobierno del reino, lo cual no evita que haya conflicto de intereses entre ellos por la detención del poder. En términos reducidos, los dos grandes grupos de interés dentro de la familia real han sido los Sudairi y el resto de los Al Saud. Los Sudairi son los hijos de Abdulaziz con Hussa Al Sudairi y han estado históricamente en los cargos públicos más importantes del Reino, como el actual rey Salman bin Abdulaziz.

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A pesar de eso, a grandes rasgos, la historia de la sucesión ha sido estable y sin mayor resolución violenta. Abdulaziz fue reemplazado por su hijo mayor y, desde entonces, le va continuando el siguiente hermano mayor y más capacitado.

Ahora bien, en el 2006 el anterior rey, Abdullah bin Abdulaziz, de los no Sudairi, estableció un comité, denominado Consejo de Lealtad, conformado por toda la descendencia que de una u otra forma no ha estado involucrada en el gobierno y que es responsable de determinar el Príncipe de Corona y aprobar la sucesión del trono saudí, democratizando de esta manera la sucesión dentro de la familia real.

La estrategia de Salman

Sin embargo, este mecanismo institucional terminó siendo aprovechado también por el actual rey Salman para jugar el poder político a su favor. Salman fue seleccionado como Príncipe de Corona en el 2012, luego de haber sido ministro de defensa y haber estado por más de 50 años en la gobernación de la región de la capital, Riyadh. El Consejo de Lealtad lo seleccionó en dicho puesto luego de que los dos Príncipe de Corona anteriores habían consecutivamente fallecido. 

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A principios de 2015 Salman subió al poder luego de que Abdullah muriera de forma natural. En ese entonces, el Consejo de Lealtad había escogido a Muqrin bin Abdulaziz como Príncipe de Corona, uno de los hijos del fundador que tuvo con una yemení, país con el que Arabia Saudita ha tenido diferencias.

Meses después Muqrin fue destituido y en cambio Muhammad bin Nayef (MBN), un sobrino del rey y ministro de interior, tomó su lugar. Lo particular en esta elección fue que por primera vez en la historia del Reino un miembro de la segunda generación se enlistaba en el camino del trono y, además, el hijo del Rey, Mohammad bin Salman (MBS) fue seleccionado como Vice-Príncipe de Corona. Si algo le impedía a MBN seguir con la sucesión, entonces MBS tomaría su lugar.

En efecto, a finales de junio de este año MBN lo destituyeron de su título por razones médicas. Un allegado a la familia afirma que MBN a sus 59 años presentaba problemas con las drogas, presuntamente por un atentado que le hicieron en el 2009. 

El título de Príncipe de Corona le siguió directamente a MBS. Desde entonces ha intentado centralizar el poder político a favor de él y del Rey, su papá, con el fin de ejecutar eficazmente el programa Saudi Visión 2030, con el que se intenta que la economía se diversifique y dependa no únicamente en el petróleo sino en una nación con trabajo capacitado y oferta diversa de servicios.

Además de llegar a ser la segunda figura más importante del gobierno, MBS ha intentado centralizar el poder militar y ejecutivo, al pasar algunos departamentos de defensa de la Familia Real y del Ministerio del Interior a su control.

Mutaib bin Abdullah, hijo del anterior rey y hasta el sábado pasado ministro de la Guardia Nacional, era uno de los principales rivales políticos de MBS. Al Waleed bin Talal, por otro lado, es un multimillonario inversionista hijo de Talal bin Abdulaziz, uno de los hijos del fundador que en los 60’s fue parte de un movimiento dentro de la familia real que buscaba una reforma liberal del gobierno saudita. Ambos personajes y otras figuras importantes del gobierno del Reino y del empresariado  fueron arrestados.

En nuestra próxima columna explicaremos cuales son los potenciales conflictos que pueden surgir en la región como consecuencia de esta gran purga. También discutiremos los diferentes escenarios del precio del petróleo de acuerdo a esta nueva realidad geopolítica.

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