Opinión

  • | 2017/07/27 00:01

    La empresa neurótica

    Dice el adagio que el “pez se pudre desde la cabeza”. La próxima vez que analicen los problemas y “traumas” de su organización, o exalten sus cualidades, simplemente miren a su CEO en un espejo.

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Ron Miller llego a ser CEO de Disney en 1983 habiendo ingresado a la empresa en el 78 después de una corta carrera en la milicia y el futbol americano. Sus detractores relacionan su nominación al hecho de que Miller era el yerno de Disney. Fue derrocado en el 84 por una Junta que impuso a Michael Eisner quien duró más de dos décadas en la empresa. Tristemente para Miller, dejó fama por sus rabietas y un temperamento volcánico que inhibía a su equipo a formularle nuevos proyectos. Fue una etapa de poca creatividad y malos resultados para el gigante del entretenimiento.

En un reciente estudio de la Universidad de Stanford adelantado por los profesores O´Reilly y sus colegas, encontraron que en general, la cultura organizacional, tiende a reflejar la personalidad de su líder teniendo un impacto directo en sus resultados.

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Los autores recogieron información de más de 1.000 empresas del sector tecnológico, quienes contestaron más de 54 preguntas relativas a su cultura y estilo de su CEO, y cruzaron esta información por más de tres años con otras cinco dimensiones: ingresos, valor de mercado, ranking reputacional, calificación de sus empleados en portales como Glassdoor y recomendaciones de analistas acerca de si comprar o vender su acción.

Los resultados del estudio fueron concluyentes soportando la teoría de que la cultura organizacional, el comportamiento de la empresa y la personalidad del líder están íntimamente ligadas. Los autores muestran cómo por ejemplo, en aquellas empresas en donde el CEO despliega una personalidad más abierta (curiosa, abierta a las ideas y creativa) su cultura es más adaptable a los movimientos y cambios del mercado, dispuesta a tomar riesgos e inclinada a experimentar; de la misma manera los CEO concienzudos, disciplinados y muy trabajadores, presidieron organizaciones con culturas analíticas que valoran la atención al detalle y la eficiencia.

Los líderes determinan el tono de la organización, y su personalidad determina de alguna manera la estructura, la estrategia y la cultura, dejando para bien o para mal, una serie de hábitos que muchas veces son bien difíciles de erradicar incluso habiéndose ido el causante del daño.

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El modelo de los cinco factores, es una herramienta psicológica utilizada para discernir los efectos de la personalidad. En el 2003 el “Journal of Applied Psychology” examinó los cinco factores concluyendo que la personalidad del líder tiene un efecto claro sobre su equipo inmediato de trabajo que como cascada derrama a su vez en toda la organización los efectos, determinando de esta manera la cultura de la empresa.

Los factores son:

  • Escrupulosidad: Los CEOs identificados como dependientes, responsables y que valoran las estructuras formales son asociados con equipos que le otorgan valor al legalismo y un sentido de control sobre sus ambientes.
  • Neuroticismo: Los CEOs rotulados de ansiosos, compulsivos, defensivos y susceptibles, terminan con equipos fraccionados que despliegan liderazgos débiles e inflexibles.
  • Amabilidad: Los CEOs que practican calidez, confianza y promueven la cooperación tienen equipos cohesivos que promueven la descentralización del poder.
  • Extraversión: Los líderes dominantes, gregarios y con sistemas fuertes de comunicación, engendran equipos con los mismos rasgos.
  • Apertura: Los CEOs que premian rasgos de equipos que son intelectualmente flexibles, son bendecidos con equipos que valoran tomar riesgos y pensar por fuera de la caja.

El factor dominante de Goizueta, el líder de Coca Cola de los 80 fue el de Apertura. Presidió el lanzamiento de “New Coke” y su retiro del mercado. Su predecesor, Paul Austin, con rasgos muy bajos en “Amabilidad”, manejó un ambiente de alta tensión propenso a la estricta adherencia a los procedimientos operativos, que dejó a la empresa enferma para enfrentar el cambiante escenario de los 60 y 70.

Dice el adagio que el “pez se pudre desde la cabeza”. La próxima vez que analicen los problemas y “traumas” de su organización, o exalten sus cualidades, simplemente miren a su CEO en un espejo. Puede ser también esta la razón por la cual nuestro país no supera sus traumas. Seguimos recreando liderazgos trasnochados, intolerantes, corruptos, mesiánicos y neuróticos que hacen que este país ¡se parezca a un manicomio!

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