Opinión

  • | 2017/03/01 00:01

    La demagogia de Trump frente al empleo

    El problema con la menor cantidad de empleos de la industria manufacturera en EE.UU. tiene que ver con asuntos como la escasez de trabajadores calificados o la mayor especialización de la industria hacia sectores más intensivos en el uso de tecnología (automatización).

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Un asunto central en la campaña de Donald Trump para alcanzar la presidencia fue la pérdida de trabajos en la industria manufacturera y su promesa de recuperarlos. Este aspecto es el gran soporte del discurso nacionalista y proteccionista que ha estado presente no solo en la campaña sino en las primeras semanas como presidente y alrededor del cual giran las críticas y amenazas sobre asuntos comerciales hacia México y China.

Sin embargo, el fenómeno de pérdida de trabajos en el sector de manufactura no es una situación exclusiva de EE.UU. ni está asociado a un proceso de desindutrialización. El problema con la menor cantidad de empleos de la industria manufacturera en EE.UU. tiene que ver con asuntos como la escasez de trabajadores calificados o la mayor especialización de la industria hacia sectores más intensivos en el uso de tecnología (automatización).

Según un reciente reporte de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, la participación del empleo manufacturero sobre el empleo total a nivel global decreció de 14,4% en 1991 a 11,5% en 2014, mientras que el número de trabajadores de las economías industrializadas en conjunto cayó de 91 a 63 millones y pasó de representar el 21,8% al 13,2% del empleo total en estos países, durante este mismo periodo. EE.UU. no ha sido la excepción.

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Un documento publicado este año por el Congressional Research Service (CRS), explica que luego de la caída en la participación de EE.UU. en la actividad manufacturera global entre 2002 y 2011 de 28% a 16,5%, en años recientes dicho indicador se ha recuperado hacia niveles de 18,6%; aunque China, como ha sido la característica desde 2010, supera en el ranking de valor de producción manufacturera al país del norte (3 vs. 2,2 trillones de dólares). Lo que si llama la atención es que la producción de este sector crece más lentamente en EE.UU. que en países como China, Corea del Sur, Alemania y México.

Según la National Association of Manufacturers (NAM), la producción del sector manufacturero equivale al 12,1% del PIB (con cifras a 2015), comparable al tamaño de la novena economía del mundo, mientras que genera 12,3 millones de empleos, correspondiente al 9% de la fuerza laboral del país. Así mismo, en los últimos 25 años las exportaciones de productos manufacturados en EE.UU. se han cuadruplicado (2014 año record), destacándose el superávit comercial con los socios comerciales con los cuales EE.UU. tiene tratados comerciales, mientras que con los demás socios comerciales se registró déficit comercial.

En perspectiva, esta misma entidad estima una necesidad de 3,5 millones de empleos en el sector durante la próxima década pero cerca de 2 millones podrían quedarse vacíos por la brecha de calificación (habilidades requeridas para trabajar), al tiempo que 80% de los productores manufactureros reportan un déficit de solicitantes calificados para las posiciones de mayor especialización.

Según el estudio del CRS, la reducida demanda de trabajo está directamente relacionada con la mejora en la productividad laboral del sector manufacturero, puesto que el producto por trabajador creció 47% entre 2002 y 2015, siendo un muy superior al observado en Canadá y alguna de las mayores economías de Europa y cerca al ritmo de Japón. Esta situación está asociada a tres factores: grandes inversiones en automatización, rápido incremento en los niveles educativos de los trabajadores y rápido crecimiento de sectores en los cuales la productividad laboral es bastante alta (instrumentos electrónicos o aviación).

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De todas formas, parte de la mejora en la productividad manufacturera en EE.UU. refleja el descenso de la producción en subsectores de baja productividad puesto que muchos productores movieron su fábricas al exterior o contrataron proveedores extranjeros. Sobre este punto en particular se ha centrado el discurso del presidente Trump, pero como se puede deducir no es central en la situación actual de la industria fabril americana.

El índice de desempeño de competitividad industrial calculado por la ONU ubica a EEUU en el cuarto lugar del ranking que es liderado por Alemania (Colombia ocupa el lugar 68 entre 141 países), mientras que según el índice manufacturero de competitividad global calculado por Deloitte, EE.UU. ocupa el segundo lugar detrás de China (Colombia ocupa el lugar 36 de 40 países que son incluidos en la encuesta) pero proyecta que recupere el primer lugar en el año 2020.

Precisamente la preocupación de los empresarios del sector manufacturero por mantener altos niveles de productividad y así garantizar mantener el liderazgo global, implica enfocar la política laboral en mayores inversiones en educación y entrenamiento de la fuerza laboral futura más que atraer nuevamente a las fábricas de sectores con baja productividad hacia un país que se encuentra cerca del pleno empleo (desempleo en 4,8%) y que, muy probablemente, redundaría en presionar los costos laborales, pero no en mejorar la competitividad.

Al respecto, un análisis de la Ocde sobre el estado del mercado laboral norteamericano, publicado recientemente, muestra débiles capacidades básicas en la población adulta. Los adultos en EE.UU. tienen iguales o menores habilidad de lectura y escritura que sus similares a mediados de los noventa, mientras que las habilidades de los adultos jóvenes no difieren mucho de los mayores. Así mismo, uno de cada tres adultos obtiene resultados por debajo del nivel dos en habilidades matemáticas, frente al promedio de uno de cada cinco en los países de la Ocde.

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