Revista Dinero

Marcel Hofstetter, Profesor de Economía de la Universidad de La Sabana.

| 7/15/2013 9:00:00 AM

La compleja telaraña entre la economía y la política

Para consolidar el potencial del país se requiere realizar buenas prácticas en política y una transparente y eficiente gestión de la economía, un anhelo quimérico que seguramente pisa muchos callos pero que conduce al bienestar social. Opinión de Marcel Hofstetter.*

por Marcel Hofstetter

Conseguir este aparente simple ideal y consolidarlo en el tiempo es una tarea digna de titanes –no de políticos– debido a que se tiene que enfrentar mezquindades individuales que prefieren el interés privado sobre el colectivo, modificar las expectativas de los agentes económicos y sobreponerse a incentivos perversos producto del ping-pong entre la economía y la política.

La frontera entre los objetivos públicos y privados se puede volver difusa, hasta el punto de favorecer a los grupos de presión en contra de la correcta administración de los bienes públicos. El carrusel de la contratación en Bogotá y el consecuente descalabro del llamado Grupo Nule es el mejor ejemplo e ilustra las consecuencias de gobernar en pro de los intereses particulares. Esto conlleva resultados funestos que rezagan el progreso, disminuyen la productividad e impiden el logro del bienestar colectivo.

Los incentivos perversos se originan en estadios de expansión económica, en el cual el gobernante se ve rodeado de una euforia que lo pueden inducir a tomar medidas de mala política. España es otro ejemplo perfecto y muy reciente que prueba esta dinámica.

Después de haber experimentado un crecimiento económico sostenido, los gobernantes asumieron que iban a tener un recaudo de impuestos creciente, que les iba a permitir financiar un gasto público en el que proliferaban la construcción de obras faraónicas que no eran sostenibles en el tiempo. Aeropuertos sin aviones, líneas férreas sin la demanda suficiente para mantener la operación y numerosos casos de corrupción representan las ruinas de lo que fue un ejemplo de convergencia europea y de manejo prudencial.

Colombia no se queda atrás. Actualmente enfrenta un entorno político y económico convulsionado marcado por la incertidumbre. A nivel económico, a pesar de mantener una tasa de crecimiento positiva, son varios los sectores productivos en dificultades, que han resultado en varias marchas con manifestaciones violentas. Ni hablar del paro cafetero que se avecina.

A nivel político, la incertidumbre reina por el proceso de paz y en la falta de claridad sobre la posible reelección del Presidente Santos. A pesar de los avances en la mesa de negociación en La Habana, el país sigue siendo escéptico, e incluso poco abierto a la posibilidad de un acuerdo de paz con las Farc. Esto sugiere que la política alrededor de la paz no ha sido la adecuada y no ha logrado modificar las expectativas que permitan consolidar un gran acuerdo nacional.

Esta mala gestión induce a que los agentes económicos pospongan decisiones de inversión, ralentizando el crecimiento económico. Tal vez esta es la respuesta de por qué la economía colombiana se estancó en el último tiempo.

Solo me pregunto: ¿Se habrá convertido también la paz en un incentivo perverso?


* Profesor de Economía de la Universidad de La Sabana

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