Opinión

  • | 2015/04/27 10:30

    La arremetida final para acabar con la pobreza extrema

    El año 2015 es el más importante para el desarrollo mundial en los últimos tiempos. En julio, los líderes mundiales se reunirán en Addis Abeba para discutir cómo financiar las prioridades de desarrollo en los próximos años.

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En septiembre, los Jefes de Estado se reúnen en las Naciones Unidas para establecer los objetivos de desarrollo sostenible, un conjunto de metas y objetivos para 2030. Y en diciembre, los países volverán a reunirse en París para elaborar un acuerdo sobre el cambio climático.

Este año también ha surgido un nuevo actor importante en el ámbito del desarrollo: el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, encabezado por China, al que se han adherido como miembros más de 50 países y regiones. Con normas ambientales, laborales y de adquisiciones adecuadas, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura —y el nuevo banco de desarrollo establecido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— pueden convertirse en nuevas fuerzas importantes en el desarrollo económico de los países pobres y los mercados emergentes.

Esperamos que estas nuevas instituciones se unan a los bancos multilaterales de desarrollo de todo el mundo y a nuestros asociados del sector privado en la misión común de promover un crecimiento económico que ayude a los más pobres. Las decisiones que adoptemos este año y las alianzas que formemos en los años venideros ayudarán a determinar si tendremos oportunidad de poner fin a la pobreza extrema antes de fines de 2030, el objetivo central del Grupo Banco Mundial.

Lo positivo es que en todo el mundo ya se han logrado avances importantes. En los últimos 25 años, hemos pasado de casi 2000 millones de personas que vivían en la pobreza extrema a menos de 1000 millones. Pero eso significa que aún existen casi 1000 millones de personas que subsisten con menos de US$1,25 al día.

Sabemos que es posible poner fin a la pobreza extrema en los próximos 15 años, en parte por lo que hemos logrado en el pasado, y porque los años de experiencia nos han enseñado qué es lo que ha dado resultados, y qué no los ha dado. En consecuencia, nuestras recomendaciones a los Gobiernos han evolucionado a lo largo del tiempo. Nuestra estrategia para poner fin a la pobreza extrema puede resumirse en tan solo tres palabras: crecer, invertir y asegurar.

Primero, la economía mundial debe crecer más aceleradamente y de manera más sostenible. Debe crecer de modo de asegurar que los pobres reciban una mayor proporción de los beneficios de ese crecimiento. Podremos poner fin a la pobreza extrema solo si marcamos una senda hacia un crecimiento más sólido e inclusivo y sin parangón en los tiempos modernos.

El Grupo Banco Mundial continuará brindando apoyo a los Gobiernos e invirtiendo en una amplia variedad de áreas en la lucha contra la pobreza extrema. Sin embargo, en la mayor parte del mundo en desarrollo, los esfuerzos por acabar con la pobreza extrema exigirán que nos centremos en impulsar la productividad agrícola.

Para ayudar a los agricultores a mejorar sus rendimientos se requiere un mayor acceso a semillas de mejor calidad, al agua, a la electricidad y a los mercados. Según un estudio sobre Bangladesh, seis años después de construidos 3000 km de caminos para conectar las comunidades con los mercados, los ingresos de los hogares aumentaron un 74 % en promedio.

Esa es la parte de la estrategia referida al crecimiento. La segunda parte de la estrategia consiste en invertir, y con esto quiero decir invertir en las personas, en especial, a través de la educación y la salud.

La oportunidad para lograr que los niños comiencen con buen pie en la vida se da solo una vez. Las inversiones destinadas a los niños en sus primeros años generan muchos más beneficios que las que se hacen más tarde. La mala nutrición y las enfermedades pueden tener consecuencias permanentes en la salud mental y física, el nivel educativo y los ingresos que generarán las personas en su vida adulta.

La última parte de la estrategia consiste en asegurar. Esto significa que los Gobiernos deben establecer redes de protección social e instaurar sistemas para resguardar a sus ciudadanos ante desastres y ante la rápida propagación de enfermedades.

La propagación del ébola puso de manifiesto los problemas de los sistemas nacionales e internacionales para prevenir, detectar y responder a los brotes de enfermedades infecciosas. El ébola también nos enseñó que cuando se desata una pandemia, los pobres son quienes probablemente sufrirán más. El Grupo Banco Mundial ha estado trabajando con asociados alrededor de una nueva idea para proporcionar el financiamiento de respuesta rápida que tanto se necesita frente a un brote epidémico, en virtud del cual los países recibirán rápidamente desembolsos que, a su vez, ayudarán a contener la epidemia, salvar vidas y proteger las economías.

Sabemos que poner fin a la pobreza extrema será una tarea extraordinariamente ardua. De hecho, cuanto más nos acerquemos a nuestro objetivo, más difícil será alcanzarlo.

Los Gobiernos de todo el mundo deben aprovechar este momento. Nuestros asociados del sector privado deben intensificar sus esfuerzos. El Grupo Banco Mundial, los bancos multilaterales de desarrollo asociados y nuestros nuevos asociados, todos debemos aprovechar este momento. Debemos trabajar en conjunto con verdadera convicción para que nuestra generación sea recordada como la que puso fin a la pobreza.

Somos la primera generación de la historia de la humanidad que puede acabar con la pobreza extrema. Este es nuestro gran desafío y nuestra gran oportunidad. La arremetida final debe comenzar ya.
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