Opinión

  • | 2016/03/09 00:01

    Juego de tronos

    Asistimos a un escenario de mercado, caracterizado por el ritmo vertiginoso que impone la dictadura del consumidor.

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Hoy cuando el todopoderoso internet y el desarrollo tecnológico avanza a la velocidad de un bite, y todo parece poderse hacer a través de un click, surge la transformación del mercado en fracciones de segundos: productos, canales, precios, mercadeo, etc. de esto no se ha salvado nada, ni nadie, inclusive el televisor.

Cuando llegó la radio a Colombia para convivir con la prensa,  al final de la segunda década del siglo pasado, quizá nadie supuso que 31 años después se viese surgir una competencia tan poderosa como la televisión, que al final de siglo repercutía en la vida de los consumidores colombianos entreteniendo, construyendo identidad, informando y permitiendo poner en imágenes aquello que tan solo sospechábamos cuando escuchábamos el transistor. La radio no desapareció, la imagen llegó quizá como simbiosis a las ondas hertzianas.

Internet llego en los noventas, pero tampoco suponíamos que el salto cuántico que daría el sector comunicaciones iba a transformarnos la forma de ver televisión; lo cual, basalmente resulta interesante; quizá youtube y sus mil millones de usuarios en el mundo o los 17 millones que hoy somos en Colombia, no considerábamos que el espacio dispuesto para ver videos y clips, abriera la puerta a una idea como Netflix que con un modelo de “television on demand” le retira una de las armas más valiosas al canal de televisión cerrada: la parrilla.

Hoy 57,4 millones de personas en América y parte de Europa son suscriptores de este tipo de televisión en donde el consumidor decide qué ver, cuándo verlo, cómo verlo y está dispuesto a pagar por no tener que ver comerciales, o por no sujetar su tiempo al “prime time” para seguir una serie, lo cual sin duda pone en aprietos a toda la industria, que se verá obligada por la dinámica de oferta y demanda,  a hacerse cada vez más atractiva luchando no solo por el rating, sino también por la pauta publicitaria, que al reducirse tendrá que desarrollar un producto de mucho mayor valor, pero de menor costo.

La llegada del producto a la medida en televisión, quizá no signifique la desaparición del medio, así como las transformaciones tecnológicas o culturales, no han significado la desaparición de otros medios; ante lo que sí estamos es una colonización del internet de las cosas en una industria en donde el control no lo tenía el consumidor.

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